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jueves, 4 de octubre de 2018

¿CÓMO VAMOS DE INQUIETUDES?


QUIETUDES  E INQUIETUDES

La paz interior puede que tenga mucho de quietud. 


Porque la armonía personal necesita del silencio, de saber alcanzar el desapego a tantas cosas que nos inquietan (que acaso nos intranquilizan, que nos desasosiegan).

Pero también es quietud la desgana, la falta de interés por todo lo que sucede a nuestro alrededor… ¡es la total falta de inquietud por hacer algo para el bien (propio o de la sociedad en la que vive)!


Muchas veces, las quietudes son lo contrario de las inquietudes. Son como “herramientas” que paralizan (drogan, distraen, atemorizan, impiden vivir auténticamente).

Por eso, para mí, la inquietud, las inquietudes ¡son necesarias, son signos de vida!


Porque…

Tener inquietudes no es
ser persona nerviosa,
que no puede permanecer
sentada media hora…
escuchando
una conversación;
tener inquietudes no es
estar siempre
buscando en qué gastar
el dinero que le quema
en las manos
(o en la tarjeta bancaria);
tener inquietudes no es
vivir deseando que ya
sea mañana, o el mes que viene
para que haya pasado
todo cuanto ahora sucede;
tampoco es matar el pasotismo
criticando todo cuanto
hace la gente o sale en la tele,
por ejemplo…


Tener inquietudes es
soñar con un Mundo Mejor.
Es tener el convencimiento
de que el curso de la Historia no es
como una leyenda
escrita hace siglos
(convertida en tradición),
que se transmite
de generación en generación
pero que siempre es la misma;
sino que es sentir vibrar
los acontecimientos…


Inquietud es vivir:
sentir la necesidad
de participar, activamente,
en el desarrollo de la Historia humana.
Saber, cabalmente, que existe
todo un abanico
de posibilidades,
en las que se puede intervenir;
cada quien según
sus capacidades. Porque
eso es lo que da sentido a una existencia.
Porque así estaremos, siempre,
sabiendo,
sintiendo, que somos
parte activa de la Vida.





lunes, 24 de septiembre de 2018

EN EL DÍA DE LA VIRGEN DE LA MERCED


 R U E G O

María, Madre, Hermana, Amiga,
ruega por nosotros.

Ilumínanos. Necesitamos tanto de ti…

Hemos pensado, mil veces, que teníamos que decirte
muchas cosas;
que debíamos alagarte y alabarte, con plegarias y cánticos
que dijeran tus bellezas, tus virtudes, tus favores…


Pero hemos olvidado escucharte, oír cuanto decías,
aprender de ti las enseñanzas que nos dabas;  
con tu forma de vida, con tu modo de afrontar el por-venir
en el que Dios te requería…

Perdónanos, María, Mujer de las Mercedes;
perdónanos porque hemos sido hasta crueles contigo;
porque hemos acallado tus palabras
antes de que llegasen a nuestros oídos;
porque no hemos querido oír tu grito –tu canto profético–,
y nos pusimos a decirte
“llena de gracias” y “misericordiosa”
y “dulce de corazón” y “purísima”
y “esperanza nuestra” y… tú sabes cuantas gentilezas
que, acaso, ni entendíamos; todo ello, para no oírte:




por no reconocerte, además de Madre, Maestra,
mujer valiente, compañero de todos los humanos
que quisiéramos vivir nuestra fe…
comprometiéndonos con el mundo en sus circunstancias,
con la historia del amor de cada día.



Enséñanos a sufrir, a saber aguantar y a esperar
y a no retirarnos nunca del dolor que encontremos
en nosotros o en los otros, de la cruz
que se nos ponga tan cerda… que
o la aceptemos o la neguemos;
como tantos hicieron los días de la cruz de Cristo…

Recuérdanos, a menudo, que buscar el Reino
es instaurar fraternidad,
y deshacer estructuras injustas de poder, de riqueza,
de inteligencia, de raza o color,
de edad, de sexo o e cultura…



No nos dejes olvidar las tantas desigualdades
que tenemos tan cerca;
por las que pasamos, sobre las que andamos,
cada día, a cada rato.


