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jueves, 20 de febrero de 2014

PASEANDO POR SEVILLA


 





















RE-CONOCER SEVILLA



Pasear, conocer, reconocer Sevilla… es grata aventura de la que nadie debe privarse. Porque, efectivamente, conocer, reconocer Sevilla... es más que leer un libro  o aprender   unas palabras, unas fechas, el nombre de unos arquitectos insignes y los estilos que usaron  en el arte de la construcción.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Re-conocer Sevilla es ir  bebiendo del inagotable manantial de la historia. Historia que está viva y vibrante por los lugares donde su gente... camina o espera,  canta o piensa en silencio, ríe o llora, espera o hasta desespera,  teme o cree, añora o reza, quiere, olvida, sueña, recuerda...


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Son miles de calles y avenidas, plazas, plazuelas, callejuelas, callejones, rondas, parques y jardines, paseos y alamedas, glorietas...


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 

 

La mejor forma de conocerla, de re-conocerla,  es andarla, corretearla, rebuscarla...: edificios históricos, admirables templos, casonas y palacios, conventos, patios íntimos,  corrales de vecinos, increíbles su Alcázar mudéjar y su Catedral cristiana, murallas romanas y árabes, y sus puentes... sobre el río. El río, gran río   de Andalucía; aunque a su paso se queda inmóvil quizá dudando... qué hacer (si seguir  o quedarse...) porque...

 
 















 



















Hay barrios bien antiguos, arrabales y collaciones,  nuevas barriadas, polígonos: Sevilla está viva y crece y se renueva... sin dejar nunca de ser.

























 
Ciudad escogida por tantos y diversos pueblos, lugar donde conviven las edificaciones hechas de piedra y de ladrillo, con las de ladrillos y azulejos,  o con las de hierro y vidrio... 

 





 


 




















Fisonomía única de ciudad mora y judía y cristiana... que grita al Cielo con sus  torres y campanarios y espadañas..., porque es tierra de gente creyente que siempre ha sabido estar pendiente de lo Alto.


 
























 

Sevilla también tiene sus puertas. Pero son puertas abiertas;  que las llaves, desde que el Rey Fernando Santo las rescató,  ya nada cierran: ya no son signo de tesoro que se esconda;  si no ofrenda a toda la humanidad del patrimonio universal aquí asentado   que se abre a los cuatro vientos. Todas las puertas son invitaciones a la comunicación: puerta de Córdoba, puerta a Jerez, puerta de Triana, de la Macarena, del Sol y la Real. Puertas... sin llaves ¡hasta del Cielo!

 



 



 



 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Nacida a las riberas del gran río, reina de Andalucía,  Híspalis, Isvilia, Sevilla..., desde siempre es como un crisol privilegiado  donde, a lo largo de los siglos, se han fundido millares de millares de gentes y culturas. Quizá fue pensada por el Hacedor del Cosmos para que siempre sea el inconmensurable destino de los encuentros donde poder fundir la riqueza de las gentes.

 



















Así, a Sevilla, siempre llegaron extranjeros, fundamentalmente en son de paz, buscando establecer lazos: fenicios, griegos, romanos, cartagineses, árabes, judíos...


 















Y sigue siendo, ahora, irrenunciable lugar de cita y encuentros de inagotables viajeros de toda procedencia: de los ricos países del Norte y de los empobrecidos pueblos del Sur del mundo...


 


















Incomprensiblemente siempre hay espacio espaciado y tiempo intemporal para sus coches de caballos o para dejar paso a un estremecedor desfile procesional o unas anacrónicas carretas de bueyes...

 


 













 
 
Conocer, reconocer Sevilla es... ¡una grata aventura!, sobre todo yendo al amparo y compañía de alguna persona conocedora de sus tesoros. Pues conocer Sevilla no sólo dar pasos, caminar observando su belleza y monumentos; que también es el encuentro con personas con las que ir disfrutando cada espacio: Sevilla, sobre todo tiene un tesoro grande al que nunca jamás terminamos de valorar lo suficiente: su gente, que se siente unida a la su tierra... ¡que sigue viva y vibra!

 
 






























Siglos de esplendor  no impiden seguir observando el silencioso murmullo de la lluvia, o emocionarse por los recuerdos que siguen presentes en aquella esquina, o la azotea de la giralda...  y mirar las  palomas, las múltiples palmeras o las macetas de gitanillas que cuelgan...   O pasear sin más destino que ir oyendo el sonido del agua de las fuentes, o dejarse ir gozando del aroma y el color renovado en los jardines, o saboreando el olor incomparable, siempre nuevo, de los naranjos en flor, en primavera.


 
 





































 

Ojalá que siempre tengamos la vida por lo esencial y lo más sublime de lo que hemos de gozar en todo trance... Si la ciudad es hermosa, es... ¡para disfrutarla!

 
                                                                  José – María  Fedriani

 


























4 comentarios:

  1. ¡Gracias por brindarme un paseo por esta bella y queridísima ciudad!

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    1. Gracias a ti... por pasear por Sevilla y ¡por otras tantas cosas!

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  2. Hola Jose-Maria, que buen reportaje fotográfico sobre Sevilla, me has hecho recordarla muy gratamente, preciosa y señorial, muchas gracias por compartirlo con nosotr@s, BFDS.

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  3. gracias por tu reportaje Jose Maria, he vuelto a vivir muchas cosas de mi pasado,me ha hecho reir y llorar, pero estoy contenta de tenerlo a mi alcance y verlo de vez en cuando.GRACIAS

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