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sábado, 5 de febrero de 2011

INTERROGANTES Y OTRAS CONFESIONES

CONFESIONES DE
UN DESOBEDIENTE

(Dando un repaso a mi historia de “incomprensión” respecto al fútbol)

Cuando yo era niño, entre otras muchas cosas..., jugaba a la pelota. También jugaba a la piola, al salto, al escondite, a la tentadilla, a la pataleta, a en busca del tesoro o al veo-veo, a los soldaditos..., a las carreras (a veces a las de sacos), al trompo, a los bolindres; a algo tan participativo como a la rueda, a la gallina ciega o a las prendas...  Casi todos eran de lo más divertidos (y con pocas reglas).

Alguien vino un día y nos dijo que en Londres habían acordado una serie de leyes que debían regir el juego del fútbol; que no valía jugar a la pelota, que ahora eso se llamaba “football” y que tampoco valía hacerlo con cualquier pelota, sino que debía ser un balón esférico y tener de 68 a 70 centímetros, etc., etc. Toda una serie de “reglas” que cumplir.

Pues ¡ya nos lo fastidiaron! Hasta una palabrota inglesa y con normas “estrictas” (¡normas para jugar!).

Ya empezó a caerme gordo el jueguecito.  Si “football” es “juego de pelota”... ¿por qué no puedo yo jugar a la pelota y tengo que jugar al fútbol? No me gusta la idea. En absoluto.

Pero creo que aún hay más razones respecto de mi aversión o manía al fútbol, frente a la tanta devoción generalizada a ese juego que me parece acaba siendo algo que lleva al fanatismo y a la anti deportividad.  

M
e explico: Desde niño, se me molestó muchas veces, con una cuestión tan visceral como era mi hombría.  Más de una vez, se me cantó lo de “ni fuma, ni bebe, ni juega al balón. A veces, se me empujó a hacerlo, como también se me retó a “ir de putas”.  Pero yo, con cierta rebeldía, normalmente me negué a hacer las cosas porque “todo el mundo” las hacía, o porque era “cosa de hombres”. Pues muy bien, no. Y sigo creyendo que no es de hombres ni fumar, ni emborracharse o ir con fulanas. Por supuesto tampoco tener que decir que me gusta el fútbol porque sea algo que “a todo el mundo” le apasiona.

No, no me gusta ir de “vicente” por la vida. Admito que haya quienes le gusta, pero es su problema. No lo quiero para mí.

Para empezar, yo percibo el fútbol como una absurda “norma social” establecida mundialmente. Es el “deporte rey” y todo el mundo le debe servidumbre...

Y, será que no lo entiendo, pero me parece una cosa del todo estúpida.

El juego es fácil, hasta sencillo, quizá simple:  22 hombres (ojo, tienen que ser hombres, las mujeres no valen para esto), vestidos ridículamente, detrás de una pelota... tienen que meter en una portería..., cosa que casi nunca logran.  Cuando lo logran, se abrazan, se tiran al suelo, se vuelven como locos...

Y el público (que pasivo les mira, esperando el milagro de que la bola corra hasta su destino) grite ¡¡¡gol, gol, gol...!!! Absurdo total.

Hay unas reglas del juego (cuidado que ¡esto es algo muy serio!). Apenas las conozco, pero me parecen todas igual de absurdas.

¿Se imaginan que para jugar al póquer hubiese que (por ejemplo) vestirse de corto, con calcetines blancos o camisa de rallas..., o que para jugar al ajedrez (que es un deporte muy serio), hubiese que hacerlo con corbata?

¿Y por qué las mujeres sólo pueden mirar? En cualquier otra actividad social... ya las feministas se hubiesen revelado... No lo entiendo.

Pocas veces, en mi vida, he aguantado ver un partido de fútbol entero. Es demasiado tiempo perdido para ver cómo un montón de hombres no hacen nada ni creativo ni productivo... y que, si hacen algo, todo el mundo tiene que gritar y sentirse feliz o disgustado. Si alguna vez lo hice, lo soporté, fue por la compañía que llevaba.

Pero además (otra norma más) se dice:

- “Es cosa de hombres, si tú eres hombre, te tiene que gustar el fútbol”.  ¡Manda huevos!

Pues tampoco nunca he entendido que se considere “de hombres” un mundo donde hay tanto homosexual metido... Dónde las demostraciones afectivas que se hacen (unos a otros) en la cancha o campo de fútbol son de tan dudosa “masculinidad”...

