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lunes, 22 de agosto de 2016

CON ESPERANZADA CONFIANZA Y EN SOLIDARIDAD CON CUANTAS PERSONAS TRABAJAN POR UN MUNDO MEJOR

ES  LA  HISTORIA

DE  LA  FELICIDAD

La Historia de la Humanidad siempre la han marcado grandes figuras que están escritas en los libros. Junto a ellas otras tantas, miles, millones de personas no necesariamente poderosas o conocidas ni reconocidas…




Considerando que todo el recorrer de la humanidad ha sido, es y será, siempre, una constante búsqueda de la felicidad… ¡cuántas aportaciones de tantos seres humanos han hecho que cambie, una y otra vez, el curso de los acontecimientos, que han iluminado (y siguen haciéndolo) el camino de las siguientes generaciones, empujando el destino de poblaciones enteras hacia nuevos senderos…, que ya harán que todo sea diferente.




Así quedan marcados, para siempre personajes de la Historia, como: Abraham, Ramsés II, Sidarta Gautema (Buda), Conficio, Sócrates, Aristóletes, Platón, Alejandro Magno, Julio César, Cleopadra, Jesús de Nazaret, Hipatia de Alejandría, Mahoma, Carlo Magno, Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid), Francisco de Asís, Dante Alighieri, Johannes Gutemberg, Juana de Arco, Cristobal Colón, Leonardo Da Vinci, Ana Bolena, Teresa de Cepeda (de Ávila), Galileo Galilei, Isaac Newton, George Washinton, Napoleón Bonaparte, Simón Bolivar, Charles Darwin, Karl Marx, Concepción Arenal, Thomas Edisón, Sigmund Freud, Marie Sklodowska (María Curie), Mohandas Gandhi, Isadora Duncan, Albert Einstein, Alexander Fleming, Henry Ford, Teresa de Calcuta, Indira Gandhi, Evita Perón, etc., etc.



 







 
Todas, todos, de alguna manera… ¡fueron cambiando el curso de las cosas! Siempre aportando algo positivo a la aventura humana de mejorar, de alcanzar el genuino objetivo de ser felices.
 





Y bien: hay algo que debemos tener en cuenta y resaltar: Si miramos a un calendario, si nos fijamos en nuestras agendas… ¡nos encontramos que estamos en 2016.


 


Es una clara referencia al nacimiento de Jesús de Nazaret, (si bien, en la actualidad algunos historiadores prefieren hablar para, supuestamente, despojarla de connotaciones religiosas, de la "Era Común"), pero la referencia sigue siendo la misma, Jesucristo: un pobre hombre, carpintero, que murió en la cruz junto a unos malhechores. Nadie como él hizo cambiar (queramos o no reconocerlo, nos guste o no la evidencia) el curso de la historia. Y no sólo por el Mensaje que él aportó extraordinaria y sorprendentemente válido y abierto a todos los tiempos, sino por toda la obra que la Iglesia cristiana (siguiendo su ejemplo) ha hecho mucho para contribuir al mejoramiento de la humanidad en tantos ámbitos de la vida.

Siempre con un razonamiento bien fundamentado:
Por la revelación sabemos que Dios, desde siempre, desde su eternidad, quiso y quiere una humanidad feliz; que, para ello, creó al hombre y la mujer (a imagen y semejanza suya) para que fuesen núcleo de vida comunitaria, con capacidad de lograr una existencia armónica. Y, confiando en el ser humano, dejó el mundo hasta ahí creado, en sus (nuestras) manos.

En el momento cumbre de la Historia, Jesucristo vino proclamando, a todos, para todos, el Mensaje de paz, amor, justicia, fraternidad, alegría esperanzada. Y, confiando en su discipulado, dejó ese “Reino comenzado” en manos de una incipiente Comunidad de Iglesia (que, ahora, pueden ser nuestras manos).   
Pero es que, nos invitó a participar del gran cambio de la Historia, lanzándonos a todos a la mayor de las revoluciones… al plantear tal cambio de paradigma que hizo que todo se entienda de otro modo. Así, vino a decir que su Dios, el Dios de la Vida, no opta por la riqueza, sino por la pobreza; y no por la comodidad y el poderío, sino desde el servicio:  

Nadie, hasta entonces, había sabido y entendido que Dios es feliz siendo pobre, que al venir al mundo hace, libremente, una opción por la pobreza. Y, así, sin discursos, nos dice que es desde abajo desde dónde el Mundo puede cambiar a mejor.
Y también que el sufrir, el ser perseguido por causa del Reino… es el mejor camino para vivir siendo felices. Pero es que, sorprendentemente, se atrevió a decir que hay que saber perdonar y que, sobre todo, hay que amar siempre ¡a todo el mundo!

