Páginas vistas en total

lunes, 2 de junio de 2014

A PROPÓSITO DE...


  
OPINIONES
 
(MIRANDO A LA CALLE)
 

En España estamos viviendo un momento histórico: el Rey don Juan Carlos I de España anuncia su abdicación. Es dos de junio de 2014. Se va y deja la corona a su hijo Felipe.

Hace casi 40 años, Juan Carlos I fue proclamado rey de España, el 22 de noviembre de 1975, dos días después del fallecimiento del general Francisco Franco, quien gobernó el país desde el final de la Guerra Civil Española en 1939.


Tres años después, la Constitución Española, es ratificada en un referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978, convierte a España en una monarquía parlamentaria.

Aceptando estas realidades, hay una mayoría social en España partidaria de la continuidad y eso hace suponer que todo transcurrirá por los cauces previstos y Felipe de Borbón será el segundo Rey de la España democrática. Sin dejar de sentirse monárquico por muchas razones culturales y una importante razón utilitaria: la convivencia de todo el pueblo español, pues aquí la Monarquía siempre amparó a los republicanos, pero la República nunca toleró a los monárquicos.

Mucha gente (quizás haciendo pensamiento el refrán de que “más vale lo conocido que lo por conocer…”) cree que nuestra Monarquía es un mal menor y, además, constata que ha habido más libertad en España bajo las monarquías que bajo las repúblicas.

 
Pero, a la vez, el momento actual no es muy alentador: en España tenemos corrupción y pobreza, despilfarros e insolidaridad, gente que se hace cada vez más rica quitando derechos a quienes se van haciendo cada vez más pobres. Por ejemplo, un estudio de Intermón Oxfam indica que los 20 españoles más ricos acumulan 77.000 millones de euros, y eso es más de lo que suma lo que tienen el 20% de las personas más pobres.

El descontento es grande, sobre todo en algunos sectores de la población.


Aprovechando el momento histórico del anuncio de la abdicación del Rey Juan Carlos I a favor del príncipe Felipe, tanto en Madrid, como en Barcelona, Valencia, Bilbao y algunas otras ciudades de España, miles de personas han salido a las calles para manifestarse a favor de un referendo en el que se decida sobre el futuro de la monarquía.

No todo el mundo, en España, está de acuerdo con una sucesión en el trono sin una elección previa que plantee la cuestión de si la monarquía parlamentaria debe continuar o por el contrario debe ser sustituida por una república.

Pese a que muchos piensan que hay un “pacto constitucional” que toca respetar,  aparecen repetidas demostraciones callejeras en favor de una nueva república, como camino a un verdadero “cambio” que mucha gente espera desde hace años. Y, ahora, por primera vez en los casi 40 años de reinado de Juan Carlos I, la disyuntiva entre monarquía y república (que hasta ayer había sido una cuestión minoritaria) hoy ha llegado a convertirse en un tema de debate social.

La decantación intelectual de mucha gente (aunque no lleguen a ser mayoría) por la opción republicana es respetable y legítima. Pero no es de sentido común  añorar algo que resultó un completo fracaso en nuestra tierra, tal y como han consignado historiadores de todo signo.


Pues recordemos que:

Durante la supuesta Arcadia republicana, de 1931 a 1936, la economía funcionó mal, las huelgas revolucionarias constituían un desafío constante, con el anarquismo fuera de control, la intolerancia se exacerbó. En noviembre de 1932 aquel Gobierno tan democrático suspendió y se incautó de cien publicaciones, por la osadía criminal de pensar diferente. Multas, detenciones de directores y secuestros estuvieron a la orden del día (la hemeroteca de aquellos años resulta bien elocuente).

En los últimos tiempos (queriendo “recuperar la memoria histórica”) se ha hablado mucho de las víctimas del franquismo, pero no siempre se ha hecho memoria de las muchas personas que los republicanos mataron a mucha gente en España,  por ser de derechas, por ir a misa y por ser curas y monjas o, simplemente, por no simpatizar con lo que algunos descerebrados hacían para imponerse.

