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martes, 2 de julio de 2013

5 POEMAS PARA EL VERANO


MAR DE OLAS

Una ola viene.
Otra ola cae.
Una ola sube.
Otra ola
se deshace.
Y otra olas más viene.
Y otra.
Y otra.
Y otra ola cae.
Y otra. Y otra más.
Y otras suben.
Y otras
como que revientan.
Así es el mar.

Una ola
busca a otra ola.
Y nunca hay
una ola sola...
porque ser ola
significa ser parte
de un mar de olas.
Encuentro de olas.
Búsqueda de olas.
Abrazos que aúnan,
uniones eternas.  

Volar entre azules,
saltar como el agua
que avanza a ser
infinito racimo de olas...
que siendo tan múltiple
es uno tan sólo.

Así yo quisiera vivir junto a ti,
mi alma gemela.

Que siendo distintos,
fuésemos siempre encuentro: 
unión tan completa
que nadie pudiera
decir que no somos
sino un mismo mar.


(En “Ácido desoxirribonucleico”)



EXCELSO DIOS DEL MAR
(ORACIÓN FRENTE AL MAR)

La playa
está tranquila. Es muy temprano.
Hace fresco. La brisa cala
la ropa… y su caricia
es como de manos muy frías.
He tenido que bajar
muchos escalones. El pinar
está allá; bastante alto.
El panorama es hermoso.
Merece la pena, Señor.
Se te nota vibrar en la placidez
del mar,
en el brillo del sol, que, despacio,
se eleva por encima
de lo más alto
de las rocas,
de los cactos, de los eucaliptos,
de los pinos…

El mar parece que habla.
¿Qué me quiere decir?
Me parece que, realmente,
repite: «Dios existe, existe, existe…
Dios es amor, es amor, Amor… Amor, Amor…
Dios es bondadoso, bondadoso, dadoso…
El es misericordioso, misericordioso…
Es justo, es justo, es justo…
Dios tiene todo el poder.
El merece la gloria.
El es el rey de la creación.
Es nuestro dueño.
Nosotros, mares del mundo,
Gozamos
Porque El nos ha creado;
porque nos ha hecho
según su voluntad
y nos ha dejado su grandeza.
Somos felices. Dios es maravilloso.
Todo es excelso en El.
Nosotros estamos alegres
de que nos hiciera. Y gozamos
dándole gracias y repitiendo su nombre
y publicando
su gloria y grandeza».

Sí, Dios mío. Tu mar
es grandioso.
¡Cuán Glorioso Tú que lo hiciste…!
Sin temor
hoy te prometo
que te buscaré más y más,
un poco más cada día,
hasta encontrarte dentro de mí.

 (Del libro de poemas “HORAS”)



TESÓN
Cruzando un mar, sin luz.
Soplando el viento,
ferozmente,
sobre mi vieja barca,
sobre mi cuerpo,
sobre mi rostro...

A oscuras, navegando
por este océano profundo
que es la vida
voy.
A lo lejos - muy tenuemente -,
se divisa el aleteo
de una luz.
No veo casi nada.
El viento cierra mis ojos.
La barca es duramente
zarandeada por las olas
y el vendaval.
La tempestad parece
imposible de aplacar.
La luna, apenas ilumina
en medio de la oscura
y lúgubre noche.

Es difícil navegar.
Pero me resisto al huracán,
a la tormenta
y a la oscuridad.
Prosigo.
Continúo hacia adelante.

No veo, apenas, dónde está
el puerto de destino,
pero sigo avanzando;
guiándome por mí mismo,
conduciéndome
por mi innato impulso.
Yo continúo.
Cada vez, a cada golpe de ola,
me siento más perdido.
Pero sigo avanzando.
Llegará un momento
en que, acaso, ya no sepa
si avanzo o retrocedo
en mi violento navegar.

¿Qué será de mí
si no llega la luz?
¿Qué será de mi barca
si no cesan ya el viento
y la tempestad?

