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martes, 13 de junio de 2017

¿CUMPLE… AÑOS?


Cumplir años. ¿Qué es eso? En realidad, una propuesta con éxito de las tantas que hacen los grandes almacenes.

Una verdad a medias. Porque la vida es un camino que hacemos día a día.

Para empezar, hasta podríamos cuestionar… cuándo es que venimos a la vida: ¿el día que el médico o la matrona nos saca del útero materno? Pero ¿antes de ese momento, acaso no éramos ya seres vivos? ¿Por qué no contamos nuestros días de existencia desde el momento de nuestra concepción, por ejemplo?, ¿o desde que nuestro corazón empezó a palpitar…?

O también…: si durante los primeros años de nuestra vida (ya en el mundo de los terrenales) no tenemos lucidez sobre el hecho de ser persona, ¿somos o no somos? ¿Acaso la vida habría que contarla desde que somos conscientes de nuestra propia realidad?



Y una pregunta más:

Si no hemos aprendido a SER, si no sabemos dirigir nuestros propios pasos y vamos por la vida (más vegetando que otra cosa) haciendo lo que las circunstancias u otra gente nos lleva a hacer ¿estamos siendo quienes nos toca ser…, o aún no vivimos (de verdad) nuestra propia vida?

Pues vivir (vivir de verdad) es algo más ¿o no?

Ahora bien: queremos celebrar nuestro privilegio de vivir. Estupendo. Nunca estará mal.



Pero eso… ¿por qué no hacerlo todos y cada uno de nuestros días?

Pues, la verdad es que, con la salida del sol, cada jornada es una nueva oportunidad para vivir disfrutando de nuestra existencia.

Y otra cosa: es más positivo, es más gratificante (creo) pensar la vida en positivo. Casa día es ¡un regalo nuevo!

“Cumplir” parece que es “haber superado” algo, quizás la “prueba” de haber logrado cruzar una puerta o subir un escalón, de conseguir salvar alguna situación que teníamos pendiente… Pero lo importante no es el pasado, sino el presente que vivimos, abriéndonos paso al porvenir que tenemos por delante... ¿estamos de acuerdo, o no?



Cada “acontecimiento-invitación” que nos llega, nos pone delante “pistas”… Acaso no siempre es lo que esperábamos. Seguro. Entre otras cosas porque, muchas veces, nos empeñamos en ser o hacer lo que no nos corresponde (por lo menos en ese momento) y no nos damos cuenta de todo cuanto tenemos ahí, delante de los ojos…

¿Por qué? Por nuestra distracción, acaso por estar mirando para otra parte… Nunca veremos amanecer si dormimos hasta media mañana, pero tampoco nos daremos cuenta de que alguien nos sonríe si estamos mirando al suelo o tenemos cerrados los ojos.

Visto así, la vida es una invitación (a la vez que un reto) constante. No hay que celebrar lo que pasó; hay que abrazar, con gozo, lo que nos llega, lo que tenemos delante, aquí, ahora.


Por eso sí que podemos ¡sentirnos felices! Ponernos a disposición de hacer de nuestra existencia una aventura maravillosa. Día a día, constantemente.

¡Eso es vivir!



miércoles, 7 de junio de 2017

SOBRE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA


Seguramente se han cometido muchos errores, décadas pasadas, respecto a la enseñanza de la religión en las escuelas y demás centros docentes. Igual en España que en otros países. Y, desde un adoctrinamiento, una manera de educar a los pueblos en un determinado sentido; buscando una uniformidad o quizás hasta un modo de manipular las masas. 


Bien, eso es historia; por lo menos en nuestra tierra España. ¿Y ahora qué pasa? Pues que ya no vivimos en el “nacional catolicismo”, que ya no vivimos en dictadura, que tampoco estamos ajenos a todo lo que nos rodea… y nuestra sociedad es aconfesional, abierta a mil maneras de pensar y sentir. 


Hablamos de multi-culturalidad…  Algo que abarca todo tipo de diferencias, en lo religioso, étnico, de género, etc., etc. Que significa que todos hemos de respetarnos mutuamente. ¿Y qué sucede ahora? Que vivimos rodeados de personas diferentes y no sabemos cómo comunicarnos con ellas, porque no conocemos sus motivaciones, sus maneras de entender la vida, sus creencias… La sociedad es cada vez más plural, más heterogénea, más diversa.  