 

Así, para muchos, el recuerdo de la república es aún sinónimo de odio, de guerra y de miseria: las matanzas de Paracuellos de Jarama, realizadas por Santiago Carrillo y el testimonio de las minas de Camuñas, donde existe un pozo en el que aparecieron muchas víctimas de asesinatos de republicanos y  comunistas durante la guerra civil.

 

MODELOS DE ESTADO                             
 
Como ya hemos dicho (no sólo yo) otras veces (y ha quedado más que corroborado por los hechos) las derechas y las izquierdas  no son más que pura fantasía. Todo grupo o formación política son “de izquierdas” mientras están en la oposición…, pero al lograr los escaños necesarios (pasando a ocupar su “banco azul”), se hacen automáticamente “de derechas”, o sea conservadores.

 
Y nadie “cumple” (al menos a cabalidad) con sus promesas electorales, y todos se olvidan (demasiadas veces) de la gente de la calle… y hacen lo que sea por mantener (conservar) su posición de élite.

 
Ya un viejo militante me decía una vez: “es que todos, cuando tenemos cosas que conservar, nos hacemos conservadores” (¡lógico!, ¿o no?).

 
No es que el poder corrompa. Es que “el juego es así”: casi nadie trabaja para alcanzar una posición y luego renuncia a ella “por fidelidad” a sus principios e ideales… Más bien, cuando llega “el momento de la verdad”, se acomoda a “las circunstancias”.

 


El régimen político o modelo de organización del poder constitucional que adopta un  Estado, en función de la relación existente entre los distintos poderes, varía de unos lugares a otros, por imperativos históricos, culturales, territoriales, religiosos, etc.

 
Y la denominación correspondiente a la forma o modelo de gobierno, también varía. Así, hay muy distintas nomenclaturas para denominar las distintas formas de gobierno, desde la Antigüedad hasta nuestros días.

 
La clasificación puede hacerse según el carácter electivo o no de la Jefatura de Estado: las repúblicas (electivas) y las monarquías (no electivas); por el grado de libertad, pluralismo y participación política: sistemas democráticos, autoritarios y totalitarios; o, según la relación existente entre la jefatura del Estado, el gobierno y el parlamento: presidencialistas y parlamentarias.

 
Clasificaciones no son excluyentes, sino que se complementan, de modo que una república puede ser democrática o no democrática; una democracia republicana puede ser parlamentaria o presidencialista; y una monarquía puede ser democrática y parlamentaria, no democrática o situarse en posiciones intermedias (habitualmente calificadas con términos propios de sus formas históricas: monarquía feudal, absoluta, etc.).

 
De todos modos, podríamos decir que, desde que el mundo es mundo, no ha habido un  acuerdo para determinar las diferentes formas de gobierno o de Estado.

 


Y poniendo algunos ejemplos:

Para Olatón, la forma perfecta era la aristocracia (gobierno de los mejores, o sea de los filósofos); siendo formas degeneradas la timocracia (gobiernan los que tienen honor),la plutocracia (gobiernan los que tienen riqueza), oclocracia (gobierna la muchedumbre y tiranía (gobierna un usurpador).

 
Aristóteles, atendiendo al bien público, habla de formas puras o perfectas: como monarquía, aristocrácia y democrácia; e impuras o corruptas, degeneradas de las perfectas: tiranía, oligarquía y demagogia.

 
Montesquieu modifica la clasificación aristotélica con la distinción entre monarquía, despotismo y república; y dentro de ésta entre democracia y aristocracia.

 
Rousseau distingue democracia, aristocracia y monarquía, como Aristóteles, pero sentencia que se confunden en su ejercicio.

 


El pensamiento político marxista se centra en el componente de la clase social del Estado como superestructura jurídico política que justifica y asegura la posición de las clases dominantes y las relaciones sociales de cada modo de producción (esclavista, feudal, capitalista).

 
De los modelos de gobiernos actuales, la forma más común es república, seguida de la monarquía.

