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domingo, 14 de agosto de 2016

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Leía yo, hace años, un cuento (creo que era ganador de un concurso sobre el tema del vestido) en el que la autora, una niña de edad escolar, reivindicaba la belleza del vestido genuino del ser humano, que es la propia piel, sea cual sea su color; pues no hay nada tan hermoso, ni tan bien hecho, como es el “envoltorio” que la Madre Naturaleza, guiada por el Creador, nos regaló al nacer.





No me acuerdo de mucho más del cuento, pero sí he pensado, muchas veces, en la verdad que encerraba la ésta idea central que lo orientaba; como tampoco recuerdo el nombre de la cría que lo escribió.





Acaso, en la actualidad, transcurridas algunas décadas, la aquella niña autora, es una señora gruesa que busca disimular sus “michelines” detrás de abundante ropa o, acaso, tal vez, ¿se esforzó, estos años, por mantener un cuerpo esbelto, primorosamente cuidado, como se hace cuando se tiene en propiedad un lindo vestido, diseñado por un prestigioso modisto de alta costura... y, aún puede lucir con orgullo y toda dignidad el “vestido natural” que envuelve su persona física desde el primer día de su vida?
 


Porque, en última instancia ¿de qué depende, tantas veces, que seamos más o menos púdicos en el vestir?, ¿qué es el pudor sino una manera de tapar, vergonzantemente, lo que nos parece poco hermoso, indigno de mostrarse?


Quizás por ello, en la actualidad, que tanto mujeres como hombres (a veces con excesivo “culto al cuerpo”) cuidan proactivamente su condición física (estéticamente hablando, pues no siempre es así en otros aspectos también necesarios para mantener una buena salud) dedicando bastante tiempo y energía a “estar en forma”. Y así, pues, toda esta gente, tenga menos vergüenza de “lucir palmito” tan generosamente.
 

Bien. Según hemos escuchado en las noticias, el bikini ha cumplido siete décadas de su existencia. ¡Han transcurrido setenta años desde que aparecieran los primeros bikinis!

Aunque en España sea una prenda que debió esperar un cambio político para que se asomara en nuestras playas… Alguna francesita quizás se atrevió antes, pero realmente las españolas son se lanzaron a usarlo hasta finales de los años 60.





Pero, al final, ¡llegó para quedarse!
Y, curiosamente, cada año que transcurre, parece que esa prenda es más reducida, más osada, diseñada cada vez con menos tela..., dando paso a que la genuina “ropa epidérmica” que cubre toda la extensión de nuestros cuerpos luzca en todo su esplendor!
 






 Y digo yo:

Aunque “el libro de los gustos” esté en blanco, pero nadie puede negar, y razonablemente tendrá siempre que aceptar… que lo bello es bello.


Pues, partiendo, además, de la base de que en este mundo estamos una gran mayoría (varones y quienes siempre hemos pensado que, en la lista de las mejores maravillas de la humanidad (…) ha faltado el cuerpo de la mujer.




Bien está que nos alegremos de poder ver ¡tanta belleza!

Y… a quien no le parezca bien, que no mire; pero que no fastidie al resto de la población. Pues, como decía mi abuela, «quienes más critican y se escandalizan son quienes normalmente más tendrían que callar».
 


 


3 comentarios:

  1. Estas hablando de la piel en general pero solo nos sacas señoritas en sus mejores años. A algunas señoras en la playa habria que multarlas por ensuciar el paisaje, cada cosa a su tiempo.

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  2. Y no tienen piel los tíos? Menudo articulillo :-P

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