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viernes, 9 de octubre de 2015

COMUNICÁNDONOS ADECUADAMENTE…


LA ASERTIVIDAD

Hoy, si no os parece mal, os voy a proponer seguir hablando de mejorar nuestro lenguaje, pues no sólo “por la boca muere el pez”, sino que, para los humanos, en la boca está un muy importante medio para comunicarnos”.

Y la palabra, el habla, podemos utilizarlo bien, o podemos no saber hacerlo y hasta fastidiar la buena comunicación con otras personas.


El caso es que: la vida en sociedad, requiere una serie de “habilidades” que favorezcan estas relaciones; para que las hagan más válidas: agradables y ágiles; que no obstaculicen nuestra convivencia o nuestro trabajo en grupo. Que hagan más grata nuestra vida en sociedad. 


El tema tiene mucho que ver con ese constante reto personal de crecer como personas, y también con ese tan profundo deseo que llevamos dentro de ser felices.

De sobra sabemos que “NO ES POSIBLE SER FELIZ A SOLAS” que decía Albert Camús.

Por ello, las relaciones interpersonales son la fuente de nuestro continuo enriquecimiento como personas; y también pueden ser la causa de muchas insatisfacciones. 


Vivir con los demás es un arte que puede aprenderse no sólo para caer bien, sino porque la integración social es un factor clave del bienestar emocional.

Por ello, hemos de ejercitarnos en producir más a menudo conductas que nos produzcan mayor felicidad. 

Nuestras “habilidades sociales” son esa serie de conductas y gestos a través de los cuales vamos expresando actitudes personales, a la vez que nuestros sentimientos, deseos y derechos, siempre de la manera más adecuada y de modo que resuelvan satisfactoriamente los problemas que tengamos con los demás.


Si cultivamos y dominamos estas habilidades, al saber aclarar nuestras posturas y planteamientos, podremos conseguir satisfacciones en el ámbito de la familia, de las amistades y en las relaciones amorosas. También en el ámbito laboral: a la hora de conseguir un empleo, o al relacionarnos con jefes y compañeras o compañeros de trabajo. 

El arte de convivir con los demás consiste en no quedarse sin llegar, pero tampoco en no pasarse.

Conseguir un equilibrio es lo que se conoce como asertividad: se trata de ser tal como somos (nosotras mismas, nosotros mismos) y resultar convincentes sin incomodar a los demás, al menos no más de lo imprescindible.

La persona persuasiva, eficaz en su comunicación y que resulta agradable a sus interlocutores puede considerarse asertiva.


Veamos lo que entendemos por “quedarse corto” y por lo contrario, o sea “pasarse”.

“Quedarse corta”, “quedarse corto”, sería la incapacidad para expresar con libertad lo que se siente, la propia opinión; en estar constantemente pidiendo disculpas, y hasta  una falta de respeto hacia las propias necesidades.


Convivir con personas no-asertivas, a su vez es difícil; porque hay que estar siempre adivinando qué es lo que desean o les desagrada, y eso puede resultar muy cansino.

Y “pasarse” es tener unas conductas agresivas, ir avasallando los derechos de las demás personas… por la defensa de los propios. Las conductas agresivas pueden incluir desconsideraciones, insultos, amenazas y humillaciones e incluso ataques físicos.


Las consecuencias, a largo plazo, siempre son negativas incluso para la misma persona agresiva que se irá quedando sin amistades.

La conducta asertiva es la más hábil socialmente porque supone la expresión abierta de los sentimientos, deseos y derechos pero sin atacar a nadie. Expresa el respeto hacia la propia persona y también hacia las demás personas. Aunque, lógicamente,  ser asertiva o asertivo no significa la ausencia total de conflictos con otras personas. Lo que sí sucede es que va a saber gestionar los problemas cuando surgen.

…  …  …  …  … 

Podemos hablar fundamentalmente de tres modelos de comportamiento:

El modelo no asertivo: que es “pasivo”, se caracteriza por interactuar “demasiado poco, demasiado tarde” o, incluso, “nada..., nunca”.

El modelo agresivo: que se caracteriza por actuar “demasiado, demasiado pronto” y  “demasiado, demasiado tarde”.

El modelo asertivo: cuyas características son: “lo suficiente” de las conductas adecuadas, en el momento apropiado o correcto.

…  …  …  …  … 

Es una filosofía de responsabilidad individual… que conlleva el ser conscientes de los derechos de la otra persona; desde la honestidad para sí misma, para sí mismo y para las otras personas con quienes tratamos.


Sabiendo expresar, siempre, lo que se es y lo que se quiere; pero nunca a expensas de los demás.

Así, es tener seguridad en sí mismo, en sí misma, con positividad y disponibilidad de cooperación hacia fuera: para con las otras personas. Es mantener una postura de madurez, de racionalidad, de  auto respeto y de respeto hacia esos otros seres humanos con quienes nos relacionamos.


