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lunes, 11 de mayo de 2015

COSAS... DEL TREN


 
COMPARTIENDO
VIVENCIAS…

 
La ventaja que tiene el viajar en tren es que, mientras avanzas en el trayecto que te lleva al destino, estás libre para hacer otras cosas: desde escuchar música hasta leer o escribir. Yo hago lo posible por conseguir un asiento con mesa y eso me da muchas posibilidades de aprovechar al máximo ese tiempo que dura el viaje.

 
Viajaba yo un día en tren, dirección a Jerez, como cada semana, para pasar el día con mi madre. Iba leyendo unos folios, tomaba notas al margen, tachaba algunas cosas… Frente a mí iba una chica sentada, con sus cascos en los oídos,  escuchando algo. En un momento que yo dejé mi tarea, ella se dirigió a mí diciéndome:  

- ¿Es usted escritor?

 
Entonces yo (más que ilusionado de que, acaso, aquella joven estudiante me estuviese reconociendo), viendo la oportunidad para entablar una conversación que diera un sabor diferente a mi viaje de todos los martes, le contesté:

- Sí, ¿por qué?, ¿acaso eres aficionada a la lectura y me reconoces, por haberme visto en alguna librería? (le contesté lanzándole mi doble pregunta que la empujaba a darme una respuesta).

- No, a mí no me gusta leer…

- ¿Y cómo así (la interrogué, de nuevo, señalando unos libros que llevaba?

- No (contestó presta) estos son libros de estudio.

- Ah, ¿y qué estudias?

- Estudio matemáticas, hago Ciencias Exactas.

- ¡Vaya!, eso no es para torpes.

- Bueno, me gustan…

- Y (seguí con mis preguntas, queriendo llevarla a una conversación más jugosa de la que yo aprender algo mientras podía darle a ella la oportunidad de llevarse también alguna enseñanza por mi parte), ¿cómo ocio no lees otras cosas?

- Pues no, ya le he dicho que no me gusta leer, sólo lo hago por obligación.

- Ya, te entiendo. Pero…, oye ¿y no será que no has encontrado ningún tema que te motive, hasta que te apasione…?

- ¿Cómo dice?

- Vamos a ver, por ejemplo, ¿no te gustan las historias de amor?

- Bueno, creo que sí…

- Verás, te invito a leer esta (yo, entonces, le saqué uno de mis libros, que llevaba en la cartera, y lo abrí por la página en que comenzaba un relato mío sobre una historia de enamorados).

Ella lo leyó entusiasmada. Al terminar exclamó:

- ¡Oh!, ¡qué bonito!

 
Había acertado, y ya más confiado, le dije:

- ¿Te ha gustado, verdad?

- Sí, mucho…

- Entonces, ¿te gusta leer o no?

- Bueno… ¡esto sí!, la verdad es que me ha gustado mucho… ¿Todo lo que escribes es así?

 
 
Me di cuenta de que empezaba a tutearme. “Esto va bien”, pensé para mis adentros.

 
Y le contesté, lógicamente:

- Bueno, trato otros temas… Pero, verás, te voy a decir una cosa: para vivir con alegría, para lograr cualquier cosa que pretendamos, necesitamos tener una motivación: saber para qué leemos (qué esperamos encontrar en esa lectura) o para qué estudiamos o hacemos lo que sea. Se trata de saber la razón por la cual dedicamos nuestro tiempo y esfuerzos a esa tarea a la que nos entregamos.

Por ejemplo, dime:

- Para qué estudias tú Matemáticas?

- Bueno, mi padre dice que sirvo para eso y como también me gusta…

- No, no es eso: ese puede ser el porqué, pero yo te estoy preguntado el para qué… ¿Qué es lo que esperas alcanzar, después de que termines tus estudios?

- No sé, eso ya se verá…

- No, no se verá, luego tendrás (le dije con una cierta ironía) que apuntarte al paro ¿o no?

- Pues sí, seguramente.

- ¡Concedido! (seguí con mi ironía).

- Vaya que me lo estás poniendo bien...

- Tú misma te lo pones así.

- ¿Cómo?, ¿qué es lo que yo…?

