Vistas de página en total

sábado, 11 de junio de 2022

LO PRIMERO ES LA VIDA HUMANA

 

VALORES EQUIVOCADOS 

Es evidente que muchos de los valores tradicionales de todos los tiempos, hoy están cuestionados o en crisis: el valor del bien común, el respetar la naturaleza, la honradez; y también, cuando hablamos de valores, hablamos de libertad, paz, respeto, justicia, amor…

                             

Los valores son inherentes al ser humano, expresan su esencia y determinan la forma de actuar y de ser. Los valores definen cómo es la sociedad, creada por quienes viven en ella. Cada sociedad, por eso, desde su cultura, potencia y transmite unos valores.

                          

Las crisis de valores se producen cuando su significado comienza a perder sentido y utilidad práctica en la vida de una sociedad. No podemos negar, porque lo vemos y sentimos cada día, que en nuestras sociedades (¿”occidental-democrática-burguesas”?), muchos de nuestros valores pueden estar en crisis.

                              

Son valores que, muchas veces (demasiadas), vemos que mucha gente obvia… al centrarse en “vivir bien”, disfrutar de todo lo disfrutable, sin pensar si con esas posturas egocéntricas (egoístas) estamos seguramente perjudicando a tanta gente o poniendo en riesgo el bienestar de próximas generaciones. 

                               

Pero si tenemos por delante una crisis que supera a todas creo que es la enviar el valor que tiene la vida de los seres humanos, de todo ser humano, sea cual sea su condición, raza, edad, pensamiento. Y vemos cómo hay quien se puede gastar miles de euros en cosas muy muy superfluas, mientras tiene al lado a conciudadanos pasando muchas necesidades; o quien valora más la vida de un perro vagabundo que la de unas criaturitas que se las maltrata o, simplemente, se las sacrifica en una de esas clínicas en las que se venda la “interrupción voluntaria del embarazo".

                       

Pero también, cuando se obvia el riesgo que tiene una acción caprichosa que pone en riesgo la vida de las personas, la propia o la ajena. Porque si es inmoral atentar contra la propia vida, quizás lo sea más hacerlo contra los otros, acaso desconocidos, que pueden sufrir las consecuencias de nuestros actos o indolencias.

                             

En un contexto de crisis como el que vivimos actualmente, cada valor cuenta, pero quizás nunca podamos dejar atrás el valor de la solidaridad.

 
                             

Y ¿a qué me quiero referir en esta ocasión? Pues a algo que está sucediendo justo a unos metros de donde yo vivo: en la esquina de las calles Pagés del Corro y San Jacinto existe un enorme ficus (muy hermoso ficus, casi un símbolo de nuestro barrio) que, ha quedado demostrado que es un ser muy peligroso: ya ha atentado, en más de una ocasión, contra la vida de algunas personas. 

                                                

Sea quizá el más significativo el caso, ocurrido hace poco más de un año, de que una de sus ramas golpeó e hirió a varias personas entre ellas a una vendedora de la ONCE que, habiendo perdido el bazo y haber estado meses hospitalizada, aún está padeciendo dolencias por culpa de aquel tremendo golpe.

                              

                      

Lo hemos dicho mil veces: seguramente desde hace ya unos cuantos años, pero cada vez más ¡se ha convertido en un peligro público! Así pues, aunque sea una belleza, está siendo necesaria su tala,  pues está ubicado en un espacio urbano muy concurrido de personas mayores y también de colegiales.

                                  

Siempre será más justo sacrificar a un árbol, que seguir arriesgando vidas humanas.

   Es lo que yo, José-María Fedriani, pienso.