 
Desde que el mundo es mundo, y desde que la comunidad de seguidoras y seguidores de Cristo constituyen la Iglesia, han pasado muchas personas de buena voluntad, haciendo el bien por sistema. Unas reconocidas en el santoral; junto a otras, tantas, que acaso pasaron más desapercibidas pero que también hicieron mucho bien en su vida.

La Historia de la humanidad (que marcha pareja a la “historia de salvación” para el pueblo creyente) no es, ni más ni menos que la historia de la instauración de la felicidad en todo el orbe. Como deseo profundo de todo ser humano, como plan salvífico de Dios (desde una lectura más espiritual). Aunque no siempre se supo leer correctamente.

En esta búsqueda, este trabajo entregado (tantas veces muy generoso y desinteresado) han estado (siguen estando) muchas personas. De entre ellas, tenemos un hombre irrepetible como es el de Leónidas Eduardo Proaño Villalba, conocido como “el obispo de los indios”. Aunque no esté en los calendarios, este testigo fiel del Evangelio fue y sigue siendo alguien fundamental para la historia de la humanidad, sobre todo por quienes le conocieron personalmente o leyeron sus escritos. Y, por eso, sigue siendo, año tras año, recordado y venerado con alegría, en el Chimborazo, en el Ecuador, en toda la Comunidad latino-americana.

Desde aquí yo me uno solidariamente a ese pueblo que (con motivo del vigésimo octavo aniversario de su muerte) pone, en sus manos, toda la energía posible para aplaudir la obra de Monseñor Proaño y para seguir haciéndola realidad cada día.

 
Seguir trabajando por la Historia de la Felicidad es un camino abierto: comenzado pero aún es Utopía.

               

domingo, 14 de agosto de 2016

MÁS EVIDENCIAS...

    70

Leía yo, hace años, un cuento (creo que era ganador de un concurso sobre el tema del vestido) en el que la autora, una niña de edad escolar, reivindicaba la belleza del vestido genuino del ser humano, que es la propia piel, sea cual sea su color; pues no hay nada tan hermoso, ni tan bien hecho, como es el “envoltorio” que la Madre Naturaleza, guiada por el Creador, nos regaló al nacer.





No me acuerdo de mucho más del cuento, pero sí he pensado, muchas veces, en la verdad que encerraba la ésta idea central que lo orientaba; como tampoco recuerdo el nombre de la cría que lo escribió.





Acaso, en la actualidad, transcurridas algunas décadas, la aquella niña autora, es una señora gruesa que busca disimular sus “michelines” detrás de abundante ropa o, acaso, tal vez, ¿se esforzó, estos años, por mantener un cuerpo esbelto, primorosamente cuidado, como se hace cuando se tiene en propiedad un lindo vestido, diseñado por un prestigioso modisto de alta costura... y, aún puede lucir con orgullo y toda dignidad el “vestido natural” que envuelve su persona física desde el primer día de su vida?
 


Porque, en última instancia ¿de qué depende, tantas veces, que seamos más o menos púdicos en el vestir?, ¿qué es el pudor sino una manera de tapar, vergonzantemente, lo que nos parece poco hermoso, indigno de mostrarse?


Quizás por ello, en la actualidad, que tanto mujeres como hombres (a veces con excesivo “culto al cuerpo”) cuidan proactivamente su condición física (estéticamente hablando, pues no siempre es así en otros aspectos también necesarios para mantener una buena salud) dedicando bastante tiempo y energía a “estar en forma”. Y así, pues, toda esta gente, tenga menos vergüenza de “lucir palmito” tan generosamente.
 

Bien. Según hemos escuchado en las noticias, el bikini ha cumplido siete décadas de su existencia. ¡Han transcurrido setenta años desde que aparecieran los primeros bikinis!

Aunque en España sea una prenda que debió esperar un cambio político para que se asomara en nuestras playas… Alguna francesita quizás se atrevió antes, pero realmente las españolas son se lanzaron a usarlo hasta finales de los años 60.





Pero, al final, ¡llegó para quedarse!
Y, curiosamente, cada año que transcurre, parece que esa prenda es más reducida, más osada, diseñada cada vez con menos tela..., dando paso a que la genuina “ropa epidérmica” que cubre toda la extensión de nuestros cuerpos luzca en todo su esplendor!
 






 Y digo yo:

Aunque “el libro de los gustos” esté en blanco, pero nadie puede negar, y razonablemente tendrá siempre que aceptar… que lo bello es bello.


Pues, partiendo, además, de la base de que en este mundo estamos una gran mayoría (varones y quienes siempre hemos pensado que, en la lista de las mejores maravillas de la humanidad (…) ha faltado el cuerpo de la mujer.




Bien está que nos alegremos de poder ver ¡tanta belleza!

Y… a quien no le parezca bien, que no mire; pero que no fastidie al resto de la población. Pues, como decía mi abuela, «quienes más critican y se escandalizan son quienes normalmente más tendrían que callar».