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miércoles, 27 de febrero de 2013

DESDE LO PROFUNDO DEL NUESTRO ADN


Y QUISO Y LO HIZO


Allá en el principio,
creó Dios los Cielos y la Tierra.

Quiso hacerlo, y lo hizo.
Y quiso que fuera la luz, y la hizo.
Y quiso las aguas, y los campos...,
y los hizo.
Y quiso la hierba y los árboles
que dan flores y frutas, y los hizo...

Y Dios quiso los días, y las noches,
y los amaneceres y atardeceres
que los acompañan...

Y con cada cosa que hacía,
se sentía feliz de haberlo hecho...


E hizo a los animales vivientes,
e hizo al ser humano: al hombre y a la mujer,
con las capacidades de amar y ser amados,
de ser creativos y creadores...

Nada de lo que creó lo hizo distantes,
ni ajenos, ni extraños entre sí:
ni el sol de la luna, ni la noche del día,
ni los mares de las tierras,
porque Dios siempre quiso
que todo tuviese la irresistible inclinación
a ampliarse, a unirse a todo lo demás,
a alcanzar la armonía en la plenitud...

Por eso, tenemos adentro
el deseo de comunicación.
Porque fuimos creados
a imagen y semejanza de un Dios
que es Comunicación, que es
Amor solidario y compartido,
que es Vida.


Quizá la luna sepa que ha de seguir al sol;
quizá la nube sepa que ha de seguir al viento;
quizá el agua sepa que ha de viajar
constante y perennemente;
quizá la flor presienta que ha de lucir
perfume y color ante la primavera;
quizás... ¡la Vida está para encontrarse!

Pero quizá los humanos aún no sepan,
o no lo sepan siempre,
o lo olvidan con frecuencia...
que estamos hechos para ir
en búsqueda mutua,
para seguirnos ¡hasta encontrarnos!
Y encontrarnos
para hacernos Comunión,
para ser, solidariamente,
vida compartida...


Sí. Todo es encuentro.
Todo es invitación permanente
a llegar a ser Unidad, universalmente.
Total. En plenitud.
Como Dios: que hizo lo que quiso,
y quiso lo que hizo.
Desde el su Amor vital 
que nos dio... ya para siempre.

 (del poemario “Ácido desoxirribonucleico”) 



viernes, 15 de febrero de 2013

UNA HISTORIA DE AMOR...



AL CRUZAR EL PUENTE...

No eran todavía las 9 de la mañana y ya había acabado con el trabajo que me había llevado a aquella ciudad alemana. Podía decir que mi dossier para el reportaje sobre la fabrica automóviles Mercedes-Benz, lo tenía completo. Tendría que darle forma, pero mi tarea en Bremen había terminado.

En la víspera apenas había visto nada de la ciudad. En la cena había comprobado la exquisita cocina a base de pescado y la calidad de la cerveza.

Ahora tenía varias horas por delante... para conocer algo de esta ciudad que había leído que tiene 1.200 años de antigüedad.


Como siempre suelo hacer, al primer lugar que me dirigí fue al mercado. Bueno la Plaza del mercado, en sí, es una maravilla: cuenta con edificios de siete siglos diferentes. Pero a mí, sobre todo me interesaba acercarme... y percibir de cerca la vida real: Yo sé que es en los mercados donde se puede conocer mejor cómo es la gente de un lugar. Sí efectivamente: aún sin saber mucho alemán, ahí pude saber desde los gustos de la gente hasta el nivel económico del que disfrutan: cómo comen, qué importancia le dan a sus hábitos saludables,  cómo visten, hasta qué aficiones tienen o cómo se divierten... Observándolo todo, sabiendo leer todo lo que “enseñan”... no me hacía falta preguntar nada a nadie.

Sólo compré algunos productos de chocolatería. Luego,  me dejé perder por la ciudad, paseando, sin prisas, anduve de un lado para otro. Me acerqué al impresionante edificio gótico del Ayuntamiento, que está  completado con una fachada renacentista; a un lado vi la famosa escultura de los músicos de Bremen.


Los pies me llevaron a Barrio Schnoor, todo un intrincado laberinto de callejas y plazuelas con edificios y patios de los siglos XV y XVI. 