 

Repúblicas:
 
Una república es la forma de gobierno en la que el jefe del estado no es un monarca, sino un cargo público cuyo ocupante no tiene derecho por sí mismo a ejercerlo, sino que lo ha obtenido mediante un procedimiento de elección pública y está sometido al escrutinio público (ambas cosas en teoría), y su denominación es compatible con sistemas unipartidistas, dictatoriales y totalitarios.

 
Aunque el republicanismo identifica como valores republicanos los de la Revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad), no es posible identificar históricamente república con democracia o igualdad ante la ley o con la elección de todos los cargos de forma democrática.

 
En las repúblicas presidencialistas, el presidente es la cabeza activa de la rama ejecutiva del gobierno y es elegido y se mantiene en el cargo independientemente de la legislatura. El presidente es a la vez jefe de Estado y jefe de gobierno.

España ha tenido dos experiencias de gobierno republicano. La primera duró poco más de un año, desde el 11 de febrero de 1873 hasta el 29 de diciembre de 1874.

La segunda república se instauró el 14 de abril de 1936 y finalizó el 1 de abril de 1939, al terminar la Guerra Civil que siguió al golpe de Estado encabezado por Franco.

 

Monarquías:

Las monarquías son sistemas de gobierno en que la jefatura del estado es personal, vitalicia y designada según un orden hereditario (monarquía hereditaria), aunque en algunos casos se elige, bien por cooptación del propio monarca, bien por un grupo selecto (monarquía electiva).

 
Las formas de monarquía, a lo largo de la historia, fueron feudales, plenas o autoritarias, parlamentarias, constitucionales.

 
Tanto en las monarquías constitucionales como en las monarquías parlamentarias actuales, el monarca, aun manteniendo su posición como el jefe de estado, tiene poderes muy limitados o meramente simbólicos o ceremoniales. El poder ejecutivo es ejercido en su nombre por el gobierno, dirigido por un jefe de gobierno, primer ministro o presidente del gobierno.

 
Éste es nombrado a través de procedimientos fijados por la ley o la costumbre, que en la práctica significan el nombramiento del líder del partido o coalición con mayor representación en un parlamento o cuerpo legislativo elegido democráticamente.

La monarquía parlamentaria es una de las formas de gobierno existente en las democracias occidentales actuales, vigente en diversos países de Europa, en la que el rey ejerce la función de jefe del Estado bajo el control del poder legislativo parlamento y del poder ejecutivo (gobierno), es decir, “el rey reina pero no gobierna”  (expresión acuñada por Adolphe Thiers). Las normas y decisiones emanadas del Parlamento regulan no sólo el funcionamiento del Estado sino también la actuación y funciones del propio rey.

En la mayoría de las monarquías parlamentarias actuales la autonomía y poderes del monarca están muy limitados y recortados, pudiendo el Parlamento en cualquier momento tomar decisiones que obliguen a su cumplimiento por parte del Rey.

La toma efectiva de decisiones se mantiene en el Gobierno, mientras el monarca (según una Constitución)  sanciona las leyes y decretos que le son presentados para firmar por parte del Gobierno y Parlamento.

El poder legislativo reside en las asambleas representativas, con la sanción del Rey; el poder ejecutivo, en los ministros; el poder judicial, en los tribunales. El primero hace las leyes, el segundo prevé a su ejecución general, el tercero las aplica a los casos particulares.

El Rey viene a ser como un cuarto poder el poder neutral que tiene la misión de hacer correcto el funcionamiento del poder ejecutivo, legislativo y judicial, división de poderes, como condición para la salvaguardia de las libertades del individuo. Este poder neutral ha de evitar que los otros poderes se crucen entre sí, conservando cada cual su lugar.

 

Democracias:

Considerando  a la democracia como el sistema “menos malo” de lo que (por ahora) es posible; vamos a otro punto: Con monarquías parlamentarias, como Suecia, Noruega, Holanda, Inglaterra o España.

 
Recordar la historia es una tontería si (por lo que hacemos, como consecuencia) no nos sirve para aprender para el futuro.

