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miércoles, 23 de septiembre de 2020

LA HORA DE MIGRAR A OTRAS TIERRAS


 LA GOLONDRINA MIEDOSA

 
En un lugar del mundo, en un espacio geográfico por muchos conocidos... Y más concretamente, en una casa de vecinos del barrio sevillano de Triana, dónde los días son catorce minutos más largos que en el resto del mundo (porque quien ha visitado ese barrio, sabe que existe ese misterio que es evidente, aunque nadie lo diga).

 

Cada año, al llegar el mes de marzo, aparecían ahí las primeras golondrinas; luego las otras, ya anunciando el verano. En realidad, en este patio, a lo largo de todo el mes de marzo, van llegando, hasta que, finalizando el mes, se llena completamente de golondrinas. Son cientos de aves que, año tras año, siguen viniendo y llenando el patio. Ellas, con su característico gorjeo “tsuit-tsuit-tsuit”,  avisan que ya es el buen tiempo y que es hora de abrir las ventanas...

 

Ellas vienen a anidar al mismo sitio, reconstruyendo sus nidos o haciéndolos nuevos, hasta tener el sitio adecuado dónde van a poner sus huevos y a alimentar a sus crías hasta que llega el otoño y se ven empujadas, por los sus propios estímulos interiores, a partir a otra parte del mundo, quizá África, quizá la Tierra del Fuego...

 

Pero, aunque de la misma especie, no son iguales todas las golondrinas. Las hay líderes y valientes, también tranquilas o comodonas y, penosas,  temerosas de todo. 

 

Por cierto que, en este patio del que hablamos, aunque la mayoría eran alegres y estaban todo el día demostrando su alegría, también vino este año Re-mi-la, una golondrina un tanto recelosa, tristona, miedosa.

De todos modos, en las tardes de junio, julio y agosto, todas hacían una pequeña fiesta y cantaban y trinaban y hasta bailaban, saltando de un nido a otro; nidos muy bien hechos con barrillo y hierbas del gran río Betis.

            

Cuando se acercaba el final del verano, todas las golondrinas empezaron a hacer planes de a dónde irían en las próximas semanas, en torno a la fiesta de la Virgen de Regla…

                         

Las unas hablaban de ir por el Estrecho de Gibraltar, otras decían que preferían cruzar el Bósforo; las había que pensaban pasar el invierno en cualquier lugar tranquilo de África, dónde hubiese bastantes insectos para comer, pero también estaban las que soñaban con ir a conocer el Cabo de Buena Esperanza o, algunas más arriesgadas, hablaban de intentar llegar hasta las Islas Malvinas...

           

Pero nuestra golondrina Re-mi-la, se puso triste y melancólica. Ella no quería moverse de allí ni ir a conocer ningún otro lugar: le había gustado aquel patio que olía a río Guadalquivir y a albahaca y a hierba buena.

                               

Pasaron los días, empezaron a aparecer los aromas del otoño, a asomarse muchos días, por el hueco del patio, los cielos grises. ¡Era el momento de emigrar!

        

Y así es que llegó el día 8 de septiembre y, casi todas, emprendieron el vuelo. Casi todas, porque sólo se quedó la miedosa Re-mi-la y la bondadosa Rus-ti-ka que, permaneciendo casi escondida, esperaba, muy condescendiente con la absurda aptitud de su vecina, a ver la reacción que, por fin tomaba.

 La veía muy tristona, pero esperó y esperó.

          

Un día, que salió un fuerte sol y pareciera que volvía el verano,  Rus-ti-ka pegó un salto hasta el nido de Re-mi-la y le dijo:

- Mira, tontorrona, el otoño ya está aquí. Lo que ahora toca es pasar frío y hambre, posiblemente esperar que nos visite un día de estos la parca, ¿es eso lo que tú quieres? Yo te he esperado gentilmente toda esta semana, pero ya no puedo esperar más, que hoy es la fiesta de la Virgen de Los Dolores y yo ¡no me quiero morir! Por mucho que te de miedo lo desconocido, tienes que arriesgar, aprender a lanzarte en pro de un futuro mejor: la vida es siempre una aventura. Hemos nacido siendo unas golondrinas hirundas y hemos de saber aceptar nuestra realidad, que además es muy hermosa; pues tenemos alas para volar, para emprender. 