Por eso, pienso, la enseñanza religiosa, en los centros docentes (tanto públicos como privados) tendría que ser algo fundamental; igual que la geografía, la historia o la lengua. Pero esta educación religiosa nunca tendría que ser una “catequesis” centrada en una determinada religión. Sino que debería ser una asignatura que abarcara la suficiente formación-información sobre las principales religiones que se profesan en el mundo: para entender al musulmán, al judío o al budista que vive en nuestro piso de arriba, es imprescindible saber porqué hace ayuno, se viste de esa manera, canta salmos o dedica horas a la meditación…   


¿Cómo entendernos, en sociedad, si no sabemos nada de quienes nos rodean? ¡No se pude vivir, hoy, siendo ajenos al mundo en que vivimos, cargado de diversidad!


Igual que creo que se debe dar una educación respecto a la religión mayoritaria en nuestro país (que por cierto, si no sabemos nada de quién fue Jesucristo, no podremos ni entender en sentido de muchas de nuestras fiestas o el nombre de tantas calles de nuestras ciudades), pero también la de tantos conciudadanos nuestros que siguen a otros credos o se declaran agnósticos o ateos (lo cual, a veces, lo único que indica es que están nadando en la ignorancia). 




jueves, 4 de mayo de 2017

DECISIÓN


SOLTAR  AMARRAS

Hay que atreverse.
Si no lo hacemos,
nunca podremos
avanzar
en la travesía,
en el rumbo
que hemos de dar
a nuestra vida.

No es fácil, acaso
es imposible,
avanzar en esa aventura
propia
que es la vida
si no es soltando ataduras,
amarras.

A veces no es fácil,
hay que saber
poner “punto final”
a ciertos capítulos de la vida.

Pero el pasado, es pasado.
Hay que arriesgarse,
atreverse… (lanzarse
de una vez por todas)

¡y soltar las amarras!


martes, 11 de abril de 2017

SENTIDO COMÚN


SENTIDO  COMÚN  Y  FUTURO  COMÚN

Al ser humano, al “homo sapiens”, pareciera que (demasiadas veces) tiene dificultades para razonar. Sobre todo para hacerlo con “sentido común”. Quizá que, como decía el viejo profesor Don Eugenio, «el sentido común es el menos común de los sentidos».

Y, cada día, vemos tal cantidad de barbaridades que nos puede llevar a concluir que, en muchas ocasiones, los animales son más “razonables” que a la gran mayoría de quienes se nos tiene por “racionales”. 





Tantas veces, a mí me da la impresión de que hoy se va extendiendo, como una mancha de aceite en el mar la “cultura” de la “incultura” (para mucha de esa gente “contra-cultura”).

 

Es increíble que, en muchas de nuestras ciudades del “mundo civilizado” (desde luego también se dan algunas magníficas y dignas excepciones) nos encontramos, por todas partes, manifestaciones de que aquello que siempre se ha considerado “correcto” ya no lo es, ya “no va”.  Lo feo, lo roto, lo desorganizado, lo grosero, lo incívico, la mala educación, el rufianismo, lo desastroso… es lo que ahora está “de moda”.





A mí no me puede caber en la cabeza (quizá sea signo de que voy para viejo y mi mente rezagada y acaso trasnochada, enredada en el pasado) que el “progreso” signifique destrucción de lo que, durante siglos, ha sido civilización.



Y, respecto de civilización, que es más que el puro desarrollo y progreso material; pues ha de incluir todo un conjunto de costumbres y saberes, de progreso en lo cultural, social y político (distintivos propios de las sociedades avanzadas)… ¡me parece tan atroz (viendo lo que vemos, casi a diario) que la búsqueda de la concordia, que el deseo de entendernos para mutuamente ayudarnos, los unos a los otros, ahora sea lo que una gran mayoría de gente ni se plantea ni quiere!



Dividir, romper, destrozar hermosas construcciones y obras de arte, degradar valores tradicionales, maldecir las instituciones, marginar la verdadera educación, ir “contra todo”…

Faltando el respeto a cualquier orden establecido, no sabiendo estimar ni lo ajeno ni lo público (que no es propio de nadie porque es de todos). Cuestión fundamental de cualquier sociedad civilizada: si no sabemos defender “lo público” ¿qué se puede pedir respecto de lo ajeno?

 

Consecuentemente, producto de los miedos, del temor a perder lo que valoramos, surgen los muros, las barreras, las fronteras… Pues ¿qué es la “propiedad privada” sino un resorte del miedo? De la desconfianza, del temor a no tener lo suficiente cuando surja una necesidad…, aparece la manera de “defenderse” de los otros; pues si todo se considerara “bien de la colectividad” no existiría el problema (digo yo).





