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lunes, 7 de febrero de 2011

COMER PARA ESTAR SALUDABLES

MANTENERNOS  BIEN


El primer regalo que recibimos de nuestra Madre Naturaleza es el cuerpo con el que vivimos y con el que podemos buscar y realizar nuestros sueños. Sí, es un tesoro del que hemos de cuidar; del que tenemos la obligación moral de cuidar; ya que, de alguna manera, es más que sólo nuestro, pues es un “patrimonio de la humanidad”.


No lo es todo nuestro físico, ciertamente. Pero ocupa, ha de ocupar una parte importante de nuestro ser. Si nos cuidamos, si nos mantenemos “en estado de salud”, no sólo seremos más felices, sino que estaremos haciendo más grata la vida de todas las personas que nos rodean.

La salud del ser humano, no es la carencia de enfermedades. La salud, diríamos que es un estado de completo bienestar; que incluye el bienestar físico y mental, así como tener bien cubierta nuestra afectividad.

Así, las enfermedades (ya lo decía Hipócrates) no son más que manifestaciones de que algo anda mal, son como crisis de purificación, de eliminación de lo tóxico que nos molesta; son como defensas naturales del cuerpo.

Entrando en materia. Un problema que surge… es el de la obesidad.


La obesidad es un síntoma, un aviso, de que algo no marcha bien. Pero un síntoma, como a otros, que si no se le hace caso, puede convertirse en un grave problema de salud.

Pero la realidad es que, cada día, nos encontramos con más personas obesas.

Pesar demasiado es un mal de nuestro tiempo y de nuestra cultura, y las causas fundamentales son las que ya conocemos: se come más de lo necesario, existe un desequilibrio entre las calorías, que se consumen con los alimentos y las que se queman en el metabolismo y a través del ejercicio físico. El resultado: son los kilos de más.


Las causas:
Las causas por las que comemos más de lo que nuestro organismo necesita, pueden ser muchas y diferentes. Pueden existir causas genéticas; por hábitos dietéticos y costumbres mal adquiridas en el ambiente familiar; puede que hayan trastornos metabólicos causados por algunos medicamentos; consecuencias de los embarazos, o por dejar de fumar, por el estrés, la ansiedad, algo de depresión, etc.


Pero hay una causa que la más general: por el tiempo. Por el tiempo que hace que nacimos, claro. Y es evidente que, cuando vamos cumpliendo años, vamos acumulando grasas…


¿Por qué?

Pues, está claro: cuando nos acostumbramos a comer, cuando éramos niños o jóvenes, necesitábamos muchas calorías. Teníamos mucha actividad física, y nuestro organismo requería proveerse de mucha energía, de muchas calorías. Y al consumir hidratos de carbono, azúcares, que nos proporcionaban calorías, es lo que hacía que nos sintiéramos bien.
Pero al cumplir años, nuestro organismo no necesita tantas calorías. No las necesitamos, pero nuestro cerebro sigue con el mismo  “registro” de que bollos, chocolates, azúcares… nos hacen bien, nos dan “sensación de premio para el cuerpo”. 

Y si un día nos encontramos “de baja” en nuestros ánimos, o enfadadas (o enfadados) con nuestra pareja (…),  pues vamos y nos damos el lote de “cosas ricas”: el pastelito, los bombones (siempre en plural) o la cervecita con la media ración de gambas al ajillo (con mucho pan para mojar…).


No es de risa. Es mejor llevarnos bien con el jefe o el esposo (…).  Esto, en algunos casos, se puede llegar a una "adicción a los hidratos de carbono": la necesidad de comer a todas horas, especialmente dulces...

Algo que nos hace “sentirnos bien”, “cargadas las pilas”; aunque sólo sea por un ratito…

Pero es que, con la edad y con el cambio de actividades y la falta de ejercicio físico, ya no necesitamos tantas calorías.

Y lo que pasa, al final, es que cuando llevamos un montón de años comiendo más grasas e hidratos de carbono de lo que realmente necesitamos… pues, ¡claro!, como no las quemamos… pues se nos acumulan…

Así, engordamos. Así de fácil: Como comemos más carbohidratos (o hidratos de carbono) de la cuenta, éstos se convierten en azúcares (glucosa) que, al no quemarse, se convierten en grasas. Por eso, el pan y el azúcar engordan.  Y con el engorde, vienen los riesgos del exceso de peso: la hipertensión arterial, el colesterol por las nubes, enfermedades del corazón, las varices, problemas articulares, las artrosis, la fatiga respiratoria y cardiaca, la sobrecarga de la columna vertebral con dolores de espalda, etc., etc.  En resumen: la falta de calidad de vida.

