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martes, 15 de noviembre de 2011

CADA PERSONA ES IMPORTANTE


EUGENIO  FEDRIANI  FUENTES



Historiador, escritor, Maestro Nacional, 
Profesor Mercantil y educador.




Eugenio Fedriani, nació en Chipiona el 15 de noviembre de 1913. Su padre, Eugenio Fedriani Garbarino, que era torrero en el faro de Chipiona, fue trasladado al de la Coruña en 1915; destino corto, pues fallecería poco más de tres años después (abril de 1919), en el faro de Corrubedo (Santa Eugenia de Ribera).




Su viuda, Dolores Fuentes Cuadros, regresa a Chipiona con su pequeño hijo, al cual matricula en las Escuelas Nuestra Señora de Regla, para hacer sus primeros estudios. Su primer maestro fué D. José Roig (que fué asesinado en 1936). En el curso 1920-21, pasa a ser discípulo del venerado Fray Baldomero González Castellanos, que influiría grandemente en su formación humana y religiosa. En diciembre de 1928, fallece también su madre.

Entonces, al quedar huérfano de padre y madre, su “maestro”, el fraile franciscano, haciendo de tutor, le ayuda a conseguir su emancipación y a estudiar Magisterio. En 1929, ingresa en la Escuela Normal de Magisterio de Cádiz, obteniendo el título de Maestro de Primera Enseñanza en 1932. Enseguida consigue su primer trabajo como Maestro en la Villa de El Bosque, siendo este un hecho muy importante en su vida, debido a la situación política que se vivía aquellos años y de los intentos de manipulación que tuvo que sufrir. Cuestión que contribuiría a afianzar sus planteamientos políticos y creencias religiosas.

Posteriormente ejercería su docencia en Ubrique. En 1935, llega a Jerez, para incorporarse al Colegio de la Plaza del Mercado. Meses después conoce a las hermanas Martín de Castro, de entre ellas elige a María como novia (es agosto de 1936): una mujer íntegra, "de las de verdad" (dice), que lo cautiva.

En 1937, a pasar de su miopía, es reclutado para el ejército y destinado al Regimiento de Artillería de Costa núm. 1, dónde trabaja como encargado de la biblioteca y da clases a los soldados analfabetos.  

Acabada la Guerra Civil, vuelve a ejercer como Maestro, en el Grupo Escolar Franco (San Telmo).

Sus inquietudes y deseos de mejorar profesionalmente, le llevan a finalizar el nuevo bachillerato del plan 1934 y a preparar, luego, las oposiciones al Magisterio Nacional. Lo consigue en 1941, tomando posición de su plaza en el Colegio Celestino Mutis de Cádiz.


Su confianza en estos resultados y algunas otras circunstancias positivas, le permiten contraer matrimonio con su novia María, de cuya unión nacerían siete hijos.

Contrae Matrimonio con María Martín de Castro en Jerez, el 22 de agosto de 1941 en la capilla del Sagrario de la Iglesia de San Miguel de Jerez. Allí establece su residencia, ya de por vida. Una relación de entrega amorosa y mutuo apoyo, de compañerismo, que duraría más de 53 años.

Ya establecido en Jerez, son varios los centros donde impartiría enseñanza, simultaneando su trabajo con los estudios de Filosofía y Letras, de idiomas (Francés, Italiano y Alemán), y de Comercio en la Escuela Profesional de Comercio; donde obtiene el título de Profesor Mercantil en 1955 y donde es asignado profesor ayudante de la misma. En 1965 es nombrado profesor encargado de la Cátedra de Historia y, en años posteriores,  las de Historia de la Cultura e Historia del Comercio.

Otros destinos en los que, así mismo, desempeñaría su función docente, educando a varias generaciones de jerezanos, serían: Instituto P. Luis Coloma de Jerez, Escuela de Viticultura y Enología, Colegio Carmen Benítez y Colegio Miguel de Cervantes.

Vocación a la docencia que continuaría después de jubilarse como Maestro Nacional, trabajando como profesor de francés, y de sociología en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Jerez.