                                        

Re-mi-la miró alrededor: el patio estaba solo, ya no había más aves gorgojeando, las macetas de geranios estaban perdiendo sus flores, el patio ya no era lo que había sido sólo unas semanas antes. Y, levantando un ala, se dirigió a Rus-ti-ka y le canturreó de esta manera:

         Tú eres la mejor de las amigas,

clemente  y entrañable,

me has demostrado compasión

y has esperado confiadamente

en que yo te sabría responder.

Pues bien, esto te digo:

a donde quieras que vaya, yo iré,

tu destino será mi destino

y mi gozo será verte siempre feliz.

¡Cuánta conmigo para volar…

hasta que nos queden fuerza en las alas!

                  

Y colorín colorado, la golondrina que era miedosa, se hizo valiente y vivió feliz ya para siempre.

  

(del libro “EL LAGARTO VERDE Y OTROS CUENTOS DEL ABUELO”)

martes, 8 de septiembre de 2020

INDEFINICIONES

 


UN MUNDO SIN SEXO

Es posible que algo de razón tenga mi amigo “G” sobre que, cuando en el mundo se pierda la obsesión por el sexo, cuando todo el mundo tenga tan baja la lívido que “pase” de desear tener relaciones con una persona del otro sexo, porque nos hayamos “convertido” todos en seres que no vean hembras en las mujeres ni machos en los varones…, desaparecerá la locura de la violencia de género que ahora padecemos como una verdadera pandemia.


Sin machismos, sin hembrismos, nos veremos “camaradas”, iguales en todo. Ninguna mujer pretenderá conquistarse a un tío para llevárselo a la cama y disfrutar de una relación carnal que la lleve a ser madre; ningún tío buscará a una buena moza para disfrutar con ella una noche de “fiesta loca” hasta el amanecer…

Quizás hayamos logrado ya algo de esto, o al menos nos estemos acercando a ese futuro no tan lejano: un mundo más igualitario, en el que sólo tengamos relaciones “acordadas” cuando queramos traer un nuevo ser vivo a la vida, si es que no queremos la “solución” técnicamente perfecta de ir a un laboratorio dónde nos ofrezcan óvulos fecundados, sin más complicaciones (incluso sin tener que lavarnos las manos).

Bueno: ¿Qué os parece?, ¿es esto ciencia-ficción, o tal vez se acerque a lo que vamos viendo en nuestras calles…?

Igual mi amigo, miembro de ese colectivo en el que todos están muy orgullosos de ser como son… y entienden que tienen una valiosa visión de futuro tiene bastante razón. Acaso, tal vez, puede ser...


Pero, claro que, digo yo: ¿y en qué queda un mundo en el que no nos sintamos atraídas y atraídos las unas y los otros… por los otros y las unas?

Quizás yo sea muy “antiguo” (tal vez ya un “carroza”) pero… ¡cómo me agrada saber, día tras día, que aún funciona la progesterona!

¿Quién quiere añadir algún comentario a todo esto? 

martes, 18 de agosto de 2020

CRISIS CONCEPTUAL



RAZONES 
Y  SINRAZONES 
DEL  PIROPO

La palabra “piropo” viene del griego “pyropus” que significaría “fuego rojo”, y aparece ya en el libro del Cantar de los Cantares.

Si tomamos las palabras en su exacto sentido, un piropo es una galantería y por lo tanto es algo agradable a quien lo escucha. El piropo es una lisonja, un requiebro, según nos dice la Real Academia.

Y si un piropo es una galantería, un cumplido, un halago, una lisonja que va dirigido a una persona (casi siempre una mujer) para exaltar su persona, su belleza... ¿a qué hay que tener miedo?, ¿dónde está el delito?