Aprovecho para decir que yo, por principio, odio los muros, las rejas, los fosos, los enfrentamientos (¿intransigencias?) con el único propósito de hacerse daño unos a otros (creando divisiones). Por ello, he llegado a pensar que el mayor error de la Historia de la Humanidad ha sido el inventar las fronteras. Pues si todos formamos parte de la Gran Familia Humana ¿a qué vienen tantos miedos y desconfianzas?

 

 Que el viaje es único, el destino común.

  




miércoles, 15 de febrero de 2017

NUEVO LIBRO SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA



¿Qué es la vida?, ¿qué es el amor?,
¿qué la ilusión por llegar a tener lo que se sueña?

Es algo más que arrastrar la existencia.
Unas veces, es la generosidad arriesgada,
aún cargada de añoranzas.
Otras es comprobar que no hay fronteras
para los sentimientos más profundos;
que el amor y la amistad pueden
vencer razonamientos enfrentados
y hacer posible los abrazos…

¿Para qué estamos en el mundo?
¿Nos atrevemos a soñar,
a esperar sin rendirnos ante las dificultades?,
¿respondemos cabalmente al desafío
de “vivir” el gran regalo que poseemos…
de nuestra propia vida? 

Lo real… es lo más hermoso
que siempre nos sucede.
Sólo es ¡lo que es!
Pero ¿todo “siempre te amaré”
es compatible con toda realidad?
Aunque a veces ¿hay amores
que trascienden al espacio y al tiempo,
que ni siquiera la muerte puede
 separar algunos fuertes sentimientos?

¿Qué nos llena de contenido la vida?
¿Acaso la esperanza,
la esperanza más que viva,
que nos lleva a buscar futuros
más armoniosos, más felices?
Sí, es importante luchar por conseguir lo mejor…

Pero, a la vez que hay personas
que nunca se pueden olvidar,
las circunstancias cambian.
Por eso hay que saber
que cada día es nuevo... y único.

Ojalá siempre nos sintamos bien
con cuanto hacemos, procurando
que nuestras acciones
estén marcadas por la justicia.

Que no nos falten nunca las ganas
de buscar, siempre, con ilusión
el encontrar “algo más” en la vida…
Tener claro cuánto hay que hacer
y saber hacerlo.
Y ¡disfrutar al conocer cada verdad!

Una pregunta me hago y quiero hacer,
abierta a los cuatro vientos:
¿Tal vez no habrá alternativas
al desorden social?
Yo creo que… si miramos bien, podemos ver
que ¡hasta en medio
de un montón de estiércol
pueden llegar a crecer
hermosas flores… de muchos colores!

Porque la vida es plural, diversa
y, ¡tantas veces!, sucede lo imprevisto.
Hasta enamorarse… puede ser peligroso,
pues no es fácil asumir las consecuencias
cuando existen abismos insalvables. 

Pero ¿todos los caminos están abiertos?,
¿o existen destinos marcados?

La vida se hace de sentimientos,
de momentos de alegría y de tristezas,
de ganas de alcanzar algo, de sentires.

Claro que… ¿sabemos realmente
lo que es el amor?
¿Dar y recibir?, ¿confiar?,
¿compartir las experiencias más cotidianas,
con alegría?

¿Y si fuera posible vivir
compartiendo todo lo que se es…,
sin mercantilizar, sin poner precio
a lo que hacemos?

¿Quién alcanza la dicha
de tener con quién realizarse,
haciendo la propia historia
junto a otra persona con sus mismos ideales?

Convirtiendo cada crisis
en una oportunidad para recuperar
ilusiones perdidas.
No renunciar nunca a la vida;
sino saber disfrutar de todo
cuanto se dispone…
¡Volver al gozo de dar y recibir a un tiempo…!

Si, en algún momento, nos falta la luz…
¡busquémosla!
En la oscuridad de la noche,
pueden verse las estrellas.
Con la luz del día,
se distingue a las personas.
Mirándolas, podemos encontrarnos;
descubriendo motivaciones
para ser felices ¡llevando
felicidad a otra mucha gente…!

La otra pregunta es: ¿Qué le pido,
qué le pedimos,
qué le pides tú a la vida?
A veces es bueno encontrarse
con alguien para compartir,
respetando otros criterios,
 hasta para soñar con un mundo mejor…
Y ¿por qué no, organizarse
para hacerlo ¡qué es posible!?

