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jueves, 5 de marzo de 2015

PENSAR Y SENTIR...


 
Todas  y  todos
“en  armonía”

Mucha polémica hay (de la cual yo también he sido partícipe alguna vez) sobre el tema del “machismo lingüístico; atendiendo a tantos mensajes subliminales discriminatorios que utilizamos en muchas ocasiones… y que creo que no es necesario repetir una vez más. Porque, además, es mejor obviar ¿no os parece?
 
 

Es verdad que, para que las mujeres accedan a la igualdad de oportunidades, además de perfeccionar y completar el desarrollo normativo del principio de igualdad, hace falta cambiar muchas actitudes y comportamientos que se dan, a diario, en las estructuras sociales establecidas.
También es verdad que el lenguaje debe estar abierto a ser modificado y, razón de más, si encontramos en nuestra manera de hablar expresiones que pueden desagradar o hasta ofender a algunas personas (como por ejemplo, cuando decimos en medio de un colectivo de africanos eso de “el futuro está muy negro” ¿y por qué no blanco o rojo?).
 
 
Pues lo mismo con el tema de las mujeres; si bien es verdad que en nuestro idioma, el castellano, “el género gramatical no hace referencia al sexo”; es más, habría que entender bien que el género es una categoría gramatical (no otra cosa) y que, en nuestra lengua, el único género gramatical que es positivo es el femenino. El desdoblamiento del género que se hace en la actualidad de algunas palabras, seguramente que tienen más que ver lo político, o en todo caso con lo sociológico que con la gramática.

Que el Instituto de la Mujer, o algún que otro partido político, quieran “hacer campaña” para conseguir votos o aplausos diciendo que es norma utilizar palabras sexistas discriminatorias en todo momento, creo que es hasta ridículo. No importa y hasta me parece bien que digamos “género humano” cuando hablamos de los seres racionales que habitamos el planeta Tierra, pero que igualmente podemos decir el “hombre”,  pues esta palabra no tiene sexo e incluye igualmente a varones y hembras.  
 
 
 
 
Lo peor, lo repugnante, lo detestable, lo execrable, lo más aborrecible e inaceptable, del “machismo” es el maltrato (tantas veces justificado por la supuesta superioridad del varón, del macho, sobre el entendido como sexo débil).

Y tan grave es el llegar a aceptar que “las cosas son así” como si fuese una “ley natural”… Cuestión de la que no sólo son culpables los varones, sino también las mujeres que lo admiten.

Como bien dice Sara O. Durán (seguidora de este blog) en su comentario a mi anterior “post”, “también educar a la mujer”… y que, como nuestras abuelas decían, ellos llegan “hasta donde la mujer lo permite”.


Ojalá que sean nuestras actitudes las que nos ayuden a ser “seres humanos” racionales y podamos vivir en armonía con la Naturaleza de la que todas y todos formamos parte.