Me asombré como todo encaja en Bremen: lo antiguo se conserva,  lo nuevo se prueba, todo está bien. Quizá eso sea como un signo de que aquí la gente tiene una buena filosofía de la vida. Casa cosa, todo, tiene su valor: es importante respetar todo lo que puede existir. Se nota que es un lugar donde se vive y deja vivir en el espíritu de la libertad, tolerancia y liberalidad. Se aprecia hospitalidad en cada rincón y en cada persona con la que te vas tropezando...


Pensando en todo esto, me dirigí al puente sobre el río Wese.

Y al cruzar el puente... vi a una linda mujer que subida en su bicicleta me pareció como que me observaba. Vestida con pantalón marrón y camisa roja; llevaba colgada una mochila... Nada más verla me gustó. No pude evitarlo, me quedé parado. Era como que sentía que debía acercarme a ella: era como que desde lo profundo sintiera que aquella mujer me llamaba...  Atravesé el puente despacio, me dirigí a ella:

-        ¿Por casualidad hablas castellano?
-        Pues, soy española, y no es casualidad...
-        Estupendo. Encantado.
-        Oye, ya que... ¿me harías un favor?
-        ¿Cómo qué?
-        Quisiera una foto... (me dijo, mientras me entregaba su cámara).


Para enfocar mejor el ángulo de la foto, queriendo que se viera algo de las riberas del río, me retiré un poco... y disparé; pero con la mala suerte (bueno, acaso no tan mala, todo depende...) de que pasó corriendo, justo en ese momento,  por delante un chaval patinando. Así que estropeó la foto. Intenté repetirla, pero coincidió que se le había acabado el carrete.

-        Bueno, no importa (le dije), yo te la haré con mi cámara, que es digital; luego me dices a dónde he de enviártela... y ya.
-        Vale.

Repetí la toma. Esta vez, ella sonreía más ampliamente... Le pedí que me dejara hacerle un par de ellas más. Ella me miraba, y a mí me daban ganas de besarla... Por minuto me daba cuenta de que me gustaba más y más. Me apetecía quererla...

-        Bueno, le dije: ahora tienes que decirme...


El caso es que así, tenía (o teníamos) la excusa perfecta para seguir conversando un rato más. Tenía que darme su dirección para que le enviase la fotografía.

-        ¿Tienes un rato libre?
-        Sí... ¿por qué?
-        ¿Te apetecería un paseo en un barco?
-        Sí que me apetecería, pero... es que sola...
-        Venga, vamos; así nos conocemos... que me dice mi instinto de artista... ¡que eres una obra maestra!

Se rió. Me reí. Nos dimos el paseo... Luego seguimos charlando. Fuimos juntos a ver la colección de esculturas de Gerhar Marcks. Que, por cierto, tanto a ella como a mí nos encantó.


Ante... yo le dije:

-        Creo que somos tal para cual.

Ella me cogió la mano y me dijo:
-        Tranquilo..., hombre, tranquilo.

Fuimos a comer juntos. Los dos teníamos ganas de aprovechar aquel encuentro.

Ella pidió una langosta sobre espaguetis ("Gashoff`s Bistro"), yo preferí la langosta sobre guacamole (L`Orchidee). Acabamos probando unos trozos de tartas caseras.

Luego nos asomamos al puerto. Otra vez me sorprendí con la cantidad de  buques que había. Y por la modernidad de aquellas instalaciones.


Ya estábamos algo cansados los dos, y decidimos ir a echarnos un rato. La acompañé, estaba pasando unos días con una amiga. Luego me fui al hotel. Por supuesto quedamos en vernos más tarde.

No podía ni creérmelo: había conocido a la mujer más maravillosa del planeta Tierra y a la mañana siguiente ¡tenía que regresar a Madrid...!!!

Bueno, tenía que aceptar aquella realidad, vivir el momento presente, saborearlo y amarlo: ser feliz viviendo conforme a lo que me estaba sucediendo...

Fui a recogerla con un ramo de dalias: unas eran blancas, una amarilla, otras moradas.

Vi que se sorprendió. Me dio las gracias y me acarició la cara con su mano.