Aunque, ciertamente, para llegar
a lograr algo, hay que saber
qué es lo que se quiere.
Pues ¿cómo buscar si no sabemos
lo que queremos encontrar?

Para lograr que nuestros sueños
se hagan realidad ¡hay que despertar!
Y hay que ¡ponerse
a actuar, confiadamente!

Mas no olvidemos  algo
que es clave:
amar es compartir la vida,
amar es coexistencia,
amar (de verdad) es todo un compromiso
solidario y liberador,
que lleva a las almas grandes
a hacer realidad ¡cuánto es posible!,
pues somos manos activas de la Vida. 

  

¿Qué es ALGO MÁS?

Una aventura literaria en la que se plantean varias cuestiones fundamentales para todos los seres humanos: la búsqueda de unos ideales, el amor y la amistad, la lucha por hacer posible un mundo mejor…  Y también, de alguna manera, un cuestionamiento de los “valores” establecidos por nuestras sociedades… que no siempre son excelentes.


La vida es algo más. Es más que una aventura. Es más que un sueño o un proyecto. Es más que una lucha arriesgada o un compromiso con la Historia.


Muchas veces, a mucha gente, se le pasa la vida deseando tener aquello que la vida no le ha dado… y, acaso resignadamente, renuncia a soñar con ello, sin más.


Pero lo primero que ha de hacer toda persona que desea tener una vida “de calidad” es optar por tener el coraje de negarse a la “no-vida”, a la “no-ilusión”, a la “no-esperanza”.


A veces la muerte física es menos muerte que la desidia (que es tanto como la muerte en vida): tremenda realidad la de esa gente que vagabundea por la historia sin ninguna ilusión, sin ningún proyecto por delante; sólo dejando pasar los días como si fuesen hojas de árboles, secas, que caen… y el viento las arrastra a cualquier parte.


Personas que no saben qué es lo que necesitan para ser felices y renuncian a buscarlo. Sí, porque la vida no es una colección de peligros evitados, sino un cúmulo de experiencias (que todas nos aportan algo y nos ayudan a llegar a ser quienes somos).


La vida es cúmulo de experiencias que nos llevan a crecer como personas. Cúmulo de experiencias, no arcones llenos de cosas, ni, siquiera, agendas llenas de nombres.


Triunfar en la vida no depende sólo de nuestros conocimientos, formación, habilidades… También de nuestra determinación para aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Sin miedo.


Tener riquezas, estar rodeado de personas,  tener una pareja ideal, vivir en medio de las mejores circunstancias,… no son garantía de nada.


Porque la felicidad no se descubre al encontrar algo o alguien…, sino en llegar a ser quien verdaderamente se es.


De todos modos, la aventura de vivir es para vivirla en compañía. Como diría Albert Camus “Es imposible ser feliz a solas”.


Para Cantar a la vida y a la libertad, para arrostrar la vida como desafío, como aventura diaria… ¡necesitamos andarla compartiéndola, haciéndola realidad buscando ayuda, encontrando apoyos, siendo conjunto!


El amor (como prototipo de todos nuestros sentimientos más profundos) hace cambiar esquemas, planteamientos, estilos o estados de vida. El amor trasciende los límites (hasta el de la muerte). Pero el amor no siempre es una experiencia llena de luz, gratificante, potenciadora. A veces, nos hace caminar con temores, con dificultad, con sufrimientos. Mas, a pesar de todo, ¡siempre merece la pena!


Con este nuevo libro, en estos relatos alternativos, yo sigo invitando a soñar con que otro mundo, desde luego mejor, es posible.






viernes, 25 de noviembre de 2016

¿PARA QUÉ?


 

INVITADO A CLASE

 
(Capítulo 7 del libro “GRANDES REGALOS”)

Habían pasado ya unos meses desde el día de su jubilación. Pero era conocido que, de alguna manera, el viejo profesor seguía en contacto con muchos de sus antiguos alumnos…

 
El profesor que le había relevado en el puesto, no encontraba suficiente motivación en la clase. No sabía lo que pasaba, o tal vez lo que sucedía era que había como un abismo que salvar… entre lo que eran las clases de su antecesor y la manera como él las impartía.

