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martes, 15 de abril de 2014

LA DIVERTIDA SEMANA



¿SEMANA SANTA?

No sé hasta qué punto está bien llamada “Semana Santa” a estos días de manifestaciones profano-religioso-folklóricas en las que mucha gente ve un motivo para pasárselo bien y, en algunos casos, hasta para ganar dinero.

Más que santa, divertida…

 
Manifestaciones de “religiosidad” en las que, por cierto, se pidió desde las jerarquías eclesiásticas, hace décadas ya, un cierto respeto; como para otras tantas “piedades populares”.

Tras los años, todos podemos observar cómo el respeto se transformó en fomento y ya hay tanto de estas prácticas que no es suficiente la semana de 7 días para ser procesionada…
 

Pero todo ello sin fondo: las escenas de la pasión y muerte de Jesucristo van acompañadas, además de tambores y trompetas, de cirios y costosos adornos de plata y de oro, pero el "mensaje catequético" queda tan oculto que... es casi imposible verlo.


Más que una profesión de fe, es una profesión-procesión de ateísmo, pues todo este derroche de gastos sin medida en lujos superfluos, no es sino una afrenta al Mensaje manifiesto en los Evangelios: “Bienaventurados los pobres, pues de ellos es el Reino de los Cielos”.


Quizás (si hubiésemos quienes nos parásemos a observar estas imágenes como lo son: expresiones de dolor, de sufrimiento y hasta de desesperación) podrían servirnos de “despertador” para levantarnos frente a los poderes establecidos que siguen haciendo sufrir, injustamente, a más de media humanidad y desencadenar lo que pudiera ser todo un movimiento de solidaridad para las tantas víctimas que siguen, hoy como ayer, siendo crucificadas a lo largo y ancho de este  nuestro mundo que (un poco entre todos) hemos llevado a estar tan herido y desgarrado.
 

Pero si lo que buscarnos es olvidar nuestras irresponsabilidades, frente a este monstruo que hemos construido y aprovechamos para mirar hacia otro lado…

Si queremos aprovechar esta época del año, en la que la gente tiene ganas de pasárselo bien ¿no sería mejor establecer una “semana del turismo” o “del descanso y la diversión”?

Porque esta “semana” no es (no debiera ser, por lo menos para que, quienes se consideran seguidores de Cristo) para que pasemos de ver la realidad a mirar sólo “los pasos” que ofrecen espléndidas imágenes llenas de arte y colorido, para ser disfrutadas por todos, creyentes y ateos, de igual modo. Verdaderos lujosos tronos, llevados por hombres que (en muchos casos, sin querer generalizar) se las dan de machitos y se sienten orgullosos de “cargar” con esa Virgen (aunque ni creen en la virginidad de María ni han leído nunca su “Magníficat”) o con un Cristo (que tal vez tampoco reconocen como Jesús, su redentor, el Hijo de Dios hecho hombre) que, al final, lo que les motiva es acabar con su “estación” para meterse de pechos a espalda su “merecido” whisky; con lo cual difícilmente caerán en la tentación de aprehender a amar al prójimo “como Dios manda” hacer cada día, de por vida, estando o no en semana santa…  
 

Y en este conglomerado de manifestaciones al estilo “cristiandad” (tan propias del “nacional catolicismo” que, supuestamente, acabó con la muerte del dictador) que siguen estando vigentes en nuestras calles, ¿qué diferencia vemos entre seguidores de Jesús de Nazaret y agnósticos e incrédulos?

Yo no lo noto, ni en el modo de vestir ni el de aprovechar la calle para pasárselo lo mejor posible…
 

Tampoco en la mella que pueda llegar a hacer en nuestras vidas la reflexión profunda, durante estos días, para (después de estos días) ser más consecuentes con lo que decimos creer. Ciertamente es más difícil y hay que tener más coraje para seguir el Mensaje de Jesús que estas hermosas figuras de madera y barro que, pasean, delante nuestra…, sin ni siquiera pensar, acaso, que se trata de la representación de el hombre que amó hasta el extremo a todo el género humano y, por ello, no le importó dar, en entrega cabal, su vida en una cruz. 

Lo fácil es llevar una medalla en el pecho o la solapa, escuchar una música que nos traslada a aquellos años de infancia y juventud, o emocionarnos por las tantas expresiones de belleza artística que se luce en la calle…, mientras estamos pensando ¿en qué?
Aún recuerdo las conversaciones que, hace unos años, tuve con aquel funcionario que disfrutaba sólo con pensar que se acercaba la Semana Santa (¡ya huele!) pues, en estos días tendré la oportunidad de “achuchar” (hasta ponerle “un rabo”) a algunas mujeres del prójimo, incluidas y sobre todo a las extranjeras (que vienen a experimentarlo todo) en esos empujones inevitables en ciertos “momentos claves” de los trayectos de las distintas hermandades de Semana Santa (que para eso ya está más que pensado y mil veces fotocopiado el “itinerario erótico de la Semana Santa”).
 
                                    
    
¿Semana Santa?, ¿por qué llamar santa a una gran juerga, que cuenta con influyentes mecenas con títulos nobiliarios y está muy bien montada por gentes con pocos escrúpulos que negocian buscando unos rendimientos económicos (con la cera y con las sillas y con todo lo pueda producir dinero fácil) a base de remover sensuales sensaciones para la ¡tanta gente! que deja “aparcada” la razón, por al menos siete días, o de turistas que nos miran (a lo largo de toda la semana) absortos, sin comprender, acaso, qué es lo que pasa, cada año, en esta dignamente llamada “tierra de María Santísima”.
 


Para mí sólo es una demostración más de lo que todo el mundo puede ver estos días, en muchas ciudades y pueblos de nuestra geografía: la gente quiere pasárselo bien y le da igual el motivo (que lo mismo son los carnavales que la “semana santa”), pues si Jesús murió por nuestros pecados, pregunto irónicamente: ¿por qué no pecar un poco más… aunque sea en estos días en que conmemoramos su entrega total, su cruenta pasión e injusta muerte? 

 

Y, en última instancia: si todo el mundo se divierte… ¿para qué tomarnos en serio la Semana Santa?

O...