Le dije:

-         ¿Sabes el significado?
-         No...
-    Mira, le fui diciendo: las dalias blancas... lo que significan es “agradecimiento”, que creo que te debo; las amarillas “unión recíproca”, que me gustaría...; las moradas es “ten piedad de mí”...; por favor, mujer, que me estás enamorando hasta los tuétanos. 

Ella calló. Luego me echó los brazos por los hombros y me besó. Nunca había sentido lo que esa tarde sentí:  noté como todo mi ser vibraba. Y, también, percibí ¡como su cuerpo temblaba!... 

Sí, evidentemente, en Bremen se sabe vivir, fuimos descubriendo esa otra faceta de una ciudad que dispone de innumerables  cafés, bares, restaurantes, pubs, etc. Tapeamos, bebimos cervezas, bailamos y nos abrazamos...

Ya tarde, de madrugada, le dije que muy de mañana tenía que coger mi avión.

Ella dijo:

-        Ya sabía yo que algo tan bonito no podía...
-        Hagamos un poco de fullería, le dije: ¿y si nos quedamos toda la noche juntos...?
-        Vamos...


Nos acercamos al hotel. Teníamos unas horas para hacerlas inolvidables. Y lo hicimos: nos amamos... sin pensar en nada.

Fuimos felices, lo más bonito que me ha pasado nunca en la vida.

                         (de mi libro “DESDE EL ALFÉIZAR”)



jueves, 7 de febrero de 2013

ANTE UN ACCIDENTE


El siguiente relato, se lo dedico a Saida Prieto Hernández, la linda candidata a Reina del Carnaval     de Tenerife 2013, que no ha podido participar en la gala; debido a un incidente con su traje, momentos antes de salir al escenario por el que ha  sufrido quemaduras muy graves   en el 40% de su cuerpo.




DEPORTIVIDAD 
PARA LA VIDA


Elisa, además de haber nacido muy bonita, tenía todo un tipazo. Desde pequeña, había hecho natación y mucho ballet; debido a que su hermana Paola padecía una cierta desviación de la columna y los facultativos le habían recomendado que hiciese estas actividades, por lo que sus padres las habían orientado a que lo hiciesen las dos a un mismo tiempo.

Elisa, después de acabar su Bachillerato,  fue a la Universidad, dónde  empezó los estudios de Publicidad y Relaciones Públicas. Pero... en el segundo semestre, al tener dificultades en Informática, se matriculó a una academia particular para hacer un curso práctico dónde aprender a manejarse mejor con los ordenadores...

En la academia conoció a Carlos, un joven que dedicaba su vida al deporte y practicaba el baloncesto como profesional. Formaban una bonita pareja que, sin pretenderlo, a donde quiera que iban (a pasear, a bailar, a la piscina...) lucían palmito y hasta despertaban algunas envidias...

Hicieron buenas amistades con otra pareja, Marina y Rafa que estaban metidos en el mundo de la moda. Enseguida le ofrecieron trabajar como modelo para una revista de trajes de novia, y de ahí le fueron saliendo otras oportunidades que supo aprovechar; aunque, eso sí, los estudios los fue dejando bastante de lado...

Un viernes, fueron a cenar las dos parejitas, a un restaurante del extrarradio.  Y... al regreso a casa, ¡zás!, un loco les adelantó y tuvieron un accidente y acabaron los cuatro en el hospital.

Nadie falleció, pero todos tuvieron tan graves consecuencias que, a partir de ese día, sus vidas cambiarían radicalmente:

Tanto Rafa, que conducía el coche, como Carlos que iba a su lado, recibieron los dos unos fuertes golpes en la cabeza; llevando a ambos a unas lesiones que llevaron: a Rafa, a quedar bastante afectado sicológicamente; al padecer una tremenda amnesia, de la que tardaría mucho tiempo en recuperar su memoria y hasta sus sentimientos. A Carlos, por el golpe tan significativo que recibió, le hizo padecer un permanente dolor de cabeza, por lo que tuvo que abandonar el deporte, pues al saltar el padecimiento se le hacía tan tremendo que era insoportable.

Marina no sufrió casi nada, sólo se le rompió la nariz, lo cual hasta le vino bien pues con la cirugía la mejoró.