Pero (subrayo): La obesidad no viene tanto porque comamos mucho, sino porque comemos mucho de lo que nuestro organismo no necesita, no quema, le sobra.


Los remedios:

Mucho se habla de “la dieta del cucurucho”, que dice eso de “comer poco y andar mucho”. Bien está la segunda parte, pero la primera no tanto.

No, no se adelgaza, de verdad, dejando de comer.

Alimentándonos insuficientemente, perderemos kilos, pero quemaremos poca grasa. Así que, cuando volvamos a comer con normalidad, enseguida volveremos a recuperar los kilos que perdimos, y tal vez algunos más.

Al final, habrá que ver que nos dicen las estadísticas:  que más del 80 por ciento de las personas gruesas, pasan hambre.

O sea, que si dejamos de comer,  el resultado es el hambre, no es que vayamos a perder los kilos de más para siempre.


¿Entonces?

De lo que se trata es de:

1º) Quemar las grasas que nos sobran.

2º) Reeducar a nuestro organismo, “programar” a nuestro cerebro de que:  ya no necesitamos comer como antes. Puesto que ya no gastamos tanta energía como cuando teníamos 17 años. 


Para eso…

 Tenemos dos posibilidades:

Primera posibilidad:

Optar por un programa a largo plazo. Sin prisas pero sin pausa, que dirían algunos.

Consiste en:

1. Tener la voluntad de adelgazar.
2. Cambiar algunos hábitos alimentarios.
3. Seguir una alimentación sana y equilibrada.
4. No comer más de lo necesario.
5. Hacer más ejercicio.
6. Tener paciencia.
7. Y…

A esto le ayudarán mucho añador a nuestra dieta la L-Carnitina, que es un “quemador de grasas” que desempeña un importante papel en el metabolismo contribuyendo a la combustión de la grasa. Es un complemento ideal para evitar la acumulación de grasas y celulitis.

También estimulará nuestro organismo suplementar nuestra dieta algún denaje que estimule a nuestro organismo a renunciar a los líquidos suplérfluos que haya ido acumulando.

¿Y qué tal si a nuestro plan de comidas añadimos un áloe saciante, que nos reduzca el apetito y además contribuya al consumo de grasas y al control de peso?

Son productos que si los buscamos los vamos a encontrar fácilmente.



Segunda posibilidad:

Cambiar drásticamente nuestra dieta, por un período de tiempo no muy largo, pero con un esfuerzo mayor.

Optar por un plan HIPER PROTÉICO y bajo en carbohidratos. Se trata de  mochar (por unos días) a nuestra pirámide alimenticia.

Por unos días. No vale para siempre. La salud requiere una alimentación sana y completa; equilibrada que incluya hidratos de carbonos, proteínas y lípidos (o grasas); además de minerales, de vitaminas y de agua. Cada sustancia nutritiva tiene una función que cumplir en nuestro organismo. Si bien, según nuestra actividad física (por la edad o por el trabajo que desarrollamos) variará.

Mientras estemos en este “proceso” de “quemar grasas”, deberemos  quitaremos todo lo que sean dulces y alcohol, reduciremos las frutas (sobre todo las dulces) y reduciremos al mínimo lo que son los hidratos de carbono (pan, pasta, cereales y legumbres).

Nos alimentaremos fundamentalmente de proteínas y de verduras. Y beberemos mucha agua…

La razón:

Cuando se comen cantidad de hidratos de carbono, el cuerpo los utiliza preferentemente a cualquier otra fuente de energía. Así, muy muy difícilmente se van a quemar las grasas almacenadas.

Habría que comer muy poco (menos de los que nuestro cuerpo necesita, lo que significa pasar hambre) y esto tampoco nos da todas las garantías… ¿Por qué?

Pues porque… dejar de comer, normalmente, no adelgaza. Cualquier dieta de “privación”, lo que hace es que el cuerpo se aferre a preservar toda la grasa que pueda. Es como si recibiese un aviso de “¡vienen tiempos difíciles!. Y el organismo hace sus reservas de grasas…

Para conseguir unos efectos efectivos, la dieta ideal comienza eliminando completamente los hidratos de carbono durante un tiempo (digamos dos o tres semanas).

Cuando suprimimos éstos de la dieta, el cuerpo utiliza los que tiene almacenados en el hígado y los músculos en forma de glucógeno.