Pronunció diversas conferencias, escribió cientos de artículos en periódicos y revistas locales y de tirada nacional, y dejó publicados varias obras literarias. Tales como: “La Inmaculada Concepción” (1954), “Jerezanos Insignes” (1968 y 1992), “Un siglo de Historia jerezana” (1969), “Cincuenta años al servicio de Jerez” (1971). Muere dejando iniciados algunos otros trabajos literarios, sin poder cumplir su intención de dejar publicada una historia de Chipiona.

En 1968, fue nombrado Académico de la Real de San Dionisio de Ciencias Artes y Letras, y pasa a ser miembro  del C.E. Históricos Jerezanos.
 



SU PENSAMIENTO.-

Desde muy niño queda huérfano de padres, pero nunca fue una persona resentida con la historia, sino alguien que vivió la vida con el puro sentimiento del agradecimiento. Tuvo la ventura de ser orientado por el que sería su maestro de por vida, fray Baldomero, que le ayuda a llegar a ser quien llega a ser: un inquieto maestro con aspiraciones, estudioso y profundo cristiano, comprometido con la causa noble de mejorar la vida de las personas que le rodean y, en lo posible, de toda la sociedad.

En su primer libro publicado “La Inmaculada Concepción”, ofrece (como indica en su prólogo Fray Víctor Añibarro, OFM) toda una explosión de amor mariano franciscano, exponente de un corazón noble y agradecido... de cuanto bebió en el regazo de la mariana Villa de Chipiona.

Sin miedo a errar, se puede decir de él que fue un hombre sincero consigo mismo y con los demás, cristiano cabal y responsable hombre de iglesia; honrado, justo y solidario.

Estudioso y siempre abierto a la aventura de leer y escuchar y aprender... nunca se conformó ni con menos ni con tanto, siempre aspiró a ser más. No en tener, sí en ser.

Demócrata de los pies a la cabeza, aún en medio de la dictadura. Él supo ser demócrata cuando nadie lo entendía; buscando la igualdad de género en el trabajo y en lo cotidiano: teniendo a su mujer como auténtica compañera y dando estudios a sus hijas e hijos por igual; a la vez que no admitiendo distinciones o favoritismos en lo laboral. Si bien, en la calle, siempre dejó la acera a una mujer, por humilde que fuera.

Curiosamente, por muy “cosa de hombres” que se considerara, nunca fumó; ni se pasaba las horas hablando de fútbol o bebiendo alcohol, por parecer más macho. 


Más le importó ser un buen cristiano, un buen ciudadano, un hombre íntrego entregado a sus ideales. Ideales culturales, sociales, preocupación por la familia, la defensa del medio ambiente, la cultura...


Con el apoyo de su Asociación de Propagandistas (ACdP) vivió su fe de seglar, cotidianamente comprometido. Aportando muchos "granos de arena" y hasta "ladrillos" en el mejoramiento y desarrollo de Jerez en diversas ocasiones: puesta en marcha del Colegio La Salle, del Club Nazaret, creación del C.E.S. (Centro de Estudios Superiores), etc.

Como dice Antonio Mariscal (en su libro “Jerezanos para la historia”) Eugenio Fedriani fue, ante todo, un honrado educador, servicial, generoso y amigo leal; pletórico de humanidad, de profundas convicciones religiosas y siempre enamorado de la cultura e historia de su ciudad de adopción.

Fallece, en Jerez, en la madrugada del 24 de mayo de 1995.



ALGUNAS FRASES SUYAS
QUE MERECEN SER RECORDADAS.-

“El sentido común es el menos común de los sentidos.”

“Lo que es de todos no es mío, pues es de todos.”

“Mala cosa suele ser la política que si, por ejemplo, la ponemos detrás de la palabra más sagrada que existe, la de madre, la convertimos en suegra”.

“Cuando menos se liebre, salta la piensa.”

“Piensa bien... ¡y acertarás!”