No puede ser delito lo que es bonito.  Pues ¿a qué mujer no le gusta que se le diga que está muy guapa?, ¿o que le digan que con sus andares va rompiendo corazones? ¿A qué hombre no le resulta agradable que le digan que tiene un aspecto interesante?, ¿que se le aprecia su caballerosidad o que se le ve elegante?

¿A quién puede molestar un piropo elegante y fino?, ¿acaso a alguna gente envidiosa a la que nunca le han dicho una galantería con salero? Puede que sean esas personas las que consideran que los piropos provocan más rechazo que aprecio y que no existe lado “positivo” en el piropo. Una de mis hermanas, siendo jóvenes, me decía que eso se llamaba “envidia verde”…

Piropear, algo tan propio de nuestra cultura, algo tan considerado siempre como algo normal, ahora resulta que hay quienes piensan que “supone una invasión a la intimidad de las mujeres”, pues nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de nadie.

Quienes son más artistas, logran hacen de un sentimiento un verso, un poema. Pero no todo el mundo acierta a decir lo quisiera con la palabra acertada. ¿No os parece?

Pero hay quienes lo ven “de otra manera”:

No hace mucho, la presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del Poder Judicial, doña Ángeles Carmona, planteó que se debe eliminar el piropo a las mujeres. E indica que, aunque tradicionalmente el piropo ha sido una actitud permitida y asumida como algo normal en la sociedad, "lo cierto es que es una auténtica invasión en la intimidad de la mujer", que hay que erradicar. Ella dice "que nadie tiene que tener derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de una mujer porque supone una invasión" y ha dicho que en algunas ciudades como El Cairo las mujeres van por la calle con auriculares o tapones en los oídos "para no oír comentarios de ese tipo". Y, por eso, "aunque (el piropo) sea bonito, bueno o agradable consideramos que es una auténtica invasión", ella ha insistido en que se trata de "actitudes absolutamente permitidas" en la sociedad y que "deben ser erradicadas". Pues, considera ella, que es denigratorio hacia la mujer y que supone una violación de su intimidad.

Miedo me da. Las ideologías “de género” parece que va a acabar con los buenos modales entre sexos y en parte la elegancia, la distinción y la caballerosidad.

El piropo es un valor cultural que es necesario mantener. Pienso yo que hasta habría que considerarlo como “·patrimonio cultural” de nuestro pueblo español.

Triste será que (por extrañas motivaciones o resentimientos) vayamos a acabar con la galantería, para llegar al “trato” para (por ejemplo) ir a la cama como “negocio” (más o menos rentable).¿Realmente alguien puede creer que el grave problema de la violencia de género mejorará porque dejen de soltarse piropos? Cuesta creerlo.

Seguramente, si el Observatorio para la violencia de género se dedicase a hacer propuestas razonables, en lugar de planteamientos tan estrambóticos que son ridículos, quizás podríamos pensar que tal organismo público sirve de algo. Pero oír excentricidades de este calibre no resulta admisible.

A lo mejor lo próximo que se propone desde este organismo es que las mujeres bonitas que tengan que salir a la calle lo hagan con el rostro totalmente tapado. 

Por favor ¿a dónde vamos a llegar? Algunas personas creemos que es absolutamente ridículo que un organismo dedicado a combatir la violencia de género se dedique a banalidades como esta.

Si todo el mundo (incluida la señora Carmona) reconoce que el piropo resulta halagador para la mujer que lo recibe, no se entiende que  se diga que debe erradicarse porque supone una intromisión en la intimidad.

Bueno y, según este razonamiento, dar los buenos días, o señalar “me gusta” en facebook ¿también supondría una vulneración de la intimidad?

Prohibir o “erradicar” los piropos me parece una solemne tontería, cuando estos son galantes, delicados e ingeniosos. ¡Toda una idiotez!

