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lunes, 17 de octubre de 2011

INDIGNADA

UN EJEMPLO DE INDIGNADA:
LADY GODIVA


ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA...

Muchas heroínas de la historia tienen las manos manchadas con sangre. No es el caso de esta joven dama inglesa, Lady Godiva, que para cumplir un desafío hiriente para su honor, aceptó atravesar a caballo, completamente desnuda, la ciudad de Coventry, un día de primavera del año 1047.

Se cuenta que... tuvo lugar en Inglaterra un hecho fascinante, aunque aún no se ha logrado descifrar si tan sólo se trata de una leyenda o si, en cambio, forma parte de los anales de la Historia (expertos así lo señalan).


El hecho es que, bajo el mandato del monarca Eduardo el Confesor (1042-1066), el pueblo de Coventry vivió una de sus más duras épocas en la que tuvo un papel muy importante su señor, Leofric (968-1057), que también ostentaba los títulos de conde de Chester y de Mercia.

Leofric, quien abrumaba a sus vasallos con incontables y desmedidos impuestos, se encontró sin embargo con la total oposición de su mujer, Lady Godiva, que se mostraba compungida por los sufrimientos causados al pueblo y se apiadó de ellos, pidiéndole a su esposo que rebajara de inmediato los tributos.

Ante tal petición el conde aceptó, eso sí, poniendo tan sólo una condición: para que él accediese a sus deseos, Lady Godiva debería antes recorrer el pueblo montada sobre su caballo y completamente desnuda.

Más que amedrentarse ante tal circunstancia, la dama aceptó de inmediato; no obstante, acordó con los vecinos de Coventry que durante su paseo ellos se encerrarían en sus casas, para no avergonzarla en su desnudez.


Lady Godiva cumplió. El pueblo también. Y aquel día del mes de mayo, todos los postigos de la ciudad estuvieron cerrados: nadie osó a poner los ojos en los encantos de aquella linda mujer desnuda, sobre el lomo de su caballo blanco.

Sin embargo, también cuenta la leyenda que un ciudadano se saltó la prescripción: un sastre calentón, “Tom el mirón”, que no fue capaz de vencer la tentación de observar a su señora desnuda a través de una de rendija.


Al final, el conde Leofric se conmovió por el gesto de su esposa y acabó por acceder y  cumplir con su promesa de rebajar los impuestos.



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