"Al efectuar visitas a las casas exportadoras, a los centros oficiales y a las entidades bancarias y de crédito, se patentiza el gran papel desempeñado por la Escuela Profesional de Comercio en el desarrollo económico y cultural de Jerez. Como muestra, damos datos de una industria jerezana: De los diez primeros puestos directivos, siete son desempeñados por profesores mercantiles; de otros setenta, de índole administrativa, 26 los sirven titulados mercantiles”.


Y como colofón, dejo aquí la preciosa la dedicación que hace a María, su mujer-compañera en la 2ª edición de “Jerezanos Insignes”:

En muchas ciudades de todo el mundo, puede verse un monumento que está dedicado “al soldado desconocido”. De las contiendas bélicas, habidas entre las naciones, se recuerdan, con lápidas y monumentos, a los estrategas, que destacaron por su técnica o su perspicacia. Pero, en algún momento, debió pensarse que aquellas hazañas o victorias, habían sido posibles merced al sacrificio del soldado de fila, de aquel cuyo nombre no habría de figurar en los bronces o en los mármoles. Y este vacío se pensaría llenar con los monumentos a que hemos hecho referencia.

La historia se suele ocupar de los grandes personajes. De los que gobernaron o destacaron en la milicia o en el foro. O de quienes manejaron hábilmente la pluma, el pincel o la gubia. También de los descubridores de tierras o de los que supieron aplicar las leyes naturales... pero suele olvidar a aquellos que, con su esfuerzo callado, hicieron posibles las brillantes realizaciones. En los grandes monumentos, se recordará al arquitecto que dirigió los trabajos; pero permanecerán en el olvido quienes tallaron las piedras y las ensamblaron hábilmente.

En las páginas que siguen, se recuerdan los nombres de muchos que destacaron en diferentes facetas de la vida jerezana: en el servicio a la Ciudad, en el comercio, en las artes, en las letras, en la ciencia... Pero hay otros nombres que no son reseñados. Algunos se habrán olvidado. Mas, queremos recordar, conjuntamente, a aquellos cuya acción silenciosa no fue valorada por los demás: a los que supieron mimar la cepa y el olivo; al tonelero, al arrumbador; al gerente de empresa y a quienes colaboraron con él; al sacerdote, que llevó a todos el consuelo en los últimos momentos... Todos ellos merecen nuestro respeto, nuestro afecto, nuestra gratitud.

Nos queda por citar lo más importante. Hay un ser, la madre, la artesana excelsa, a quienes ordinariamente no se nombra. La que hizo posible la dedicación del labrador, del técnico, del sanitario, del funcionario. La que, con amor sublime, en silencio, con cuidados de orfebre, fue esculpiendo el alma del hijo, que luego sería poeta, escultor, cirujano o santo. La que supo consolar al esposo en los momentos de desánimo. La que hizo de la casa material un amoroso remanso de paz.

Con este sencillo trabajo, que recuerda a muchos que laboraron por Jerez, queremos rendir un testimonio de admiración al “jerezano olvidado”, al que, con su sudor, roció el árbol y la espiga... y, especialmente, a la mujer jerezana, que, con su esfuerzo cotidiano, hizo posible en nuestra tierra, tan gran floración de hijos ilustres. Y, como dijimos en otra ocasión, “damos gracias al Señor, que se dignó derramar sobre los habitantes de este ubérrimo suelo tantas virtudes morales y cívicas” (Eugenio Fedriani Fuentes, 1992).




Fue un regalo. Para muchas personas, nos resultó algo muy importante haberlo conocido. Por ello, damos GRACIAS.


5 comentarios:

  1. Este señor se merece UN APLAUSO.

    Realmente debió ser una bendición para todos quienes lo conocísteis.

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  2. Ojalá hubiese en el mundo muchas más personas así.

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  3. Yo tambien me llamo fedriani y mi padre LUIS FEDRIANI EZNARRIGA tal ves me conozcais soy nieto tambien de luis fedriani y carmen y sobrino de Jose fedriani unos de los creadores de INATEC.

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    1. Sí, creo que coincidimos en Cádiz, hace unos años. Mis saludos cordiales.

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