 
Así es que, seguramente queriendo buscar un acercamiento a su alumnado, al que no lograba llegar como él quisiera, se le ocurrió invitar a su antecesor para que le hablara de algo que les ayudara a mejorar su motivación…

 
El día acordado llegó. Al entrar en clase el nuevo profesor titular junto al viejo profesor, ya jubilado, en clase se produce un ligero rumor, luego una alumna inicia un aplauso y luego, toda el aula se vuelca en una larga ovación. Por fin callan y el joven profesor, invita a los alumnos a escuchar, con atención, como si fuera por última vez, las palabras de Don Adalberto.  

 
Empezó así:

 
- Buenos días. Agradezco esta oportunidad que me da Don Luis para dar mi última clase, para exponeros un tema fuera del programa curricular de este curso. Y os voy a hablar de “¿Para qué?”

 
Sí. ¿Para qué? Yo, con mis 65 años, casi 66, lo considero fundamental. Y pienso que para vosotras y vosotros, ahora que sois jóvenes, que estáis en, como se dice, la flor de la vida, también ha de ser fundamental. Y quiero comenzar haciéndoos unas preguntas. No para que me las respondáis ahora, sino para que os las respondáis… personalmente. Eso sí, cuanto antes.

 
Pregunto: ¿para qué estudiáis?, ¿lo sabéis?
 
Más: ¿para qué vivís?, ¿lo tenéis definido?
 
Sí, filosofando, siempre se nos dice: “Es importante saber de dónde venimos y a donde vamos”. Pero no lo es menos saber: para qué estamos aquí y ahora. Vivir sabiendo para qué hemos nacido, para qué existimos.
 
La verdad es que, fundamentalmente, eso es lo que os va a llevar a ser, durante toda la vida, unas personas felices o desgraciadas. No el dinero o el poder que logréis, no las casas o coches que lleguéis a tener, ni las chicas guapas o los tíos espléndidos que os llevéis al huerto…, sino si vuestros días tienen razón de ser: ¡un ¿para qué?!
 
Seguramente más del ochenta por ciento de la población del mundo no lo sabe. Y, muy posiblemente, no ha descubierto “la clave” de la felicidad: saber para qué están viviendo.
 
Toda la clase queda en silencio. Nadie habla nada. El profesor se acerca a la pizarra y escribe: ¿PARA QUÉ?
 
Nadie dice una palabra, los jóvenes están expectantes…
 
Después de no más de un minuto, aunque pareciera que había pasado un largo rato, una chica desde el fondo del aula, pregunta:
 
- Eso digo yo ¿para qué todo esto?
 
- Pues eso depende casi exclusivamente de ti (responde el anciano profesor). Y me dirás… ¿cómo puedo saber yo “para qué” estoy en este mundo, en este espacio y tiempo…?, ¿qué sentido tiene mi vida?
 
- Pues sí, eso mismo (responde la joven).
 
- Magnífico. Perdona, que no lo recuerdo ahora ¿cuál es tu nombre?
 
- Natalia.
 
- Magnífico, Natalia. La inquietud de responder a esa pregunta te puede llevar a cambiar el rumbo de tu vida. Porque sólo si te lo preguntas buscarás la respuesta. Y mientras no tengas la respuesta, andarás perdida…, como Alicia (*) en el País de las Maravillas: si no sabes a dónde vas, igual da para donde camines…
 
Te voy a explicar, os voy a explicar a todos, por si a alguien más le interesa, que espero que así sea, cómo conocer la respuesta a esa pregunta: ¿para qué?
 
Lo primero que habréis que hacer es indagar, escudriñar dentro de vuestra mente. Se trata de que miréis, observéis, veáis dónde están las pautas de vuestra “filosofía de vida”. Dicho de otro modo ¿qué es lo que os gusta de esas personas que os gustan?
 
Pensad: hay personas que os resultan desagradables, repelentes, nada más oír sus nombres. Quizá en esa lista podrían estar Nerón o Atila, Stalin o Hitler, Idi-Amín o Saddan-Husseín. Pues yo os invito a mirando a vuestro fuero interior, penséis en personajes que os resulten gratos, atractivos, admirables. Buscad esas personas, o si queréis personajes ficticios, que os resulten atractivos, cercanas o lejanas que admiráis, que os han impactado por algo… ¿Acaso estén en esa lista inventores, descubridores, escritores famosos, gente que supo entregar su vida por causas justas, que aportaron alguna cosa realmente importante para la humanidad, quizá vuestros padres…?
 
No se trata de que investiguéis ni rebusquéis mucho: con esos diez o doce nombres que os surjan inicialmente es suficiente. No nombro a nadie para no influir en vuestros pensamientos.
 
Venga, haced la lista.
 
