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sábado, 30 de enero de 2016

CON SENTIDO


Puede suceder (puede sucedernos) que haya personas que nunca han pensado sobre el sentido de sus vidas. Y viven (o vegetan) haciendo lo que quienes les rodean les dicen que han de hacer, que deben hacer, que no tiene más remedio que hacer…, que esa es su obligación, su deber, la tarea que han de desarrollar a lo largo de toda su vida…


Es consecuencia de no tener clara su misión, el verdadero sentido de su existencia.


La verdad es que no es fácil saber lo que se quiere; empezando porque, desde nuestra infancia se nos ha ido “educando” de una manera instructiva…; o lo que es lo mismo llevándonos a “saber comportarnos” correctamente en sociedad (en la sociedad que nos ha tocado vivir).


Y si resultamos “personas educadas”, es decir que sabemos qué es lo que hemos de hacer en cada momento, según “las reglas del juego” que nos ha correspondido…


Así, podemos llegar a ser personas bien aceptadas y valoradas en nuestra sociedad, de acuerdo a “esos valores” para los que se nos ha preparado adecuadamente.


Pero…, si somos capaces de pararnos y pensar (serenamente) en esto ¿de verdad hacemos, siempre, lo que creemos que deberíamos hacer? Es más ¿sabemos por qué hacemos lo que hacemos?


Y si no es así ¿a qué tenemos miedo?, ¿por qué no pensar, con profunda sinceridad, cuál es el sentido de nuestra existencia?


Nunca es tarde… para darle más sentido a lo que hacemos; pero hemos de saber definir qué es lo que queremos lograr, no sólo llegar a saber lo que no queremos, sino lo que de verdad nos proponemos lograr en la vida.


Cuando lo logremos, será cuando podremos disfrutar de  ¡UNA VIDA CON MUCHO SENTIDO!




jueves, 21 de enero de 2016

VIVIMOS...


NUESTRA MADRE TIERRA

Más de siete mil millones de seres humanos poblamos el planeta Tierra. Hijas e hijos de la misma Madre, pero no nos damos cuenta de dos cosas fundamentales:  


1.- Tenemos que mirar a nuestro planeta como una madre y nuestra relación con la Tierra debiera ser siempre de amor agradecido. En el corazón llevamos escrita la mejor de las leyes, la de la paz y el entendimiento, la del amor y la justicia, la de la comprensión y la ayuda mutua… ¡Somos gotas del Cosmos! Estamos creados para vivir en armonía. Ya está bien de mirar toda la Tierra como una propiedad que podemos vender o comprar, explotar o esquilmar. Sino amar, cuidar y hasta venerar.


2.- Somos una familia. Una Comunidad universal en la que nos necesitamos unos a otros para alcanzar la meta personal de ser felices, individual y colectivamente. Hemos de ser conscientes de que llegamos a ser personas colaborando unos seres humanos con otros. Nos hacemos seres verdaderamente racionales cuando nos respetamos, cuando aportamos nuestro trabajo para que la vida de todos sea valiosa, cuando cooperamos para crecer en humanidad; cuando, con nuestras actitudes y aptitudes potenciamos que el mundo vaya a mejor.

Pero la realidad es otra: La Tierra es tratada con violencia por sus propios habitantes, los humanos, maltratada y saqueada; quedando muy herida por nuestros comportamientos irresponsables.



Pareciera increíble, pero si leemos la historia de la humanidad nos damos cuenta de que los humanos nos hemos maltratado por siglos, violentándonos, robándonos, atacándonos, matándonos, ofendiéndonos, degradándonos… Y lo hemos hecho también con nuestra Casa Común, la Tierra, el lugar que tenemos para ser felices, ayudándonos los unos a los otros  a serlo más y más cada día.

Pero es que lo que ha sigo signo de barbarie en siglos atrás, sigue vigente en este siglo XXI. Si leemos las noticias de los periódicos de nuestra actualidad nos damos cuenta de que los seres humanos, tantas veces ¡somos tan inhumanos!


El cambio climático parece ser que es un problema que nos preocupa, por las graves consecuencias que puede acarrearnos en sólo unos años a toda la humanidad. Nos está planeando todo un desafío por las tan inmensas dimensiones; pues puede acarrear problemas de imposible solución, sobre todo para los países en vías de desarrollo, tan dependientes de las reservas naturales, la agricultura, los recursos forestales, la pesca…

Pero hay otras causas también muy importantes de las que no hablan tanto los periódicos (pues los medios de comunicación están mayoritariamente controlados por los poderes económicos). Y es el expolio que hacemos, constantemente, de nuestros recursos naturales. Buscando “rendimientos” económicos, con una incapacidad total de pensar globalmente, ni de contar con la dignidad de las personas (que se convierten en piezas de un engranaje productivo), ni tampoco en las futuras generaciones.


Cuando se plantea la naturaleza únicamente como objeto de utilidad y sacarle provecho… (creyéndonos con todo el derecho de propiedad y de dominarla), creyéndonos con el derecho a devastarla… ¡nos estamos condenando a la desaparición! La Tierra está enferma en su suelo, en el agua y en los seres vivientes.

Sí, preocupante y dramática es la situación de nuestra Tierra, de la vida amenazada en ella, tantas veces por causa de muchas de nuestras irresponsabilidades (personales y colectivas).  


Y cuando “el control” está en manos de los más poderosos, de los capitales, paralelamente se seguirán produciendo desigualdades, injusticias, violencias, para la mayoría de la humanidad.