Es difícil cruzar el océano.
Sin luz, con un rudo viento
que ataca de frente,
haciéndome cara,
empujándome hacia atrás;
impidiéndome avanzar
con más rapidez
o menos esfuerzo.
Más fácil sería regresar.
Volver al atrás.
Hasta el puerto que
fue mi latitud de origen.


Mi travesía no es fácil.
Pero yo he de llegar.
Y aunque sea sin luz,
y en contra del huracán.
Yo habré de llegar al final.

Yo voy a navegar entre olas
y espuma,
entre vientos y nubes;
y aunque sea a costa
de muchos esfuerzos...,
un día llegaré
hasta el puerto añorado
que es mi destino.


                                 (De “Océano  íntimo”)


VEN,  VAMOS

Ven.
Desnúdate
y ven:
el mar
nos espera...,
el sol
nos espera...,
el agua
y la espuma,
la arena
y la brisa.
Ven
conmigo,
desnuda,
a
la
playa.

Nos esperan
todo
lo
natural:
sol,
aire,
agua,
arena...
¡Son
todos
los elementos!
Todo
y tú
y yo.
¡Somos
la creación
entera!

Ven...
¡Vamos!
Faltamos
en esta obra
grande
del Dios-creador.
Desnúdate
ya...
¡Y
vente
conmigo
al mar!

(En “El Hemisferio Olvidado”)



LA AVENTURA DE IR A LA PLAYA

Ir a playa
es siempre una aventura
y siempre es positiva;
aunque sea largo el camino
o nos entre arena en los zapatos.

Porque es abrirse al sol
y al contacto real
con el aire, el agua
y la brisa del mar.

Y también es, desde luego,
aceptar ser
lo que se es:
aprehender a amar
el propio cuerpo
y hasta reconocer
que hay belleza
en cuanto no está acorde
con los cánones ya clásicos
de la estética o el arte.

Mirando al mar, enseguida
vemos que, sorprendentemente,
no hay dos olas iguales;
ni tampoco, siquiera,
el rítmico movimiento de las olas
llega, nunca, a ser rutina,
ni el mecánico sonido
de unos golpes provocados.

Es, quizás, como el latido,
ritmo vital de un corazón;
nunca la respuesta tecnocrática
a una programada fórmula matemática
que alguien pensó
e impuso sin más.

Mirando al nuestro propio
y a los otros cuerpos,
es hermoso descubrir
que lo más hermoso está
en lo plural
de todo lo que es tan natural.

¡Tanto coleto diferente!
en todo, y todos hermosos:
senos exuberantes y carnosos,
pechos pequeños, tetas diminutas;
unos vientres planos y otros obesos;
sexos peludos o pubis depilados
que hacen imaginar
locas pasiones no frenadas,
entregas totales para carnal placer
y también tiernos deseos amorosos
y afectos delicadamente íntimos,
regalados sin más prisa
que ser grata complacencia...

Hermosos miembros viriles
que le elevan la autoestima
a quienes los portan
y penes pequeños que hacen dudar
de su eficacia.
Variedad plural, así mismo,
en las espaldas y las nalgas:
hombros robustos
que inspiran segura fortaleza
y también redondos y suaves
que trasladan mi mente
a un baño de sensual masaje
o a un sutil abrazo
acompañando el ritmo armónico
de una dulce melodía...

E igualmente bellos aparecen

esos culos hermosos
que evocan las costas del Caribe
o aquellos otros que se notan
trabajados, labrados hasta domados
de educación física y deporte.

La playa...
¡qué conjunto tan completo
de placeres
en relación con todos
los que son nuestros sentidos
despiertos a colores, olores,
sabores, caricias, rumores y sonidos.

Es tremenda la ofrenda
que nos hace, cada vez
que elegimos vivir una jornada
o, acaso, dedicar un rato...
para, descalzando nuestros pies
y quitándonos el ropaje
de andar por las urbanas calles
que nos llevan a los tantos
quehaceres cotidianos,
meternos en ese espacio único
de arena y sol,
de agua y brisa...
que es ¡la playa!


          (En “Ácido desoxirribonucleico”)