 
El “orden establecido” en las sociedades legalmente organizadas, no se puede estar subvirtiendo siempre, continuamente:

 
1º) porque no es sano (la rebeldía permanente, tantas veces, lleva a la esquizofrenia),

 
2º) porque no se puede pelear contra el poder legal, asó porque sí (ello lleva, normalmente, al fracaso),

 
3º) porque frente al desorden, a la tiranía descontrolada de las gentes, la única posibilidad de actuación posible (o al menos la más rápida y considerada eficaz) por parte de quien tiene la autoridad, es la fuerza. Y esto (también está comprobado históricamente) siempre conlleva muchos (demasiados) sacrificios por delante.

 
Hace falta tener plena confianza (con adecuadas estrategias y controladas medidas de las fuerzas reales que se tienen) contando con tener la total certeza del éxito; sabiendo que el dar la vida por esa causa va a tener sus frutos (logros reales) para arriesgarlo todo por defender un cambio radical-revolución frente al poder establecido (quizá considerado ilegítimo).

 

 
CONTESTUALIZANDO.-

 
A lo largo del siglo XX, hemos visto como de las dictaduras (en muchos países) se ha pasado a la democracia. Las democracias deben llevar a que la ciudadanía tenga toda la participación posible en hacer “política” en todos los ámbitos de la vida pública.  Para que, cada quien, tenga capacidad (adultez) de gestionar su vida; en convivencia con los otros, pero sin tener que “pedir permiso” hasta para pensar… libremente. La meta es la libertad de pensamiento y de acción.

  
La palabra “política” viene del griego, de “politikós”, o sea “ética de la ciudad”, o lo que es lo mismo: búsqueda del bien común de la ciudadanía; que la convivencia de la ciudadanía sea la correcta en todo momento.

 
Pero si utilizamos la política (y es lo que suele suceder en mucha “clase política”) para alcanzar “poder” que lleva a quien lo tiene a “no hacer” lo que se puede hacer, sino a imponer normas a la ciudadanía para que haga lo que “quien tiene unos ciertos poderes” diga lo que se tiene que hacer…, entonces estaremos imponiendo lo que se llama “tiranía” y, por desgracia, eso es algo que vemos todos los días, y en demasiados lugares de la Tierra: quien manda, piensa y decide por los demás, lo impone con sus criterios (acertados o erróneos) sobre la ciudadanía.

 
Todo lo contrario de lo que debiera ser. Porque lo que el pueblo, la “polis” necesita es que alguien, que algunas personas, gestionen ciertas cosas para que el orden público reine, y no que se dediquen a “marear la perdiz” para que nadie sepa nunca ni la hora que es.

 
No existe ningún modelo político perfecto, sólo más o menos correcto. Entre otras cosas porque todos son llevados a cabo por seres humanos y nadie es perfecto; pero es que, además, como todos somos distintos, lo que a una persona le parece correcto, a otra le parece un disparate. Y el llegar a acuerdos…, es muy muy difícil. Así, tantas veces, se llega a los “consensos” por cansancio más que por convencimiento.

 
Así que, hoy por hoy, no existe un “sistema de gobierno” que pueda considerarse “el bueno”. Y lo que para un lugar del mundo, en unas circunstancias concretas, puede ir bien, no será mínimamente válido para otras naciones.

 
 

Pero, aparte de todo esto, pensemos: la ciudad, una población, un país… son como una familia. Y de lo que se trata es de convivir en paz y armonía, haciendo que cada persona tenga y disfrute de lo que necesita¸ ni más ni menos. Con mutuo respeto y capacidad de colaborar en el bien común (que es como se hacen las cosas, no criticando ni pretendiendo echar por tierra toda iniciativa ajena).

 
La madre naturaleza configuró a los humanos para la sociedad, seres sociables y capaces de convivir, con el deseo de agradar y alcanzar un entorno de armonía. Eso es ¡lo que nos pide el cuerpo! Lo común es una necesidad vital.

  

Si nos organizamos, para estar bien con quienes nos acompañan, en nuestro entorno, no es por moda, es nuestra predisposición natural: somos “animales políticos”.

 
La democracia debe marchar hacia la autogestión, no hacia la dictadura (ni siquiera la del proletariado).