Lo que pasa, también, es que el “arte de engañar” invade nuestras calles. Y gente resentida que va “en contra de todo” o muchas pseudo-feministas que no pretenden, en absoluto, defender a las mujeres, sino acabar (por lo que sea) con todo el “orden establecido”. De hecho, no hacen defensa de ellas; sino que, más bien, atacan su dignidad: la de ser favorecedoras de la vida, la de amar generosamente a su hogar y a su familia, etc.

Posiblemente, en el fondo lo hacen por puro rechazo al género opuesto, que suele ser de donde proceden los piropos.

Claro que, ya lo decía René Descartes “El sentido común es el menos común de los sentidos”, a lo que Einstein añadiría “Hay dos cosas que son infinitas: el Universo y la estupidez humana” (o sea, el problema no es nada nuevo).

Lo que sí ocurre (y, aunque tampoco sea tan nuevo, ahí sí que debería buscarse un delito) es que a la mujer, a veces (tantas veces, por la imagen que se presenta de ella en los “mass media” y mucha publicidad) es vista como objeto de deseo. Y las consecuencias son muy claras: un “objeto” placentero es “cosa”, no persona. Es hasta “negociable”.

Pero, por favor:  no debemos confundir los piropos, con esas ciertas expresiones groseras, bastas, soeces, bajas, en definitiva maleducadas, molestas y desagradables, que hieren la intimidad de la mujer. Y sí que deberían rechazarse socialmente las expresiones desagradables que ofenden a la mujer o a cualquier otro ser humano.

No se puede confundir un piropo con una grosería. Un piropo es una flor que se regala. Nunca ha de ser ofensa, acaso es reconocimiento a una persona digna de ser valorada. Digo yo...

Nunca se han considerado “piropos” los “dichos” y frases de mal gusto con las que se hacen alarde de insinuaciones o palabras hieren la intimidad de la mujer como persona viéndola como un simple objeto sexual.

Pero para erradicar el lenguaje soez y barriobajero no será nunca válido el Código Penal; la solución será cuidar el lenguaje en las familias, en las escuelas, en el trabajo y en las reuniones.

Pero, muchas veces, cuando se ataca esa secular manera de expresión que es el piropo, lo que se pretende es otra cosa (me parece a mí).

Cuando se quiere acabar con la cultura de un pueblo, se atacan las tradiciones, las creencias, las costumbres, las maneras de expresión.

De todos modos, hay que considerar muy seriamente que existen motivos por los que, a algunas personas, no le agradan los piropos (exceptuando esos que más que piropos son groserías que pueden resultar vulgaridades intimidantes, nunca aceptables): 

- Quienes no se valoran como persona, no se sienten con el suficiente atractivo físico como para gustar a alguien y piensan que se les piropea en pan de burla.

- Quienes que observan que todos los piropos van a para otras, para otros, con más encanto que ellas, que ellos (es “envidia cochina”). Normalmente son ellas las que llegan a sentir esto, pues a los hombres les suele preocupar bastante menos su belleza; pero no todos están exentos de coquetería o hasta “culto a su cuerpo”.

- Esas personas quienes, por timidez, al darse cuenta que están observadas, sienten vergüenza de sí misma (¿complejo de inferioridad?)

- Igualmente, quienes por falta de autoestima o inhibición (¿mojigatería?) temen poder convertirse en “objeto de deseo”.

Pero la solución (pienso yo) no está en prohibir, sino en educar, desde la infancia y la juventud (en los hogares y en los centros educativos) en habilidades sociales que nos leven a vivir con la suficiente autoestima y una alta dignidad por ser quienes somos.

Ojalá, algún día, sea así.















miércoles, 29 de julio de 2020

¿MODA O CRISIS DE IDENTIDAD?


LOS TATUAJES
Y OTROS DESPROPÓSITOS

Hay una realidad evidente. A lo largo de la historia, los humanos han buscado cómo decorar sus cuerpos. Seguramente como una manera de “significarse” delante de sus clanes, tribus, grupos. 