La reserva de glucógeno no es muy grande, apenas tres o cuatro días. Pasado este tiempo, y en vista de que no se consumen más hidratos de carbono, el cuerpo segrega una serie de hormonas que provocan la puesta en marcha del sistema secundario de obtención de energía: la grasa almacenada.

A partir de ahí, se empieza a adelgazar de verdad. Al descomponer la grasa, el cuerpo genera unas sustancias, que son las que se utilizan como combustible llamadas cuerpos cetónicos o cetonas. La presencia de éstas cetonas en la orina indican que estás quemando grasa, y es algo deseable en ésta dieta. (Ojo, no confundir la cetosis inducida por la dieta con la cetosis producida por otras causas). La acetona no es la enfermedad en sí, sino un síntoma.

Por tanto, transcurridos tres, cuatro o cinco días, podemos hacernos un test de acetona en la orina con unas tiritas que se venden en las farmacias. Si el reactivo se vuelve púrpura, enhorabuena, estás adelgazando.

Superada esta fase de inducción, que nos hace entrar al estado de cetosis, vamos a ir perdiendo toda la grasa que nos sobra... y, bueno, también perderemos mucho agua; por lo que tendremos que beber bastante mientras estamos haciendo la dieta.

También iremos perdiendo el apetito, realmente nos disminuyen las ganas de comer. Pero ¡ojo!, no vale dejar de comer: nuestro organismo necesita seguir recibiendo nutrientes. Es más, si dejamos de comer, la grasa acumulada, las “reservas de grasa” seguirán ahí…, por la razón antes indicada.


¿Cómo hacerlo?

Lo primero: Tenemos que buscarnos las mejores proteínas, limpias de grasas animales: carnes blancas de primera, pescados, huevos, mariscos, lácteos con poca grasa…

No. No es fácil. Ni tampoco barato. Pero es muy eficaz.

Y...

Algo a tener en cuenta, para que nuesstro “plan de comidas” no sea un problema:

Al tomar muchas proteínas, y este plan es fundamentalmente proteínico, de una manera natural, las reservas de grasa de nuestro organismo, van a transformarse en acetona. Este hecho, nos dará toda la energía que necesitamos diariamente.

Pero… al entrar en cetosis, se sobrecarga al hígado y al riñón. Esto (lo saben bien los deportistas) puede afectar a estos órganos, sobre todo si se prolonga demasiado tiempo…

Claro que os voy a dar un truco: la mejor manera posible para resolver este problema: EL ALOE. Beber varias raciones diarias de áloe vera o áloes en sinergia (la mejor convinación es la de áloe barbadensis miller con arborescens miller, chinensis y ferox).

Lo primero que hace en nuestro organismo el áloe, cuando lo bebemos, es depurarlo, desintoxicarlo, limpiarlo.

Sí, en el áloe vera, o mejor la opción de varios áloes en sinergia,  vamos a encontrar lo ideal que nos ha dado la naturaleza para depurar nuestro organismo.

Luego, además,  reforzará nuestros órganos y sistemas; con lo cual nos vendrá muy bien para toda esa sobrecarga que van a realizar el hígado y los riñones. Con lo cual, después de hacer una dieta de este estilo, todo nuestro organismo va a quedar mejor, estaremos más saludables, exterior e interiormente.

Fundamental, pues el áloe depurará el organismo y reforzará el hígado y el riñón; algo fundamental cuando van a trabajar algo más de lo habitual. Y de lo que se trata es de estar mejor, siempre mejor. Comer saludablemente.

Por supuesto que, como he dicho antes, podemos contar con la ayuda de la L-Carnitina, como “quemador de grasas”, de un áloe saciante, que nos reduzca el apetito y además contribuya al consumo de grasas  y de algún denante que estimule a nuestro organismo a renunciar a los líquidos suplérfluos.



Y después... ¿qué?

Aprender a comer:  no debemos volver luego a las costumbres anteriores de comer más de lo que nuestro organismo necesita.




2 comentarios:

  1. Este artículo tengo que leerlo detenidamente, me interesa mucho saber lo que has escrito.

    Te agradezco mucho tu visita a mi blog, ello me ha permitido conocer tu blog, y con tu permiso, me quedo ojeándolo.

    Muchas gracias.

    Saludos.

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  2. Por supuesto, María, estamos en contacto: yo me asomo a tu blog y aprendo cosas... espero este sea gratificante para tí. Un saludo, JM

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