Desde
la primera gota de luz
yo
me acerco a la orilla del mar
para
ver el amanecer…
Luego,
recorriendo la playa,
Buscaré,
anhelante, algo de comida
hasta
saciar el mi apetito.
Enseguida,
luego, ya con la luz
del
sol brillando sobre las azules aguas,
viendo
que llegan los niños más madrugadores,
siempre
alegres de poder gozar
de
la vida, del juego y del placer
que
les produce jugar con la arena
y
el agua danzarina de la orilla…
Después,
ansiando conocer
qué
es lo que pasa en el mundo,
recorreré
mil leguas
hasta
llegar a las costas ceutíes,
observando
todo lo que está sucediendo
en
las playas de Benítez o el Trampolín:
tremendo espectáculo difícil de calificar.
Con
lágrimas en mis ojos, seguiré volando
con
la intención de ver otras partes del mundo;
y,
casi sin saber por qué, mis alas me llevarán
a
presenciar guerras en Ucrania, el Líbano,
a
Afganistán, a Palestina, al Congo…,
dónde
vuelvo a ver tremendas imágenes
que
no parecen propias de una tierra
que
siempre creí que estaba habitada
por
seres racionales, más
que
cualquier pez o ave o animal
de
los que andan por la tierra…

Si
yo fuera gaviota…, convocaría
toda
una asamblea de aves marinas
y
volaría hasta lo más alto del cielo,
para
juntas invocar
al
Hacedor de todas las cosas para que mire,
una
vez más, para abajo
y
mande una luz bendita que ilumine
la
mente de los hombre y mujeres
que
habitan el planeta tierra
¡para
que, de una vez por todas,
se
conviertan en seres humanos
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