En los pueblos más primitivos era también utilizados. Podemos, pues, decir que se trata de un ancestral modo de expresión cultural o cultual.

Luego la evolución de las culturas los llevará a ir “aceptando” el propio cuerpo y considerar que lo importante no es la apariencia sino la realidad del ser. 

Incluso buscando en el vestir lo práctico, antes que la exageración en el ropaje. Los varones renunciarán a las pelucas empolvadas, a las chaquetas largas, las puñetas, las camisas almidonadas, etc., etc. Y las mujeres fueron dejando olvidados sus corsés, sus túnicas, etc. Y, cada vez más, casi todas ellas, hasta irán dejando las faldas y tacones sólo para ocasiones especiales.

Haciendo un poco de historia:

La evidencia más antigua de tatuajes en momias se encontró en una perteneciente a la Cultura Chinchorroen en la costa de Chile, datados en el año 2000 a. C. Inclusive, en la misma zona se ha encontrado evidencia arqueológica que datan de hasta 6.000 años de antigüedad que podrían representar herramientas para el tatuaje.


En un glaciar de los Alpes de Ötztal,  también se encontró una momia (es conocida como el  "Hombre de Hielo") con gran cantidad de tatuajes en su cuerpo, al que se le han calculado unos 5.200 años de antigüedad.


A través de la historia, desde épocas remotas, las distintas culturas que utilizaron el tatuaje lo hicieron de distintas maneras; tanto como  arte, en el sentido de creación de significados rituales o simbólicos (tal como en el Antiguo Egipto), para marcar o señalar a los criminales (así era en las antiguas Grecia y Roma) e incluso se cree que con un fin terapéutico, semejante a la acupuntura.






También parece ser que se utilizaba en algunas tribus, de diferentes culturas ancestrales, para diferenciarse los unos con los otros. Sea el caso de  tribus de la Polineasia que utilizaban el tatuaje como una ornamentación corporal, manteniendo su fuerte sentido comunal.

Y, a veces, se cree que algunos tatuajes conferían jerarquía, propiciando el respeto comunal a quien los llevaba en su piel.

En Egipto eran sobre todo las mujeres quienes se tatuaban; conferían al tatuaje funciones protectoras y mágicas: un carácter sobrenatural del tatuaje al que se le otorgaba un poder de protección divina.



En América del Norte, los indígenas utilizaban los tatuajes como parte del ritual de paso: de la pubertad a la  adultez, con el fin de proteger su alma.

En América Central, las tribus utilizaban los tatuajes a modo de conmemoración de los caídos en batalla y como forma de adoración de los dioses.









   


En el hemisferio sur del continente americano, tribus indígenas también pintaban sus cuerpos, pero no de manera permanente; a base de pigmentos creados con flores y grasas vegetales como de animales, que acompañaban sus rituales de manera temporal con significados igual de profundos y espirituales, de los cuales se despojaban una vez terminaban el rito. También se pintaban para celebrar casamientos y durante el duelo tras un fallecimiento.

En Japón existía la costumbre de destinar el tatuaje para marcar a los delincuentes en sus brazos con líneas gruesas en par u otro tipo de formas, tatuando en ambos brazos entre el codo y la muñeca en todo su alrededor. La marca tenía el objetivo de hacer de las personas que desobedecían la ley individuos repudiables para toda su vida y en todos lados: al llevar “la marca de la vergüenza” consigo. Debido a esto, los delincuentes marcados por tatuajes vergonzosos, comenzaron a tapárselos con otros tipos de diseños más mitológicos, en ocasiones llegando a cubrir casi toda la totalidad del cuerpo.





                



Más modernamente, durante la Alemania Nazi (hecho muy conocido) se utilizó el tatuaje para marcar a los prisioneros de los campos de concentración.

Desde finales del siglo XX, el tatuaje ha sido popularizado e incorporado progresivamente a la sociedad y hoy día éste cumple funciones sobre todo estéticas: una “expresión artística” que no distingue entre sectores sociales, aunque en ciertos ámbitos sigue teniendo connotaciones negativas o se considera como una extravagancia y, en algunos ámbitos sociales, hasta está prohibido o limitado a zonas no visibles.