Porque los recursos pasan a ser “propiedad” de los más poderosos, los más ricos, los más autócratas. Siempre con el supuesto valor de ser competitivos; y, para ello, producir más, consumir más… sin tener en cuenta que los recursos son limitados.

Todo ello va acompañado de una visión consumista de la vida; creyendo que el progreso es tener más, gastar más, consumir sin medidas…, cayendo en el pecado de la competitividad deshumanizante.


Si no ponemos atención, el “sistema establecido” nos lleva a olvidar los objetivos de la vida en plenitud. Tantas veces, nuestra sociedad actual es insolidaria; hombres y mujeres de hoy corren el riesgo de volverse profundamente individualistas, egocéntricos, egoístas.

Nos estamos comportando son una moral individualista, utilitarista, muy acorde con una visión de la vida materialista y economicista. Vivimos dentro de una organización social productivista hasta lo irracional, padecemos la manía consumista en la que todo el mundo anda inmerso, todo pensado en clave de beneficios económicos. Donde, tantas veces, la injusticia social va vinculada a los procesos productivos y culturales que lleva a la degradación del medio ambiente. Porque el capital manda, porque los sectores más pobres (empobrecidos) de nuestro planeta se ven con la necesidad de obedecer las leyes de los mercados.


Por eso, nos urge terminar con la inmoralidad del sistema económico capitalista dominante. Habrá que soñar y buscar una sociedad más justa y compasiva, más comunitaria y solidaria, más humana.

Dentro de nuestras posibilidades, a todos los habitantes de este planeta, nos corresponde hacer algo para corregir los modelos de crecimiento. Que el voraz engranaje de la competitividad (producir más para abaratar costos) y la ley económica del máximo beneficio con el menor esfuerzo (reducir mano de obra, reduciendo plantillas de trabajadores… mecanizando todo lo que sea posible), no sea nuestro “modelo” a seguir.


Todo lo que nos regala, cada día, desde el primer instante de su creación es para nuestro uso y disfrute, pero no para nuestro abuso y maltrato.

La capacidad de mejorar nuestra calidad de vida, mediante la producción de bienes y servicios, el conocimiento y el dominio de nuestro planeta, lo llamamos progreso…. Pero el progreso ha de ser ético. Necesitamos, paralelamente, el progreso moral, una mayor humanización. Garantizando el respeto al medio ambiente.


Toda la familia humana vivimos en la misma Casa Común. El ideal de disfrutar de armonía, de paz, de justicia, de fraternidad… es nuestro destino. ¿Seremos capaces de construir caminos que nos lleven a él?




martes, 5 de enero de 2016

ARTESANOS DE LA ILUSIÓN


Desde que el hombre es hombre, desde que la raza humana aparece en el planeta Tierra, la evolución ha sido la trayectoria fundamental de la historia, marcada por etapas de crecimiento y desarrollo con los adelantos de todo tipo.

En los comienzos, el hombre (fundamentalmente las mujeres) utilizaba la tierra para extraer los alimentos fundamentales para su alimentación que no procedían de la caza (tarea más de los varones) y, para tal fin, fueron siendo  desarrolladas técnicas que le permitirían mejores cosechas.

Así, fueron apareciendo los poblados y las ciudades. Y, paralelamente, aparecieron otras actividades, como las artesanías y el comercio.

























Podríamos concluir que el trabajo artesanal es tan antiguo como lo es la vida en comunidad, la civilización, la socialización de los humanos. Y, cada cultura ha ido dejando las muestras de su saber y creencias en su artesanía.


Me decía una vez una amiga, una artesana de las buenas, ceramista ella para más señas, que no es lo mismo ser artista que artesano; que el artista imagina y crea, mientras que el artesano poner las “sus manos a la obra” y desarrolla lo ya ideado…, siguiendo unos modelos previos.







Si es verdad que las habilidades se pueden aprender y cultivar…, yo creo que siempre hay quienes se dan “más arte” para hacer lo que hacen otras u otros más “patosos” o “torpes” con sus manos, o usando manualmente las herramientas necesarias para los tantos trabajos artesanales. Y no a todo el mundo le sale igual (tan bien hecho) un cesto o un botijo o un bordado…; si bien para “copiar” un modelo ya ideado no haya que poner mucha imaginación creativa en funcionamiento.









Creatividad es imaginar, pero también dar forma a unos elementos y convertirlos en lo que antes no era.

El “modelo” de “regalar” por la Epifanía, recordando los presentes que los sabios magos llevaron al Niño Jesús, no es una idea original… Una “tradición” que se establece en España en el siglo XIX como Los Reyes Magos y que es una ocasión única para “gastar los ahorros” en comprar regalos para agasajar a los seres queridos, sobre todo a los de menos edad.


En realidad, aunque sea criticable toda la parafernalia que acompaña a esta celebración y el alto nivel de “consumo” en cosas no necesarias, también es verdad que a todo el mundo le agrada recibir detalles de reconocimiento y cariño. Por eso, diría yo, que es importante saber mantener ese “arte” de “crear” o mantener la ilusión…; para ofrecer graciosamente (con gracia) nuestras demostraciones de cariño a quienes (personas o personitas) son importantes en nuestras vidas.

Pero ¿y qué regalar?





Yo diría que cualquier regalo, cuanto más cercano esté a lo que se ha hecho con esmero y cuidado, cuanto más artesanal sea un obsequio… ¡más regalo es!








¡Qué arte regalar artesanía!