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lunes, 14 de octubre de 2019

ETERNA CUESTIÓN


¿QUIÉN  SE  ATREVE  A AMAR… DE  VERDAD?


La vida es un don del Creador, un regalo (gratuito, que no superfluo) recibido del Dios de la Vida. Como también lo son el amor, la fe y la esperanza.

Recibimos estos dones para ser felices y para que hagamos posible la felicidad de cuanta gente vayamos encontrándonos por el mundo.

Dios es Amor. Quien nos creó es todo Amor: su obra creadora es obra de Amor que engendra Amor.


Así, nos hace a todos los humanos capacitados para amar, personas dignas y libres para que vivamos amando…

Pero el Amor no es simplemente un sentimiento o una apetencia vital. El Amor es, sobre todo, una opción. Para amar de verdad ¡hay que querer hacerlo!, libremente.

Porque el amor es esa excelente actitud que nos lleva a actuar pensando en el bien de las otras personas, tanto como en el nuestro propio.

No es cruel impiedad, es generosidad. No es renuncia a ser, para dejarse manejar por los otros o el “sistema establecido”; sí es crecer como persona, para mejor servir al prójimo misericordiosamente.

Pero siempre desde nuestra voluntad de hacerlo… Porque el Amor ha de ser una actitud libre: el amor no es exigencia, es don. Amor por obligación ya no es amor, sino que es cumplimiento de un deber.

Para vivir nuestra existencia con gozo, es importante saber ser conscientes de que somos amados.

Por eso: recibir la gracia, el don de la vida con la capacidad de amar, nos lleva a vivir la existencia gozosamente.

Y esto es un regalo y también una tarea a desarrollar. 


Pero, para ello, hemos de buscar ser verdaderamente libres. Hemos de luchar por acabar con las falsedades (aunque, a veces, se quiera aparentar que son verdad grandes mentiras). Por eso, es de justicia compartir la luz que vamos descubriendo cada día. Por eso, saberlo es entender que hemos nacido para darnos, para amar, para buscar la felicidad de quienes nos rodean.

No es ningún secreto que hay personas que exigen amor, favores, constante atención y acaban haciéndose molestas, hasta temidas, ¿por qué? Porque el amor ha de ser siempre entregado, no exigido (amor robado no es amor): no hay don en la obligación.


¿Quién se atreve a amar de verdad? Quien antes se sepa capaz de ello y, reitero, libremente opte por regalarse, por entregarse: el amar de verdad ha de ir acompañado de la libertad.