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sábado, 25 de noviembre de 2017

DERECHO A SER


EL NECESARIO RESPETO 
A LA DIGNIDAD 
DE TODA PERSONA HUMANA

El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, pues es fundamental para lograr una armoniosa interacción social.  Es un sentimiento positivo que se refiere a la acción de respetar; es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa.



La palabra proviene del latín “respectus”, que se traduce por “atención”, “consideración”. Podríamos decir, pues, que tiene mucho que ver con el “reconocimiento positivo”.

Una premisa importante sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender a la otra persona, a valorar sus valores, sus intereses y necesidades.

En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y nacer de un sentimiento de reciprocidad. Por esto, respetar también nos lleva a ser tolerantes con quienes piensan de otra manera, son diferentes o hasta deciden actuar de forma acaso extravagante para diferenciarse.

El respeto a la diversidad de ideas, opiniones y maneras de ser es un valor supremo en las sociedades modernas que aspiran a ser justas y a garantizar una sana convivencia.

La palabra dignidad proviene del vocablo latino “dignitas” y del adjetivo “dignus”, que significa “valioso”, con honor, merecedor. La dignidad es la cualidad de digno e indica, por tanto, que alguien es merecedor de algo o que una cosa posee un nivel de calidad aceptable.


La dignidad humana es un valor o un derecho inviolable e intangible de la persona, es un derecho fundamental y es el valor inherente al ser humano porque es un ser racional que posee libertad y es capaz de crear cosas.

Se basa siempre en el respeto y la estima que una persona tiene de sí misma y es merecedora de ese respeto por otros porque todos merecemos respeto sin importar cómo somos. Cuando reconocemos las diferencias de cada persona y toleramos esas diferencias, la persona puede sentirse digna, con honor y libre.

Hoy en día se habla mucho (pareciera que realmente nos preocupa) sobre la “violencia de género”, sobre el “maltrato machista a las mujeres”, etc.


Y habría que preguntarse ¿qué de machismo hay en actitudes de muchos varones-machitos que lo que buscan es su bienestar, su comodidad y en el fondo lo que son es unos egocéntricos (ciertamente egoístas) que se creen los reyes del mundo y piensan que “sus” mujeres sólo están para servirlos?


Pero y ellas ¿por qué se dejan tratar-maltratar? ¿Qué concepto de sí mismas tienen?, ¿se respetan verdaderamente cuando se dejan “manipular” por “sus” hombres?

Las relaciones hombre-mujer tienen que ser como en política (sin mayoría absoluta): se necesita el consenso. Si admitimos que “el poder” esté sólo en manos de una parte, siempre existirá el peligro de gobernar tiránicamente… Suele suceder que quien alcanza el poder se “apodera” de todo lo que “puede”.


A veces se empieza por la manera de hablar: el marido dirá “mi mujer”; la esposa (¿esposada?) dirá “el cabeza de familia”. Sí, hemos de tener mucho cuidado con el uso del posesivo “mi”. O… ¿qué os parece?   

Quizás si aprendiésemos a respetarnos unos a otros, siempre, dándonos el valor que tiene nuestra propia persona y considerando que todo el mundo tiene nuestra misma dignidad, como ser humano que es… ¡la clave de una sociedad civilizada!

 

Pero la dignidad, ese sentimiento que hace que cada persona se considere valiosa, sin importar su vida material o social, es una cualidad propia de la condición de persona y que cada ser humano tiene, más allá de cualquier circunstancia. Pero no podemos renunciar (por nada, ni siquiera por amor) a que se nos valore y respete tal cual somos.  



El necesario respeto a todo ser humano consiste en reconocer que cada mujer, cada hombre, cada anciano, cada niño… es alguien que merece un auténtico respeto, por el solo hecho de ser persona.

Ahí está nuestra dignidad: Todos, hombres y mujeres ¡tenemos derecho y obligación a SER!


  
 



sábado, 29 de julio de 2017

ES IMPRESIONANTE


LA PLAYA 
DE LAS CATEDRALES
La conocida como Playa de Las Catedrales está enclavada en la costa de la provincia de Lugo (Galicia), también conocida como la Mariña Lucense.

















El lugar en el que se ubica pertenece al Ayuntamiento de Ribadeo, limítrofe al este con el Principado de Asturias y al Oeste con el Ayuntamiento de Barreiros.














En la zona existen un sin fin de playas de arena blanca y fina y de oleaje usualmente moderado, que merecen ser visitadas. Pero, entre ellas, destaca por encima de todas la Playa de Augas Santas, popularmente conocida como la Playa de las Catedrales, nombre que toma por la similitud que tienen sus formaciones rocosas con los arbotantes de las catedrales góticas.














El principal atractivo de la playa es el conjunto de arcos de roca esculpidos por la fuerza del Mar Cantábrico con el paso de los años, que dejarían con la boca abierta al más viajado.








El tamaño de dichos arcos, también conocidos como “ollos”, alcanza en algunos casos más de 30 metros de altura y se pueden observar paseando por la playa con la marea baja. Incluso se puede pasar por debajo de ellos y escuchar como el sonido del oleaje se vuelve más original, si cabe, al rebotar contra las formaciones naturales de roca.













 Realmente un espectáculo IMPRESIONANTE.