Pero los desconcertantes desplantes de Rafa y las interminables discusiones sobre casi todo, les llevó a romper aquella relación de ya dos años; pero ella aprovechó para irse al Canadá  a mejorar idiomas. 

Y Elisa, nuestra protagonista, fue la que tuvo peor golpe. Ella tuvo rotura  de fémur en ambas piernas, agravada la pierna derecha también con fractura de tibia.

Esto le haría tener que estar, después de tres semanas hospitalizada, varios meses yendo a una larga y dura rehabilitación, para quedar dependiendo de una silla de ruedas.

Fue una situación que no podía esquivar, la tuvo que asumir... con todas las repercusiones que aquello significaba.

El panorama de su vida, recién cumplidos los veinte años, de pronto, le había cambiado tanto... que no sabía ni qué pensar. 

En primer lugar, se preguntó, mil veces: ¿por qué?, ¿por qué?, ¡¿por qué?!

No quería creérselo, soñaba que aquello era un sueño, o mejor dicho una pesadilla...

Sus padres, sobre todo su madre, a cada rato le repetía:

- Mira, Elisa, da gracias, estás viva, siempre merece la pena vivir.

Ella respondía:

- Pero colgada de una silla de ruedas...

- Mira, recuerda y piensa aquello que siempre decía tu abuela Lucía...: que “en el juego de la vida hay que participar, pero que no siempre para ganar; que unas veces se gana y otras se pierde, pero todo es bueno...”

Pensando esto, Elisa comprendió que la Vida la invitaba a algo diferente. Sí: se gana o se pierde..., lo importante es que ¡hay que participar!

Así es que, sin derramar una lágrima más, se olvidó del mundillo de la moda, se puso a estudiar de lleno aquello que había dejado abandonado y cambió la natación por el ajedrez y el diseño gráfico...

Carlos, su buen amigo, después de asumir (no sin dificultad) su nueva situación, se quedó a trabajar en el negocio de sus padres, lo cual le daba seguridad, aunque le ocupaba muchas horas, si bien siempre le dejaba un tiempo para jugar al ajedrez, unas veces con ajedrecistas consagrados y otras con Elisa... Y, precisamente con el ajedrez fue cuando mejor comprendió que el deporte no es competir contra alguien que es contrincante, sino saber aceptar y respetar a la otra persona que quizá lo hace mejor que uno... ¡con deportividad!

Los encuentros se sucedieron, la amistad y la solidaridad fue madurando,  el cariño fue creciendo... Aquella pareja, siguió siendo una bonita manifestación del amor entre un hombre y una mujer.

Elisa ganó en espíritu de lucha y dedicación a conseguir lo que se proponía: mejorar su movilidad y acabar sus estudios.
Inmediatamente terminada su licenciatura, consiguió una plaza en el Ayuntamiento y siguió aprendiendo que la vida no acaba cuando una puerta se cierra; que una puerta sólo es una posibilidad de “pasar” a algún sitio; pero que puede haber otros modos de acceso al mismo lugar, e incluso hay otros lugares diferentes, acaso mejores... a dónde ir.

Día tras día, descubría y re-descubría que la vida es un regalo inmenso que nos ofrece, en cada momento y circunstancia, la oportunidad de ¡ser felices!

 
                      (del libro “Desde el alféizar”)



Y, después de leer esto, podemos cuestionarnos:

- Antes que nada... ¿Creemos en la vida?, ¿nos hace felices estar vivas, estar vivos?

- ¿Qué es lo que más valoramos de todo lo que tenemos?, ¿la salud y el bienestar?,  el dinero y lo que se puede conseguir con él?, ¿la amistad, el amor y las relaciones positivas?

- ¿Nos queremos lo suficiente, o nos da miedo amarnos a nosotras mismas, a nosotros mismos?

- ¿Creemos que es la juventud la etapa más bonita de la vida?, ¿qué es lo que más valoramos de los años de juventud?

- ¿Vemos la vida como un juego... en el que hay que participar?, ¿o es un espectáculo a admirar; en el que hay que estar expectante para ver lo que pasa?






domingo, 3 de febrero de 2013

DÍAS DE CARNAVAL EN LA VIDA


¿Qué es el Carnaval? ¿Qué sentido tiene?

CARNAVAL es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle.



A pesar de las grandes diferencias que su celebración presentan el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol.