- ¿Y qué pasa si no me gusta?
- No, no pasa nada..., pero serás rarito...
- Pues me niego, también, ¡a ser “rarito”! Por cierto ¿qué más cosas hay que dejar de hacer para ser “rarito”...?
-  Fumar...
- Pues tampoco me interesa. Lo primero porque mi padre tampoco fuma y yo lo admiro.
- Beber y beber, hasta emborracharse si hace falta...
- Ah, ¡que categoría de persona, ¿no?!
- Pues tampoco me interesa.
- Y, por último, también tienes que, de vez en cuando, “ir de mujeres”, para pasar un rato con ellas y pasarlo bien... a cambio de dinero...
- Pero... ¿las relaciones hombre-mujer no deben ser de cariño y afecto y no de compra-venta?... Ah, pues ¡tampoco lo entiendo!

Me fastidia, sobre manera, que constantemente se me pregunte:

- ¿Y tú de qué equipo eres?
- Pues mira, de ninguno! ¿Acaso hay que estar “enganchado” a la afición para ser persona normal?
-  Bueno, pero te gustará uno más que otro...?
- Pues no, me da igual...
- Vale, ¡qué hombre tan raro...!
- Pues no, no soy un ser libre...

Así las cosas, ¿qué significa, para mí, el fútbol?

Pues pienso que es la perversión de los anti-valores del sistema:

- Competitividad y rivalidad.
- Ganadores y perdedores. Opresión en juego.
- Poder y poder del dinero.
- Evasión de la realidad (¿opio, alguna otra droga más fuerte?)
- Machismo (que no hombría, claro; pues no por ser más macho se es más hombre).
- Valorar la fuerza y la rivalidad frente al diálogo. Una cierta idea base militarista: dos grupos enfrentados, pretendiendo derribar al contrario.
- Fanatismo. Muy falsa deportividad; según yo entiendo lo que es deporte:  más una actitud ante la vida, que un espectáculo que lleva a la gente a perder la razón desde la inmadurez del fanatismo antideportivo, de una rivalidad enfermiza de dejarse derrotar por la victoria del equipo con el que menos simpatizamos.  Y la gente se incomoda, o hasta deja de hablarse... cuando alguien, de al lado,  viste camiseta de otro color (por cierto, que hay hasta quizás nunca usaron una prenda del color que identifica el equipo rival-enemigo... ¿dónde queda el espíritu deportivo?

- Es imposición del sistema. Todo el mundo tiene que tener esta afición.
- No me gustó nunca tener que hacer las cosas porque me lo ordenaran una leyes o unos entes que se sentían superiores...


Y para terminar esta “confesión”, pues digo a modo de mi réplica:
 - Fumar para presumir que se es hombre, es una manera de decir que no se es (creo que tiene relación con la frase “explicación no pedida, culpa manifiesta”); o sea define a una persona inmadura.
- Igualmente se puede decir del beber “para demostrar”, o adaptar la afición de mirar a unos hombres corriendo detrás de un balón; cosa que comprendo que puede ser,  más o menos, divertida para quien lo está haciendo (yo, lo reconozco, quizá porque lo hice pocas veces, nunca le saqué el gusto...).
- Y ¿qué decir de “pagarle a una mujer” para que me satisfaga sexualmente?. Para mí denota que, de entrada, me siendo incapaz de conquistar a una mujer... por mis propios medios; y utilizo el dinero para “comprar” ese “cariño” que me es imposible lograr siendo quien soy...
Al final, creo que lo que puedo demostrar fumando, bebiendo, jugando o mirando como otros patean una pelota... es lo poco hombre que he llegado a ser, lo niño que sigo siendo, lo inmaduro que aún soy... que vivo pensando en lo que la gente pueda pensar de mí.
No, ya hace años que peino canas (por dónde aún puedo hacerlo) y nunca he fumado, nunca me he emborrachado, nunca he ido a una “casa de mujeres malas” y sólo un par de veces fui a un estadio a ver un partido de fútbol (menos veces por la tele, pues me parece algo sumamente aburrido; se ve que yo no entiendo...).
Si bien, queriendo respetar la opinión o el gusto de otra gente, vale. Acepto que puede haber a quienes le guste... lo que a mí no me gusta. Pero no estoy dispuesto, no, a aceptar un “reconocimiento negativo incondicional” respecto a mi persona. Si alguien pienso que no soy hombre, que se piense el otro refrán..., ese que dice “el ladrón cree que todos son de su condición”.
Ahora bien, si pensando lo que pienso, según he escrito, si alguna vez alguien me ve mirando un partido de fútbol, podéis decir “pobre hombre, ya también está chocheando o idiotizado...”

Espero que falte mucho para eso. Amén.
                                                                             José-María Fedriani



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