Con todo esto, podemos llagar claramente a la conclusión de que los tatuajes no se puedan considerar una moda, pues llevan siglos haciéndose; aunque seguro que habrá personas que los llevan “por moda”, pero es su problema si después “su moda” pasa..., quedarán “pasados de moda”.


Hoy en día, ciertamente, los tatuajes son algo más que ''marcas'' (aunque etimológicamente la palabra  “tatuaje”  posiblemente proviene del vocablo  samoano «tátau», que significa “marcar”) que antiguamente sólo lo llevan gente como presidiarios, marineros y artísticamente eran muy pobres, hoy en día tenemos auténticas obras de arte sobre la piel.








Podríamos decir que los tatuajes son ya un auténtico fenómeno social y estético. Desde que pasaron de los ambientes carcelarios a las pasarelas de moda y a todo tipo de grupos demográficos en la mayoría de países occidentales, se han normalizado tanto que ya no resultan algo extraño, tal y como sucedía hace pocas décadas. Aunque todavía hay bastantes personas que miran dos veces cuando ven a alguien con un tatuaje.






Bueno ¿por qué la gente se tatúa? Yo personalmente, no entiendo a la gente que juega con su cuerpo (¡el gran tesoro de la Madre Naturaleza!), sin pensar cabalmente en sus consecuencias. Además de que pareciera que no acepta “el regalo” recibido, que no goza con él, me parece muy absurdo hacer algo para que los demás digan…






El caso es que, mientras nuestras sociedades van entrando en la actual “crisis de valores”, una mayoría de gente llega a andar perdida, con consecuentes “crisis de identidades” … Y vuelven las “necesidades” de significarse. Así, quien más carencias afectivas tiene, quien más problemas encuentra al definir su sexualidad o hasta la razón por la que vivir… ¡más necesitará de “destacar” ante su tribu! Sintiendo la obligación de aparentar ser quien no se es; siguiendo la moda de alguien que goza de fama: futbolista, cantante…










También surge (puede que debido a un debilitamiento de otros valores culturales e intelectuales) el “culto al cuerpo”, la pija devoción por la ropa de última moda… y deseo de aparentar como “modelos de moda” cada día (cayendo en las redes del consumismo).

Y aquí entra de lleno “la moda tattoo” en nuestra vida cotidiana. ¿Es algo razonable, es despropósito?






Hacerse uno o varios tatuajes no es exactamente como cortarse el cabello de una forma, pintarlo, usar una ropa específica. El plantearse hacerse un tatuaje es algo bastante más serio porque es algo que se va a quedar marcado de por vida y si solo se hace por moda, puede convertirse en una experiencia desagradable más adelante. El “porque lo lleva todo el mundo” o “porque está de moda” no parece que deban ser motivaciones muy adecuadas.

En principio, se supone que un tatuaje representa una manifestación que hace la persona para dar a conocer un gusto, una idea, una creencia. Y tal vez, se pueda considerar un derecho, pues todos somos libres de expresarnos como queramos sin dañar a nadie.


Aunque, seguramente, y sin criticar nada, pero quienes que se hacen tatuajes con un determinado significado, no deberían hacerlos sólo porque estén de moda…; porque, caso, con el paso del tiempo, se puedan sentir arrepentidos.

¿No es arriesgado tatuar algo en el propio cuerpo… para toda la vida?

Quizás por ello, no todo el mundo tiene la disposición necesaria para “escribir” algo en su cuerpo. Ya sea una expresión cultural de pertenencia, una devoción, un amor que se promete eterno, acaso por rebeldía... Pero ¿cómo garantizar que eso, sea lo que sea, va a ser para toda la vida?