Ayúdanos, Madre nuestra.
Intercede por nosotros, para que nunca nos acostumbremos
a ver el mal y pasar de largo, como si fuera
un árbol seco del que no es posible esperar frutos.
Acúcianos, para que siempre estemos vivos de verdad:
vibrantes de vida y de ganas de hacerla crecer…


Ruega a Dios por nosotros,
Mujer de las Mercedes,
Madre, Hermana, Amiga, María.
  




sábado, 18 de agosto de 2018

POLÉMICA VIRAL


SÍMBOLOS  Y  MEMORIA

A mí particularmente, no me hace ningún problema que se quiten símbolos religiosos de la vida pública; pero parece ser que en San Fernando (Cádiz), hay una parte importante de la ciudadanía que sí se ha pronunciado en contra de la supresión del mosaico que lleva presidiendo la vida ciudadana hace ya casi ochenta años (o lo que es lo mismo, la vida de todo el vecindario). El Sagrado Corazón, es algo histórico que  lleva presidiendo la vida ciudadana (y es considerado más un símbolo de concordia, de paz, de bien y principios morales para todos).



Claro que, en la actualidad, somos un país a-confesional, perfecto. Sociedad a-confesional, no sociedad laica, desde luego. Ello supone respeto a todo tipo de creencias. ¿Hay que privilegiar a alguna sobre las otras, respecto a otras? Quizá haya motivos. Pero ¿por qué se siguen permitiendo profesiones de Semana Santa o romerías que obstaculizan el desenvolvimiento normal de las ciudades?

Al mismo tiempo, ¿tiene sentido mantener ciertas cosas que ya no simbolizan lo que significaron hace décadas?



Es dudoso lo de “corregir la historia”. Creo que, siempre que se pueda, se debe respetar la historia, que no se deben desmantelar los recuerdos de un pueblo. O (por ejemplo) ¿le quitamos la espada a San Fernando en el escudo de Sevilla, alegando que es un “escudo franquista”?

Difícil será explicarle a nuestros nietos muchas cosas, si quietamos todo resquicio de lo que fueron los acontecimientos históricos que ellos no vivieron. Aunque ahora no lo compartamos.




Ciertamente lo de manifestar públicamente la “unión” de lo civil y lo religioso…, puede que no sea correcto. Hace tiempo que dejamos atrás el “nacional catolicismo”. Pero creo que antes de prohibir lo que se podrían considerar “monumentos” u “obras de arte” del ayer, habría que poner límites a ciertas “devociones populares” que impiden la vida normal en muchas poblaciones…

Pero creo que el tema es otro: ahora lo que impera es no respetar la auténtica “memoria histórica”, sino deshacer la parte de la historia que no gusta a unos cuantos. Sí, se trata de borrar el pasado, como si a toda la sociedad le hubiese afectado un atroz alzhéimer.



Vale, pero ¿esto se ha hecho a petición de la ciudadanía (por “consenso” popular) o por un acuerdo entre cuatro para apuntarse un tanto en pro de conseguir algunos votos y, de camino, demostrar que ellos tienen más poder que nadie? Y, si no es así: ¿por qué hacer las cosas intentando ocultarlas a la luz pública? ¿Buscando que nadie se entere…?



miércoles, 8 de agosto de 2018

¿MIEDO AL AMOR?





AMAR...
CON  FRONTERAS

A veces, los humanos, ponemos límites a nuestro amar. Es como si nos empeñásemos en “amar con fronteras”.


Seguramente es por miedo (una vez más, podemos afirmar que el miedo nos condena a la desconfianza). Es como sí, al abrir nuestro corazón al amar…, tuviésemos miedo a darnos tanto que nos fuésemos a quedar sin algo que es “tan nuestro” que nos lo queremos “reservar” para sólo personas muy escogidas.