Si leemos un poco de historia, nos informamos de que el origen de esta “celebración” parece que está en ancestrales fiestas paganas, que se realizaban en honor a Baco, dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, incluso las que se realizaban ya en Egipto en honor del dios-buey Apis. 



Para algunos historiadores, los orígenes del carnaval pueden remontarse a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas a las de Roma, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado luego a América por los navegantes españoles y portugueses, a mediados del siglo XV .



El carnaval, ha sobrevivido los siglos y representa lo más genuino de una fiesta popular: resume todos los elementos de espíritu lúdicro y festivo de las celebraciones populares más antiguas.


En realidad es un símbolo de fiesta popular y pública. Un espacio abierto a la risa y la alegría, lo grotesco y lo obsceno, la danza, los alimentos, los vestidos, todo separado de un fin práctico; la fiesta brinda los medios para entrar a un universo “diferente” que transgrede todos los límites.



Además la fiesta, el Carnaval, relativiza el poder existente y la verdad oficial, situados fuera de la estructura dominante; sin atender a sus normas, antes bien, las altera e invierte; recorre el camino del exceso y lo irracional. En este espacio de fiesta todo lo elevado es traspuesto, parodiado en su dimensión corporal  (comer, beber, gozar de lo sexual).



Durante el carnaval se suprimen todas las barreras jerárquicas: el rico y el pobre se unen en la fiesta, la diferencia entre unos y otros desaparece, se mantiene un clima de familiaridad absoluta en el disfrute de la celebración; hombres y mujeres que, durante el año, se guardan cuidadosamente de dar cualquier paso en falso, dejan a un lado sus escrúpulos y se suman al divertimento.

La fiesta popular alude, necesariamente, a ese paraíso en el que todo está permitido,  el hombre es dueño de su absoluta libertad y las barreras jerárquicas no sólo están suprimidas, sino invertidas. Es la hora de la violación solemne de toda "norma"... porque, en Carnaval, "está prohibido prohibir".


Son unos días en que el contacto físico de los cuerpos está dotado de mucho sentido: cada ser individual se siente parte indisoluble de la colectividad, elemento vivo del gran cuerpo popular. En la fiesta del Carnaval, el cuerpo individual deja, de alguna manera, de ser él mismo: se puede cambiar mutuamente de cuerpo, renovarse (a través de disfraces y máscaras).

La fiesta del Carnaval es una ocasión única en la que, todo el pueblo que participa en él, experimenta su unicidad; pues representa el drama de la inmortalidad e indestructibilidad del pueblo (relativizando al poder existente y a la verdad dominante).



"El humor, el baile, los disfraces, la crítica canturreada ponen en la calle, y al alcance de quien lo quiera, el lenguaje procaz, ironizando sobre los tabúes sociales, desacralizando y banalizando todo “lo establecido”; es pasar al límite entre lo permitido y lo prohibido, la censura y el exceso.


La celebración del carnaval más grande y famoso del mundo es la de Río de Janeiro, pero muchos otros países tienen importantes celebraciones, como la que se celebra en Italia, en el Carnaval de Venecia. Es España sobresalen las de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canarias y Cádiz, entre otras.



Hoy, yo quiero plantearos, quizá filosofando un poco, que esta es también una ocasión para VER LA VIDA de otra manera.



     MIRAR LA  VIDA

      CON OTROS OJOS


Los seres humanos, todos, con un cuerpo físico, por nuestra propia naturaleza,  estamos habilitados para comunicarnos, para inter-relacionarnos, para amarnos, para crecer y multiplicarnos, para vivir disfrutando de nuestra humana realidad...

No hay nada malo en gozar de la vida; más bien es nuestra obligación. La vida humana está dotada para eso.  Si queremos ser justos con quienes nos dieron la vida, hemos de gozarla alegremente, no pasar toda nuestra existencia constreñidamente, como no queriendo vivirla a cabalidad y plenamente...


Si somos personas honestas y solidarias en nuestras relaciones, seremos generosos, no egoístas; buscaremos el bien de la otra u otras personas con quienes nos relacionamos.

Trataremos de no pasarnos la vida sufriendo, sino haciendo todo lo posible para disfrutar de ella, con todas las sanas y naturales posibilidades que tengamos al alcance de la mano... ¡que no son pocas!