En general (dicen quienes han estudiado el fenómeno actual) se ha llegado a la conclusión de que quienes se hacen tatuajes, responden a una tipología determinada de personalidad:


- Personas extravertidas, que dependen mucho de los estímulos externos en el entorno inmediato. Tantas veces se convierte en una necesidad para quienes van por la vida con una tan baja autoestima, necesitadas de recibir la atención de quienes le rodean: el hecho de recurrir a esta clase de recursos estéticos y simbólicos puede ser visto como un intento por construirse una identidad frente a los demás; tener la oportunidad de poder contar algo a través de historias trazadas por la tinta que decora el cuerpo.




- Suelen ser personas que tienen una significativa tendencia a recibir con alegría las nuevas experiencias; todo lo relacionado con la aventura y con la posibilidad de asumir un cierto grado de riesgo (¿novelería?). No importa lo que se, cualquier ocasión es buena para “salir de la rutina”.




- Gente a la que le gusta destacar, que con ello experimentan un cierto placer. La motivación que manifiestan tener para hacerse tatuajes es simplemente que les gustan o porque tienen un significado que ellas conocen más que nadie; pero en general, quienes deciden tatuarse la piel muestran una significativa motivación por destacar entre el resto.






- Y quienes se dejan guiar (o manipular) por la moda: se lleva, está de moda, “toca” hacerlo. Tampoco me convence el razonamiento. Según la opinión de Tihamér Tóth (a quien yo leía siendo joven) que “seguir las modas” porque sí, denotan poca personalidad.

Yo soy de ese grupo de personas que nunca ha estado de acuerdo con esa “opinión” tan común de “yo soy dueña (o dueño) de mi cuerpo” que utilizan, a menudo, quienes hacen barbaridades con él. Porque (yo así lo creo) todas y todos somos “patrimonio de la humanidad”: somos un bien social universal y lo que hacemos o dejamos de hacer repercute en los demás; empezando por quienes nos rodean, pero sin poner fronteras a nadie.


Pero quizás sea que yo no tengo una motivación fuerte para "marcar" mi cuerpo.

Y ¿cuáles pueden ser esas razones?

Es de suponer que quienes se tatúan habrán de hacerlo por algo ¿o no?


Según apuntan quienes han investigado sobre el tema, las razones más populares por las cuales a la gente les merece la pena pasar por la aguja y es que esos diseños pueden representar momentos importantes vividos (recordar un cambio importante en la vida), querer estar “a la moda”, ayudar a superar malas experiencias, a buscar cómo recordar algo para siempre (marcar un logro alcanzado), o como motivación para seguir luchando por un sueño. Acaso también es un modo de pensar que algunos tatuajes pueden funcionar como amuletos, buscando tener suerte o bienestar en la vida. Y todavía hay quienes lo hacen por pura coquetería, buscando algún motivo bonito para lucir en la piel.

Como también hay quienes encuentran razones para nunca hacerse un tatuaje: lo que para muchas personas es un arte, para otras es un peligro que, después de gastar un dinero, puede causar problemas de salud si no se tienen los cuidados necesarios o si aparece algún tipo de alergia. 
A parte de ello, puede traer complicaciones en algunos trabajos (pues hay empleos en los que no es permitido tener tatuajes, ya que no son bien vistos).


Pero bien: vivimos en una sociedad que posibilita que cada quien se exprese y viva según le apetece, siempre que no perjudique a los demás. Aunque la libertad hay que considerar que tiene una doble vertiente: quien actúa haciendo su voluntad tiene que admitir que los otros también lo hagan, no vale imponer criterios propios sobre el resto de la gente.


Y también, yo pregunto y me pregunto: ante estas expresiones tan anómalas, pero tan abundantes, ¿habrá alguna razón más honda que las motive?, ¿es sólo una moda o no será que en esta generación se está viviendo una profunda crisis de identidad?

Aunque, ciertamente, es realidad que hay que aceptar. Sabiendo que tanto si hablamos de creencias como de arte, lo que hagamos puede ser aplaudido o no, alabado o criticado.  


Seamos consecuentes con nuestros actos y ojalá que todo el mundo haga lo mismo. Ojalá.