Quienes, a lo largo de la vida, vamos aprendiendo a amar (amar de verdad) sabemos que esto es una tarea ardua, no fácil; pues exige mucha entrega, renunciamientos. Tantas veces, sufrir por el bien de otra persona. Este aprendizaje nos invita, una y otra vez, a darnos más cuando menos nos apetece (porque sentimos que la respuesta es nula). No es nada fácil.



Y las experiencias dolorosas, nos pueden llevar a no querer amar demasiado… y (acaso es de humanos, tiene mucha lógica) queremos respuestas, contrapartidas de reconocimiento por nuestro esfuerzo.


Como si el amar fuera una transacción comercial, una negociación; en la que siempre tuviese que haber una contrapartida.


Por eso, quizás (seguramente), confundimos el amor con el querer. Conceptos que casi nunca se corresponden, pues “querer” significa deseo, posesión, búsqueda de una satisfacción propia; mientras que “amar” es entrega…, sin esperar nada a cambio, es dilección, es don gratuito abierto a quienes más lo necesitan.



La conclusión es: que cuando nos proponemos amar… (que es lo mejor que podemos hacer en la vida) hemos de saber que amor es entrega, siempre generosa; de la que sólo podemos esperar una respuesta: la de ver que, quienes fueron amados, aprendan también a amar de la misma manera que (no sin esfuerzo) nosotros ya lo hacemos.



              ¿Sí… o si?    

lunes, 6 de agosto de 2018

LA OTRA CARA DE LA REALIDAD

¿MIRAR PARA ADELANTE?
Mi madre decía que, “cuando nos llega un motivo de sufrimiento, lo mejor es mirar para atrás; no para adelante.”


Dicho de otro modo: pararnos a observar que hay personas que lo están pasando peor que lo que, en nuestro caso, estamos sufriendo. Seguro que, siempre, habrá alguien en peor situación. 


No mirar a quienes lo pasan mejor, sino peor; y eso nos hará ¡hasta optimistas! (no tiene por qué ser “consuelo de tontos”).


Si miramos siempre a los que están muy bien acomodados, puede que se nos despierte el sentimiento de la envidia. Y eso no es bueno, pues sólo puede llevar a amargarnos o al resentimiento (acaso el peor de todos los sentimientos que puede albergar el corazón humano).


Lo cual no quiere decir que esa sea nuestra norma de vida. Nunca hemos de renunciar a mirar al porvenir con ilusión. La mejor arma contra el pesimismo es el optimismo. Y eso quiere decir que la clave está en avanzar. Porque, sobre todo (es algo que nunca debemos olvidar): rendirse ¡nunca!



martes, 17 de julio de 2018

CON VALENTÍA O...


CON MALA SUERTE

A veces… escuchamos o hasta decimos “esta persona ha tenido mala suerte en la vida”. Y ¡ya está! Nadie es culpable de cómo le fue o le van las cosas. Todo el problema es ¡la suerte! Porque nació en tal familia, en determinadas circunstancias o de cierta condición…  



Pero ¿y por qué alguien que llegó a la vida en circunstancias muy parecidas o hasta aún más drásticas salen para adelante y logran superar todas las circunstancias adversas, hasta alcanzar una vida digna y afortunada?



Quizás, seguramente, es que nuestras vidas tienen mucho de OPCIÓN. Y quienes se conforman con no luchar, quienes tienen miedo a arrostrar su realidad, a salir de su jaula o de su armario, a pelear por lo que desearían… ¡jamás verán la sonrisa de  la fortuna, el brillo de su estrella!  


Para ser felices, para disfrutar la vida, para tener el gozo de existir ¡es necesario (imprescindible) OPTAR POR SER!

Ser quien se es, por encima de todo. Trabajar por demostrar al mundo (sin miedo) que estamos en la vida ¡para ser quienes somos!, ¡cómo somos!


Ojalá sepamos hacerlo, cada día. Amén.


domingo, 10 de junio de 2018

SENTIRES...