 
Se quedó dudando cómo terminar su frase, yo sin esperar a que dijera nada más, seguí:

- Si no sabes lo que quieres conseguir, nunca lo vas a lograr.
 

Me callé, ella también guardó silencio.
 

No duró mucho pero el silencio fue intenso. Ella me miraba, como esperando un poco de luz para salir de aquel callejón al que la había llevado, sin que nunca ella hubiese pensado que aquella mañana de invierno un desconocido se le iba a convertir en una especie de “cuestionamiento de vida”.

 
Y, mirándola a los ojos, rompí el silencio, diciéndole:

- Verás, te explicito:

Para llegar a un lugar, tienes que saber a dónde quieres ir, para dirigirte (por el camino adecuado, a la dirección correcta, meta de tu destino). Y para encontrar “tu sitio”, profesionalmente hablando, tienes que saber qué es lo que quieres, qué es lo que pretendes lograr; nada encontrarás si no lo buscas.

Y… así llegó el tren a Jerez. La chica seguía hasta el Puerto de Santa María.

- Bueno, pues ya sabes… determina lo que quieres, enfócate y ¡a por ello! Ha sido un placer conocerte.

- El placer fue mío, y gracias por su “clase”.

- Bueno, hasta que nos veamos otro día…

 
El martes de la semana siguiente, cuando yo bajaba por la escalera mecánica al andén para coger de nuevo el tren, coincidí con la chica que también lo hacía. Ella, al verme, se volvió y me dijo:

- Ya sé lo que quiero, lo que voy a hacer cuando termine mi carrera.

- ¿Cierto?

- Sí, me dedicaré a la enseñanza: prepararé oposiciones y cuando las gane, me dedicaré a dar clases de matemáticas.  Es lo que quiero.

- ¡Concedido! Así sí (le dije). Y aún añadí: Enhorabuena, serás una buena profesora de matemáticas, no te quepa la menor duda.

 
La chica se sentía feliz de haberlo visto claro, de haber podido decidirlo y compartir conmigo su alegría. Y, ciertamente, a mí también me aportó felicidad su “descubrimiento”.

 
  

(Experiencia publicada en mi libro “El futuro en mis manos”).


7 comentarios:

  1. Estupendo relato, sería bellamente útil que todo mundo tuviera la oportunidad de una charla así, con alguien o con su interior, a la hora de decidir, que rumbo tomar a la hora de estudiar una carrera y sobre todo a encontrar el amor a los libros.
    Un beso de anís.

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    1. Gracias, Sara. Sí, asó lo pienso y por eso mi libro, del que he tomado este relato, está lleno de historias con bastantes experiencias de personas que han logrado superarse.

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    2. Una muy buena historia, con moraleja de primerísima. Pues gracias por esta aportación...
      M.C.

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    1. Ciertamente las mujeres usan vestidos largos, vestidos de noche largos, ropa de mujer, túnicas largas, vestidos, chaquetas de las mujeres, accesorios de la joyería, colgantes, collares auténticos, falda larga, ropa interior del sexo, muñeca, anillos, ropa interior de lujo, joyas, pendientes de plata, túnicas largas ropa de lujo, camisas de las mujeres, minifaldas, chaquetas de las mujeres, accesorios de la joyería, colgantes, collares auténticos, faldas, túnicas largas, chalecos largos, anillos, ropa interior de lujo, etc. Y también usan la inteligencia y deben aprender a decidir sobre el propio destino de sus vidas. Así pienso yo. Mi cordial saludo.

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  3. Me gusta viajar en tren, es como una pequeña aventura que cada vez dura menos por culpa del ave, aunque yo siempre viajo en media distancia, no va tan deprisa y aún se puede admirar el paisaje, aparte de estudiar o leer un poco. Además... ¡Es mucho más barato! (Algo a tener en cuenta cuando los viajes se hacen a menudo)
    Buscaré ese libro tuyo "El futuro en mis manos" y reeleré esta historia y otras que seguro serán tan interesantes. Para este verano...
    Abrazos.

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    1. Gracias, Antonia. El jueves día 28 presento en libro en La Casa de Las Columnas (Triana). Un poco lejos, pero hay metro que deja en Plaza de Cuba... Un abrazo "en red", artista.

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