 
Pues visto está que, muchos que han ido hablando del modelo comunista como solución a los muchos problemas que conlleva el capitalismo, cuando ha llegado el momento se han subido al carro del autoritarismo. El ser “comunista” tiene que empezar por uno mismo (pienso yo), O sea: poner los propios bienes a disposición de los demás, y no al revés: de considerar que lo de los otros es mío (que no hay propiedad privada para los otros) y puedo hacer con las cosas de los demás lo que a mí me apetezca (eso es cara dura).

 
 

Lo cual no quiere decir que yo bendiga el neoliberalismo que padecemos. La realidad es que tenemos un “sistema” (establecido casi mundialmente) que quita a unos sus pocas posesiones para dárselas a otros (que mucho ya tienen). Esto no es el orden natural. Lo justo (pienso) es considerar que los bienes de la Tierra son para uso y disfrute de todos los habitantes del planeta.

 
Las urnas no son para dar poder a unas cuantas personas, para que manejen todo lo público desde “el poder” que se les ha concedido para que ejerzan “el arte de gobernar”, como si tuviésemos una dictadura (a plazos).

 
Están equivocados quienes creen que la democracia es lograr el suficiente “poder” para “mandar” a los demás y llevarles a hacer lo que ellos quieren o a que todo el mundo acabe pensando como ellos piensan.

 
Quizás que el error sea algo que está en la base del planteamiento de nuestras actuales democracias: partido viene de partir. Cuando yo pienso que una verdadera democracia sería hacer posible unir, aunar fuerzas, conglomerar esfuerzos: si queremos el “bien común” ¿por qué dividirnos, enfrentarnos, atacarnos? Eso no es democracia sino “partidocracia”.

 
 

Por eso, democráticamente, el pensar que las mayorías absolutas son buenas es el mayor de los errores. Lo correcto es, siempre, la pluralidad. Nuestra realidad es plural, no podemos encorsetar una grandeza en un embudo de estrechuras.

 
Porque, además, las mayorías absolutas pueden desvirtuarte en tiranías: recordemos que  fueron las urnas las que, democráticamente, le dieron el poder al socialista (del Partido Nacional socialista Obrero Alemán) Adolf Hitler y, entre los años 1933 al 45, lideró un régimen totalitario (Tercer Reich)para cometer una de las mayores barbaries que siempre se recordarán del siglo XX. 

 
 

VISIÓN CRÍTICA.-

 
Mucha gente piensa, como decía Francisco de Quevedo, que “Poderoso caballero es don Dinero”... Y que quién manda en Europa el mismo que en EEUU o en China, ¡Don Dinero!  Así que, cuando llegan unas elecciones, ¿para qué leer los programas de los partidos... o reflexionar mucho..., si al final va a ser lo único que puede ser, lo que ahora toca, lo que viene marcado por el momento histórico..., según los intereses de D.D.?

 

También hay quienes tienen el pleno consentimiento de que se nos hace creer que tenemos democracia, que decidimos “algunas cosas” con nuestros votos... pero ¡todo está programado..., hasta nuestros votos! Se nos dice (de una u otra manera) lo que tenemos que hacer y a quien nos toca “votar”, en cada momento. Mientras, ellos (quienes gobiernan)  que están “de acuerdo” en este juego de la política... saben bien lo que tienen que hacer y “representan”  muy bien “su papel” (unas veces les toca “gobernar”,  otras cuestionarlo todo, oponerse a lo que hacen quienes tienen la digna tarea de llevar para adelante “su programa”... Así son las “reglas” de este “arte”. Y punto.

 

Se dice que tenemos “democracia”; pero democracia, o sea “gobierno del pueblo”,  es otra cosa, consecuencia lógica del concepto de política que es trabajar por “hacer realidad lo que es posible” y no un “arte de gobernar”.

 


Por otra parte, se suele plantear la política en términos “simétricos” de izquierda, centro o derecha, lo cual es algo muy pasado, una vieja dialéctica forzada del siglo pasado que está muy obsoleta, anticuada. Hoy, realmente, no existen ni las derechas ni las izquierdas, eso es una manera de esquematizar las opciones políticas totalmente inadecuada. Todos los que llegan al poder se hacen “conservadores”, pues quieren “mantener” lo que tienen.