Dejó de hablar y, con gestos, invitó al alumnado a desarrollar el ejercicio.  
 
- ¿Lo hacemos, ahora?, preguntaron dos jóvenes, casi a coro.
 
- Sí. Una lista, una relación de nombres, tal como os vayan surgiendo de la mente. Luego, si queréis, las numeráis por orden de preferencia.
 
Guardando silencio un buen rato, esperó a que chicas y chicos fuesen haciendo su enumeración. El joven profesor, también sacó un bloc y se puso a hacer su lista…
 
Al cabo de un rato, y observando las posturas de unos y de otros, fue deduciendo que ya iban acabando la tarea.
 
Cuando ya le pareció que todos estaban esperando, poniéndose en medio, preguntó:
 
- ¿Ya?
 
- Sí, contestaron bastantes.
 
- Bien, añadió: este juego es nada intrascendente. Porque, a partir de lo que vais a descubrir hoy, en estos momentos, vuestras vidas pueden valer más.
 
Atendedme. Tenéis unos nombres: ¿Cómo cuales?
 
Una chica primero y luego algunos otros compañeros, fueron diciendo algunos nombres:
- Gandhi, Cristóbal Colón, Einstein…
- Jesucristo, Luther King, Madre Teresa de Calcuta…
- Buda, Platón, Marie Curie, Tarzán…
 
- Perfecto, no hace falta que me los digáis todos. Pero sí que los miréis detenidamente:
 
Esas son, seguramente, las personas o personajes que han creado grandes sensaciones en vuestras vidas. Algo tienen, o han tenido, que no os ha pasado desapercibido, sino que os impresionó, que os llamó mucho la atención de ellas o ellos ¿cierto?
 
Pues bien, por favor, ahora, analizad un poco ¿qué fue eso que os impactó y nunca habéis olvidado?, ¿qué valores se pueden desprender de ello?
 
¿De Gandhi?, ¿quizás el pacifismo?, ¿de Cristóbal Colón…, su tesón, su determinación?, de Albert Einstein, de Marie Curie, de Isaac Newton…,  ¿acaso su constancia en el estudio y el trabajo?, ¿Y de Jesucristo, o de Luther King…, su mensaje de liberación y amor?
 
¿Qué es lo que más valoráis de vuestros personajes elegidos?
 
Y aquí no tenéis que tener prisas, porque os estáis descubriendo a vosotras, a vosotros mismos. Esas cosas que valorasteis y seguramente seguís valorando de quienes habéis escrito… ¡son vuestros valores! Es lo que puede indicaros el camino de una vida con sentido. Si valoráis la paz, la determinación, el trabajo cabal que da frutos, la solidaridad, la lucha por la justicia… ¡esos son vuestros ¿para-qué?! Y van a ser, para toda vuestra vida, lo que os puede orientar ¡para hacer o dejar de hacer esto o lo de más allá! Para vivir sabiendo para qué habéis nacido, para qué estáis aquí, para qué estudiáis y por dónde ha de ir vuestro futuro.
 
Luego, cuando lleguéis a vuestra casa, volved a mirar esto que habéis escrito…, ordenad esos valores: primero lo que consideréis más valioso, luego lo segundo… Ordenad vuestra “escala de valores” ¿qué está antes?, ¿qué es menos importante? Así estaréis “definiendo” vuestra profunda personalidad; no para lo que os han educado, sino para lo que sentís la llamada vital.
 
Y, a continuación, preguntaos, sinceramente ¿cómo puedo yo llegar a ser esa persona que me gustaría ser, ese ser que yo ya admiro y me haría feliz tener dentro de mí? 
 
A lo mejor, hay cosas que tenéis que plantearos cambiar. O lo mismo no son tantas… ¡pero tenéis que saberlo! ¡¿Qué es lo que vais a hacer por lograr vuestra propia felicidad?!
 
Estaba don Adalberto con la frase en la boca cuando tocaron el timbre: era hora de finalizar la clase.
 
Bien, dijo, sólo dos palabras más: muchas gracias. Ha sido un placer haber impartido y compartido, esta clase de hoy, con un grupo tan estupendo de jóvenes capaces de alcanzar sus objetivos en la vida.
 
La clase, entera, de pié, volvió a aplaudir. El viejo profesor, ya emocionado, también se sentía muy feliz.
 

 

 

 

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(*) “Alicia en el País de las Maravillas”, famosa obra de Charles Lutwidge Dodson (conocido como Lewis Carroll).