DE  AMORES 
Y  ODIOS…

Amar (de verdad) es estar siempre dispuesto a dar más de que se recibe. Cuestión no siempre fácil… pues, ¡en tantas ocasiones!, de nuestros gestos de amor, de nuestra entrega (aún desinteresada) esperamos la recompensa de una respuesta amable.

Amar es una necesidad humana, pero también (desde lo más adentro de nuestro ser) todos demandamos el sentirnos amados.


Pero ¿es fácil? ¿O toda experiencia de amor puede ir acompañada (igual que le pasa a las rosas) de espinas, de dolor, de sufrimiento?

Cuando una persona que amamos actúa de manera muy diferente de cómo lo esperábamos de ella, nos despierta un cierto sentimiento de rechazo, de animosidad, acaso de rabia.


En esas circunstancias, en determinados momentos al menos, esa persona nos puede resultar “odiosa”. Lo cual no quiere decir que no la amamos.

La actuación contraria a nuestro pensamiento de mucha gente que no conocemos, no nos produce ningún sentimiento de repulsión, pues no son nadie en nuestra vida. 

Es a partir de que nuestro corazón está lleno de amor y esperanza, respecto de alguna persona…, cuando nos hace despertar ese sentimiento de aborrecimiento, de odio.


Si a quien más hemos dedicado nuestra atención, a quien más hemos estado amando y atendiendo, a quien le hemos querido dar los mejores ejemplos, esperando que aprenda de ellos, que llegara a ser como nos gustaría que fuese… ¡porque hemos soñado con que llegaría a ser esa persona maravillosa que nos hemos imaginado que podría llegar a ser!, pero… pasa el tiempo y no nos responde, y no actúa como a nosotros nos hubiese gustado ¿qué puede pasar por nuestra mente, qué sentimiento puede surgir en nuestro corazón?

Seguramente por eso, el conocido adagio “del amor al odio hay solo un paso” nos testifica que es una realidad global.


Y aquí mi pregunta: ¿y del odio al amor…, también sólo nos separa un paso?




lunes, 12 de marzo de 2018

A GABRIEL



ABATIMIENTO

Cuando un niño muere
por una causa injusta…
el mundo se revela
y hasta grita con angustiada rabia
lo que es incomprensible
y nunca permitido.




Siempre que alguien muere
de un modo inesperado
podemos preguntarnos
¿por qué… sucede esto?
A veces comprendemos
los fiascos o desaires que,
sin anhelarlos, nos depara la vida.

Otras veces, yo pienso que es imposible
encontrar razón alguna para aceptar
las ciertas impiedades que
la cruda realidad nos pone por delante.
No hay respuesta lógica,
aceptable a la razón:
que un crío muera por causas naturales
(acaso una grave enfermedad) es difícil
de entender ¡qué cruel parece,
a veces, la vida
en esta Tierra de entidad mortal!




Pero lo más intolerable, jamás comprensible,
que alguien quite la vida 
a quien la disfruta en flor,
por celos, por manías, tal vez  recelos,
o puro fanatismo… ¡locura atropellada!
La gente que es malvada,
injusta, canalla, indeseable,
que causa estas maldades
¿por qué?, ¿para qué?

Quien no merece ni la consideración
de ser humano, ni de persona;
quien es peor que una bestia animal…
¿acaso ha de tener derecho
a ningún perdón, a alguna consideración?
Hasta sería injusto no reprochar
a esta gentuza su malvado proceder.




Gabriel pide justicia.
No es posible dejar (seguir dejando)
que esto que concebimos
como un mundo “civilizado”
sea lugar perverso
donde se sigan cometiendo,
hasta impunemente, tremendos
atropellos tan ajenos a cualquiera razón.
Él no es nada culpable de haber soñado
con futuros llenos de paz y amor.




Y, desde luego, digno es
que no olvidemos:
que Gabriel ¡nos quede en la memoria!
y que bien comprendamos
que toda criatura que sufre
algún maltrato, siempre injusto,
lo que merece es un abrazo
cálido y solidario
por parte de alguien…
¡de toda persona que en su pecho
albergue un corazón.