 

Para mucha gente, el compromiso democrático se reduce a ir a votar de vez en cuando, cuando nos toque hacerlo. Y esto, a veces, quizá demasiadas veces, esto es dejadez; pues, si con nuestros votos, hacemos que unas personas lleguen a tomar las riendas de nuestro país, eso nos debe implicar, pues no es lo mismo “dejar” que sean unos u otros quienes decidan tantas cosas (quizá demasiadas) para unos cuantos años. Pero no debe quedar en echar una papeleta en una urna; pues, en una democracia de verdad, de lo que se trata es de colaborar en lograr el bien común, y eso debe corresponderle a todo el mundo. No a un grupo de personas de una misma ideología, pues a lo mejor no todo ese “grupo político” tenga ni posibilidades materiales ni personas capacitadas para todo lo que hace falta…

 


La Democracia de “mayoría” que se impone, no es democracia; pero menos aún si quienes gobiernan son las minorías “con pacto”, dejando afuera la que fuera en las urnas la “minoría mayor”. Y éstos son, por cierto, unos hechos muy comunes…

 

(*) Algunos de estos comentarios y criterios están tratados en el libro “Grandes Regalos” donde el profesor Adalberto comenta sus opiniones con el alumnado.

 

 
 


A MODO DE CONCLUSIÓN:

 
Quizás, como bien queda demostrado, no existe un modelo perfecto de gobierno. Pero,  a lo largo de la historia, hemos visto como, quizás, las monarquías han logrado los mejores logros. En el “modelo” República se incluye un elemento atractivo para el pueblo y es que “todo el mundo” puede llegar a presidente de la República. Claro que eso sólo es una ilusión… porque para alcanzar el poder… ¡hay que poder!

 

Quiero decir: hay que ser lo suficientemente “pudiente” o, lo que es lo mismo,  potentado económicamente y estar lo suficientemente corrupto para entrar en el juego… de medrar, cueste lo que cueste.

 

Pero ¿de qué es de lo que se trata?, ¿qué es lo que nos interesa: que todo el mundo pueda gobernar o de que quien lo haga lo haga bien para todos, para lograr el bienestar del pueblo?

 

En las monarquías en general, a la persona que hereditariamente le corresponde reinar, se le prepara para ello desde su infancia. Y hay que reconocer que esto es un valor añadido a otros modos de gobierno.

 

Por ejemplo, en las repúblicas, puede llegar a alcanzar el poder un actor de cine o un comerciante con dinero…, sin la menor valía para gobernar los destinos de una nación o país.

 

Dentro de las monarquías, y quizá el modo de ejercerla en la Iglesia Católica sea el mejor: de hecho es el modelo que más dura, pues está funcionando ya 20 siglos.

 

Hay una selección previa. No todo el mundo puede llegar a gobernar… Hay que “pertenecer” previamente a una “clase” (de gente ya preparada, con formación adecuada, con experiencia y un tiempo de haber demostrado sus cualidades…) y luego la elección democrática, desde la esa élite de los ya capacitados. No hay votos de todo el mundo (que parece bonito pero, tantas veces, es una insensatez) sino de quienes saben (están capacitados para ello previamente) de lo que se trata, de lo que se arriesga o se pretende.

 

Y la cuestión funciona, claro que lo normal es que quien logra esta dignidad sea una persona quizás demasiado mayor para aportar “frescura” a la conservadora institución…

 

En verdad que estamos manteniendo una serie de regímenes políticos obsoletos. Todos tienen ventajas e inconvenientes. Pero, de todos modos, quizá la República sea el que tiene más inconvenientes, aunque es el sistema más extendido, en la actualidad, por el ancho mundo.  En las monarquías, se prepara al monarca desde niño (que es algo positivo), pero puede nacer idiota o muy incapaz (y será un desastre total).