Nuestros cuerpos están sexuados. Y no sólo están constituidos para la procreación. También están “dotados” de muchas posibilidades para la comunicación y la complacencia.



Yo hasta pienso que no es justo creer que, quien nos dio la vida, lo hizo sólo para “trabajar con el sudor de la frente” y me niego a pensar que venimos a esta tierra exclusivamente a “sufrir en este valle de lágrimas”…



El regalo de la Vida nos llega:

-        Con ganas y deseos de ser felices (a lo que no debemos renunciar).

-        Con un cuerpo (al que no debemos renunciar).
o  Un cuerpo sexuado: abierto a la expresión y la comunicación.
o  Un cuerpo “capacitado” para “simpatizar” con otros seres humanos frente a quienes son sentimos “atraídos”...
o  Así el sexo es la puerta, la mutua “invitación-provocación-llamada” a que busquemos, mutuamente, el “encuentro”...

-  Con artificios para el disfrute (renunciar es aberrante).
o  Si vamos con los ojos abiertos (que para eso los tenemos), la belleza de los paisajes, de las flores, de los cuerpos bellos... será algo que nos guste, que nos apetecerá...
o  ¿Qué efecto nos produce ver tanta belleza?, ¿acaso rechazo?, ¿o más bien deseo de acercarnos y disfrutar-gozar con sus encantos?

-     La Naturaleza es sabia, y no es un mercader “tramposo”.

-           Si a los hombres y mujeres nos ha hecho “tal como nos ha hecho” es porque así hemos de ser: “de esta manera”, sexuados, atractivos y “apetecibles” los unos hacia los otros...



Así, el CARNAVAL es una llamada de atención. Es una ocasión para recordarnos que la vida pasa… ¡y que si la dejamos escapar, la perdemos!

Si realmente nos parásemos a pensar que la vida el sólo un “momento que pasa” y ya no lo vamos a poder recuperar jamás… ¡haríamos de cada hoy una fiesta de carnaval!


Cuando en siglos pasados, “los fieles cristianos” se planteaban (profundamente), al llegar la “cuaresma”, el sentido de lo que somos: carne mortal, hacían la fiesta de la vida, del gozo del cuerpo; de esa realidad que somos “carne y huesos”, además de espíritu.



Hoy en día, ni se piensa tanto (tenemos tantas “distracciones” que nos llegan por todas partes) ni en la muerte, ni se tiene tanto miedo al “más allá”… (muchas veces porque se obvia, otras porque se prefiere no creer más que en lo que se toca o contabiliza).

Pero, me parece que no estaría de más pensar, siquiera de vez en cuando, que (lo queramos o no) esta realidad nuestra tiene “fecha de caducidad” y eso es algo inapelable: hoy estamos vivas o vivos pero ¿y mañana?, ¿qué garantía tenemos de que vamos a amanecer tan vivos como ayer?



Y si lo que tenemos es sólo el HOY, este AHORA, ¿por qué no hacer la fiesta de SER lo que somos, ¡Cuánto somos!, y ponernos a disfrutar de todo lo disfrutable que nuestra naturaleza (humana) nos posibilita para darnos el gusto de VIVIR?



Pero, además, dicen ahora los científicos que mirar los cuerpos de otra gente desarrolla la inteligencia… A lo mejor, en esto también “la Naturaleza es sabia” y es una tontería taparnos los ojos para no ver todo el encanto que tenemos delante…

Ya decía el viejo refrán que “lo que se van a comer los gusanos…, que lo vean antes los cristianos”.




Así es que, démonos ¡el gusto de vivir!


Miremos, toquemos, olamos, escuchemos, saboreemos…: nuestros ojos son para ver (sabiendo, también, que los ojos de las otras personas son  para vernos); que tenemos manos para tocar… y también para aplaudir; que nuestros cuerpos tienen piel que siente y brazos para abrazar; que tenemos narices para oler, para percibir la cercanía de otras personas; que tenemos bocas para hablar, para comer y también para besar; que nuestros oídos (que son dos) nos posibilitan muy bien para escuchar y percibir gratos sonidos…




¡ES CARNAVAL!