Y, para acabar (…), pongo algunos ejemplos:

Si yo quiero llegar a un acuerdo asertivamente, con alguien: primero: atiendo y escucho a la otra, al otro, hasta que “comprendo su situación”; para luego pasar a presentar mi visión; diciéndole lo que yo quiero decir: lo que pienso, lo que opino, lo que siento. En todo el “proceso”, me expreso claramente: digo lo que quiero que suceda, digo todo lo que deseo... y “negocio”; frontalmente: “yo” y “tú”, sin miedo.

Y si lo que tengo que hacer es una crítica… Bueno, en una crítica, como en cualquier otra situación más o menos complicada, pues lo mismo: empiezo por definir mis objetivos; paso a describir la situación o conducta (o acaso las dos) que deseo criticar; expreso mis sentimientos con “mensajes yo” (o sea desde mi); sugiero o pido cambios, claramente, con “mensajes yo” (es mi opinión); para acabar elogiando y agradeciendo la aceptación de la crítica que le he hecho.

…  …  …  …  … 

- La persona asertiva es aquella persona capaz de expresar sentimientos, actitudes, deseos y opiniones de un modo adecuado a cada situación social que se le presente, respetando esas conductas en los demás y resolviendo de modo adecuado los posibles problemas que surjan. Lograr desarrollar un buen nivel de asertividad, puede ser determinante para alcanzar el éxito en la vida. La asertividad, como otras áreas de la vida de los humanos, es un proceso dinámico en el cual realizamos ajustes constantemente.

Es un trabajo personal, no siempre fácil de realizar, que requiere por nuestra parte una serie de “ajustes” en nuestro diario comportamiento.

Y… para aclararos un poco más las cosas, ahora, a modo de “lluvia de ideas”, haciendo unas confrontaciones, vamos a evaluar el comportamiento “no asertivo” y “asertivo” de diferentes acciones que tenemos o podemos tener, algunas o muchas veces, las personas:


Si nos cuesta aceptar un cumplido, un reconocimiento por algo que hicimos bien, aún sabiendo que es así, que lo merecemos..., o hasta nos sentimos incómodas o incómodos al halagar a alguien..., si nos es habitual pasarlo mal cuando hemos de señalarle a alguien algún error, aun teniendo la seguridad de que está equivocado...; si hay una persona que nos gusta, o alguien con quien lo hemos pasado bien ese día que salimos... pero nos cuesta decírselo...; si cada vez que llega el caso de tener que ocuparnos de situaciones difíciles o enfrentamientos, hacemos por evitarlos..., si hay muchas ocasiones en que somos incapaces de decir nada... ; si, con frecuencia, nos cuesta mucho y hasta pasamos un mal rato al tener que decir NO...

Si teniendo dudas, evitamos hacer preguntas por miedo a parecer idiotas...; si, hasta asumimos ciertas responsabilidades por los errores de otra gente, en vez de discutir..., estamos actuando (…) ¡muy mal en asertividad!

Pero si... no tenemos problemas en expresar nuestras opiniones; si nos sentimos y actuamos con confianza; si siempre expresamos nuestras opiniones aun si otros miembros en el grupo no están de acuerdo con esa idea... ; y también somos capaces de expresar los propios sentimientos abiertamente...; si a la hora de preguntar lo que no conocemos o no entendimos, sabemos que no nos va a pasar nada; si somos conscientes de que para conocer nuevas personas y hacer nuevas amistades es necesario salir, encontrarse con la gente e invertir tiempo y energía, pero es algo que no nos importa, puesto que nos interesa ampliar el círculo de amistades...; si disfrutamos entablando conversación con conocidos y extraños...; si somos persona abiertas y francas en lo que respecta a los propios sentimientos; si no nos incomoda, y nos sentimos muy libres al decir "No" cuando NO QUEREMOS algo...


Cuando no nos importa provocar una discusión, abiertamente, si es necesario..., o luchamos, cada vez que hace falta, como la mayoría de la gente, por mantener una determinada posición... Pero si alguien ha hablado mal de nosotros o nos ha atribuido hechos falsos, vamos cuanto antes a buscarle, para dejar las cosas claras... ¡vamos bien en asertividad!


(Del capítulo 17 de mi libro “Grandes Regalos”)












3 comentarios:

  1. Así es José María, como leí tu libro sé lo que nos quieres compartir.
    Hay que saber decir sí y no, siempre sin titubeos y ser honestos con nosotros mismos sin escondernos ante las dificultades de una relación sea del tipo que sea.
    Mi blog cumple 6 años y está de fiesta.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Sor Cecilia. Y enhorabuena por se blog.

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  2. Como me ha gustado tanto leer este ecrito. Pasaré de nuevo por aquí para leerlo de nuevo y aprender de su información. Pues no tengo mucha vada social y a veces me cuesta comunicarme sea donde sea.
    Un abrazo.

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