 


El “derecho” a ser rey, por haber nacido de unos padres que lo son, es discutible. Claro, como todas las herencias del mundo: también las fábricas, las fincas, las bodegas, los negocios, etc. ¿Por qué va a ser para el hijo o los hijos de quienes las fundaron, las adquirieron, las pusieron en marcha… si es un inepto, sin no han hecho nada para merecerlo? Acaso ¿el capital si se puede heredar pero no el derecho a gobernar un pueblo? Yo creo que es algo discutible ¿o no?

 

Lo de las dictaduras, el orden establecido por medio de la fuerza, hasta la violencia en muchos casos, sólo tiene justificación cuando en un país impera el caos… Claro que quizás también cuando no hay nadie capaz de gobernar en el desorden… Pero esto siempre tendría que ser algo muy transitorio, pienso.

 

La República, como supuesta “respuesta” para solucionar el problema de las monarquías y las dictaduras, resulta un mal remedio, pues demasiadas veces se convierte en una especie de “dictadura popular”. Y como el pueblo no siempre tiene la razón, aunque sea mayoría… pasa lo que ha pasado y aún pasa en muchos países.

 

Porque en las repúblicas resulta que, pareciendo algo más lógico en esta época que tanto se valora lo “democrático”, tiene el gran fallo de que, normalmente, es el capital el que “convence” al pueblo de lo que quiere…

 

Y, al final, son los bancos y los potentados económicamente (que no intelectualmente) quienes mueven sus fichas para que logre gobernar quienes a ellos les interesa… (o sea, gente guapa que se convierte en “muñecos de guiñol”). Así, al final mandan las multinacionales.

 

Por otro lado, siempre será un “populista” (alguien con buena imagen, que “da la talla”) pero que lo más probable es que no esté capacitado para gobernar.

 

A veces, gobiernan doctores en medicina, otras veces actores de cine o, en el mejor de los casos, empresarios… (¿de qué?, pues a veces pueden ser de empresas que necesitan apoyo gubernamental)

 

Si llegan ricos al poder, malo; porque ya son élite. Si eran pobres cuando llegan, se preocupan y ocupan de que sus familiares, amigos y ellos mismos, mejoren su situación mientras estén… en esos lugares privilegiados para prosperar (cosa que también pueden hacer los ministros “con cartera” (claro).

El hecho real es que ya la ciudadanía no está tan dormida y se quiere sentir partícipe en la aventura de hacer la historia, junto a sus gobernantes, participando en la digna tarea de buscar el bien común.

 

Y, seguramente, ningún “modelo” anterior sea válido para un futuro ya casi inmediato.

 



Ahora presentimos el alumbramiento de una nueva realidad (política). Es la hora de trabajar, todos juntos, por una sociedad más justa y armoniosa.  Necesitamos abrir nuestra imaginación y poner el corazón en lo que hacemos, pues la historia nos reta a hacerlo lo mejor posible.

 

Soñemos con que ES POSIBLE UNA SOCIEDAD MEJOR. Ojalá que, todo avance sea para bien.

 

 

 

 

 

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. PUES SÍ, YO QUE SOY REPUBLICANA DE TODA LA VIDA, COMO LA PRINCESA LETIZIA ANTES DE CASARSE CON EL FUTURO REY FELIPE, ENTIENDO QUE AHORA ME QUEDO CON LA MONARQUIA. CREO QUE EN ESTOS MOMENTOS, EN ESPAÑA, LO MÁS SENSATO ES NO MOVER MUCHO EL PASTEL, QUE SE PUEDEN CAER LAS VELAS. QUE LA ESTABILIDAD POLITICA ES DIFÍCIL DE MANTENER Y SI NOS PONEMOS A ¡CAMBIARLO TODO! PODEMOS ACABAR A TIROS. QUE PARECE QUE NO TENEMOS MEMORIA HISTÓRICA, PUES LOS ESPAÑOLES SOMOS MUY APASIONADOS Y ESTO, EN POLÍTICA, ES MUY PELIGROSO. PUES DESPUES DE LA 2ª REPUBLICA, QUE SOLO DURÓ APENAS TRES AÑOS, NOS CALLERON 39 AÑOS DE DICTADURA. ANDA YA, MEJOR QUE SIGAMOS COMO ESTAMOS.

    ResponderEliminar