Vistas de página en total

lunes, 20 de abril de 2020

CUENTO CIRCUNSTANCIAL


UNA PELEA DE MUÑECAS
Érase una vez que, en un armario lleno de juguetes, había un cajón lleno de muñecas. Hacía años que estaban allí, guardadas, sin ver nada, en el fondo del mueble aquel...


Pero ¿sabéis que pasó?

Pues resulta que en aquella casa vivían tres hermanas que normalmente pasaban todo el día fuera de casa: en el colegio, las clases de danza, la piscina, los ratos de juego en el parque… ¡y nunca tenían tiempo de jugar con aquellas lindas muñecas! Muñecas que estaban prácticamente olvidadas.


Y… vuelvo a preguntaros: ¿sabéis lo que pasó?

Que un día llegaron volando, de otros lugares de la Tierra, un montón de bichitos…, muy pequeños, muy pequeños (a lo que los científicos los llamaron “virus”) y, como eran muy peligrosos, todo el mundo se tuvo que quedar en sus casas durante un montón de tiempo.

Y claro, estas tres niñas, como sus primas y sus primos, amiguitas, amiguillos y, por supuesto, también otras tantas personas de otras edades, ¡tuvieron que ir buscando la manera de ocupar las muchas horas del día!, en las que, en esta situación, no tenían otras cosas que hacer… en la calle, en el cole, o donde fuera.


La mamá le dijo:
- Ahí tenéis un montón de muñecas muy bonitas, que tenéis olvidadas, ¿por qué no os ponéis a jugar con ellas?
- ¡Bien! –dijeron las tres a coro.


Pero luego…, cuando las fueron sacando del cajón en que estaban, enseguida se pusieron a discutir porque las tres querían la misma; pues había una que estaba más nueva que las otras y, además, hasta hablaba algunas palabras con una vocecita muy dulce. Claro, otras (que habían estado más al fondo del cajón) tenían el vestido arrugado; incluso una tenía un pantaloncito vaquero un poco roto… (que era algo que había estado muy de moda el año pasado, pero que ya no se llevaba tanto).

Entonces, casi como si fuese algo mágico, la muñeca Luli, que así se llamaba, empezó a hablar diciendo palabras que nunca antes habían salido de su boquita, pidiéndoles por favor que se callaran y dejaran de discutir.

Yo, de verdad, hacía mucho tiempo que no había visto una cosa así.

    

Luego, una vez que las tres niñas estaban calladitas y expectantes dijo:
- Mirad lo que está sucediendo: hace meses que nosotras estamos encerradas, sin ver la luz siquiera; pues os habíais olvidado de que estábamos aquí y no nos sacabais ni al parque ni siquiera a vuestro cuarto para jugar un rato con estas pobres y olvidadas muñecas. Y ¿veis?, ahora sois vosotras las que no podéis salir y nos sacáis a nosotras: por fin ¡nos dais la libertad! Esperamos que comprendáis la dura realidad que es no ser libres; cosa que nos ha tocado a nosotras y que también le pasa a muchos niños que están enfermos y tienen que estar mucho tiempo en un hospital o a muchas niñas y muchos niños que viven en países que están en guerra… Pero bueno, sin irnos muy lejos, mirad: no es bueno discutir por cosas que no merecen la pena. 

Las niñas, calladas, atendían todo lo que estaba diciendo la muñeca Luli.


Después de un minuto, todas en silencio, la muñeca volvió a mover la cabeza y volvió a hablar así:
- Si queréis os voy a contar un secreto nuestro.
- Sí, queremos –dijo la mayor de las tres hermanas.

Y enseguida la muñeca siguió pronunciando, muy despacito y con su vocecita de muñeca, sus palabras: 
- Nosotras, al principio de estar todas metidas en el cajón, no dejábamos de discutir y pelearnos: unas querían estar arriba, otras no les gustaba estar al lado de aquella, etcétera. Y, después de varios días de pasarlo mal, llegamos a la conclusión de que la felicidad empieza por aceptar la realidad, por adaptarse a cualquier cambio que llegue: ¡no molestarse porque las cosas sean como son! Y que para llegar a un convivir armónico nos correspondía, a todas y a cada una, poner de nuestra parte. Como siempre, y en todo lo que nos plantea la vida, es cuestión de hablar, acaso de ceder y pensar en cómo se sienten las otras… ¡Seguro que así os lo pasaréis muy bien!

Y como las niñas eran listas, eso hicieron: y ya, en cada juego, siempre se pusieron de acuerdo y nunca más se pelearon.


Y colorín colorado, niñas con muñecas
¡qué bien que muchos días estuvieron jugando!


Es un cuento más del abuelo José-María Fedriani